¿Te acompaño a salir del armario?

Que la realidad es cada vez más diversa y nueva, es un hecho; que las cosas han cambiado mucho en los últimos tiempos, es una percepción eterna; que las vivencias de nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) no siempre tienen una explicación o una respuesta o una interpretación, es una intuición.

Nuestra conciencia de la realidad es ahora más amplia. Hay nuevas realidades (o no tan nuevas) y, sobre todo, nuevas comprensiones de la realidad. Y esto debería llevarnos a encontrar nuevas respuestas para las preguntas que, hoy, se nos plantean.

Hablamos mucho de la biodiversidad, incuestionable, y del cuidado de la misma. No sé si hablamos tanto de la humanodiversidad, incuestionable también, y del cuidado de la misma. Este tema urge.

Judith Butter nos dice: “No es cuestión de cerrar los ojos a la apariencia de una persona, sino preguntarse por qué se me ciegan los ojos y no soy capaz de reconocer la dignidad y capacidad de esa persona”.

A diario, me encuentro con adolescentes con mil preguntas y vivencias calladas, no expresadas. Por lo general, como todo lo que uno no expresa, se suele alimentar de fantasmas y miedos y esto suele derivar en dolor. Así, a diario, me encuentro con adolescentes que callan y sufren. También encuentro a padres que, una vez han hablado los hijos, los que callan y sufren son ellos.

Hablo de adolescentes que no se sienten incluidos en el inventario de lo que existe y en su clasificación deficiente: binario, heterosexual. Hablo de jóvenes que sienten algo que no saben explicar, intuyen cosas que no saben dónde colocar, descubren aspectos con más sombras que luces… Y todo eso, no sucede en el afuera, sucede en el adentro y es parte de su persona, de su ser. Y sienten que no es algo que pasa, sino algo que les traspasa. Y no saben muy bien por qué, pero callan, porque algo les dice que “no está bien” o que no va a gustar o que no es lo “normal” o que… Y les suena a cosas feas, eso que define su ser. Y no saben cómo expresarlo ni cómo decirlo, no saben qué palabras usar para definir algo que descubren, poco a poco, no de golpe, pero que descubren, en soledad.

Y ahí estamos los adultos, queriendo catalogar para incluir en el inventario, que ya hemos definido como deficiente. Queremos definir y delimitar, poner nombre y explicar. Queremos, muchas veces, en el mejor de los casos, aceptar resignadamente, en el peor, negar.

Suele ser un tema que apoyamos, más o menos, socialmente, pero que vivimos de lejos, a distancia. La diversidad sexual, de la que todos formamos parte, es una hecho, como lo ha sido a lo largo de la historia, sin embargo, ahora es más visible y más relevante. Y sigue siendo, como a lo largo de la historia, un tema difícil, poliédrico y con muchas aristas.

A los educadores, padres y profesionales, se nos pide, estar, solo estar. ¡Ahí es nada!

Personalmente he aprendido mucho en este camino e intuyo que es mucho más lo que me queda por aprender. Aprendí:

  • A acompañar personas y procesos, no identidades de género u orientaciones sexuales.
  • A escuchar y descubrir en la escucha, sin dar respuesta ni querer tenerlas.
  • A acoger cómo eres y cómo vienes, a acoger cómo estás en este momento.
  • A consolar dolor y soledad. A veces, dolores y soledades alojados en unas oquedades inmensas.
  • A descubrir que todo lo creado es sagrado y como terreno sagrado entro en el otro hasta donde él quiere y puede mostrar.
  • A reconocer y visibilizar que eres valioso y tienes que sentirte así, único y valioso.
  • A cuidar personas y a cuidar humanodiversidades.
  • A elegir a la persona cuando he de hacerlo entre ella y mis principios, muchas veces erróneos y caducos.
  • A saberme y experimentarme débil y vulnerable y desde ahí entender mejor la debilidad y vulnerabilidad del otro.
  • A ir contigo si quieres salir del armario, si quieres quedarte dentro de él o si, aún, no tienes claro lo que quieres.

Aprendí a estar, sin decir mucho, pero amando más que nunca. Sé menos cosas que las que supusieron una certeza para mi hace tiempo, pero las que sé me ayudan a acompañarte mejor, ¿dónde quieres que vayamos?

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