Como sopladores de vidrio nos vamos dando forma

Nómadas

En algunos destinos turísticos, como atracción, permiten ver en directo el trabajo de los sopladores de vidrio. Es una de las más famosas técnicas de artesanía en vidrio. El ambiente es cálido debido a los hornos, generalmente en forma de cúpula, que calientan la pasta para fundir. Una vez que el vidrio ha alcanzado su punto de fusión, en uno de los extremos de un tubo metálico largo, el operario recoge la porción necesaria para la fabricación de la pieza deseada. A la pasta vítrea se le da inicialmente una forma cilíndrica. El artesano sopla a través del tubo, también llamado caña, y genera dentro del vidrio burbujas. De esta forma puede ir dándole forma debido a la maleabilidad producida por el calor del horno.

Metafóricamente podemos imaginarnos que cada uno de nosotros somos como esa bola cilíndrica que el artesano recoge del horno. La pasta vítrea es la misma para todos, todos los seres humanos estamos hechos de la misma “pasta”, pero la forma que se moldea a través de ella es distinta. Siempre distinta. Ninguna pieza es exactamente igual, todas tiene sus peculiaridades. Es una de las muchas virtudes que tiene el trabajo artesanal, lleva más tiempo, pero el resultado es único.

Cada uno de nosotros somos nuestros propios artesanos. La exquisita tarea que tenemos en nuestra vida es ir haciéndonos a nosotros mismos. Con profesionalidad, mano a mano, vuelta a vuelta, gesto a gesto, soplo a soplo, siempre centrados en la tarea.

Uno de los instrumentos fundamentales que facilitan el dar forma al vidrio es la caña larga, entre un metro y metro cuarenta y cinco de longitud. Este largo tubo permite introducir dentro se la pieza burbujas de aire. Como en nuestra vida, siempre el aire. El aire nos permite mantenernos en vida, con él iniciamos nuestra vida y en él nos mantenemos hasta nuestro último aliento. En la tarea de darnos forma a nosotros mismos debemos poner todo el aire, toda la energía, toda la vitalidad para producir unos buenos resultados. Si no ponemos en la tarea “alma, vida y corazón” la obra de arte no nos dejará satisfechos, ya que no hemos dado, no nos hemos dado, todo lo que podíamos. Aire, viento, vida, espíritu, aliento, soplo, ruah, pneuma… armonía. Toda la energía interior al servicio de la gran obra artesanal: nosotros mismos.

Una de las tareas iniciales esenciales es el trabajo intelectual, es decir, dar respuesta a esta pregunta: ¿Qué queremos hacer? No sirve la improvisación, aunque una vez puestos en la tarea, vayamos adaptándonos a las circunstancias. Inicialmente debemos diseñar nuestro plan de trabajo. Siguiendo con nuestro ejemplo, qué pieza queremos hacer, qué características deseamos que tenga. Hay piezas más sencillas y otras más complejas. Cada una requiere su tiempo y dedicación. ¿Qué te planteas para tu vida? ¿Cómo te sueñas a ti mismo/a? Hay piezas de vidrio ordinarias, simples, sencillas; sin duda bellas y otras llenas de colores y formas extraordinarias.

Mientras estamos en nuestra labor, es importante generar a nuestro alrededor un ambiente cálido para hornearnos. Este ambiente se genera a través de buenas relaciones, de encuentros cuidados, calurosos y amables. En el imaginario colectivo están esos encuentros alrededor de la lumbre donde se compartían experiencias, anécdotas, historias, en definitiva, la vida. Nuestro mundo emocional, intelectual y social se va gestando y evolucionando alrededor del calor del hogar, del ardor de las relaciones. Con el calor todo se hace más maleable, se puede dar forma con más facilidad. El frío y la rigidez favorecen la fractura.

Somos como sopladores de vidrio en la interesante e ineludible labor de moldearnos a nosotros mismos.

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