Cristiano impaciente

José Jiménez Lozano fue un “periodista heterodoxo, escritor de la conciencia”. En su larga serie de creaciones literarias, la historia camufla ensayos sobre los mas diversos asuntos de historia religiosa.

En El Norte de Castilla, José Jiménez Lozano comienza las colaboraciones periodísticas en 1956 que cubrirán toda su vida profesional. Fue su director desde 1992 hasta la jubilación y continúa colaborando hasta 2005. Se despide preguntándose: “Saber, ¿para qué?”. Su entradilla es clara: “La enseñanza es un quehacer humano asombroso y siempre fue admirado, pero las doctrinas totalitarias decidieron que no debía haber prestigios y autoridades, sino las del sátrapa político. Todo lo demás había que arruinarlo, y liquidado está, desde luego, el viejo prestigio del maestro”. Como profesores y ciudadanos, podríamos contextualizar esta afirmación y empeñarnos en invalidarla.

Destino (1964-1980) fue un semanario catalán donde publicará una serie de artículos con el título “Cartas de un cristiano impaciente”. En junio de 1975, la sección en la que colabora se denomina “Hombre y época”. En junio de 1978, sus artículos volverán a tener un título propio: “Rojo y negro”. De cada una de las tres etapas, la web oficial del escritor y periodista destaca los siguientes títulos: “Un concordato expiatorio”, “De nuevo el imprimátur” y “El devoto y femíneo sexo”. Su impaciencia aflora en su ensayo Meditación española sobre la libertad religiosa (1966). En 1978, con renovada edición en 2008, Los cementerios civiles y la heterodoxia española será su ensayo mas comprometido, cuya vigencia justifica una relectura. Tendría que estar presente en la búsqueda de soluciones para situaciones como la de Cuelgamuros.

Colabora en El País desde el nacimiento del diario en 1976 hasta agosto de 1986. Lo hace en diferentes secciones, durante el primer decenio fundamentalmente desde “La tribuna”. La web oficial reproduce todos los títulos de sus colaboraciones en el diario. Clicando se pueden ver la primera y la última de la serie; también se pueden leer las ciento sesenta y tres colaboraciones desde la web del periódico. Su valor documental sobre la transición religiosa, política y social durante ese decenio lo convierte en una fuente imprescindible, tanto para la historia religiosa como para la formación personal de ciudadanos y creyentes. Eso sí, que estén interesados en el bien común, como guía de la presencia en la vida pública, en nuestro caso en la escuela.

En su última tercera, de las doscientos diez que firmó en ABC de 1993 a 2006, titulada “La piedra contra la cristalera”, dice: “En realidad, hemos sido alimentados durante mucho tiempo […] por toda una cultura lúdica que ha jugado con la destrucción de la belleza, y ha hecho irrisión del amor gratuito, o subvertido lo real y el mundo entero”. En la primera, sobre “El orden nuevo”, contrapone la teoría en boga sobre el fin de la historia, con una vibrante afirmación de su presencia “con sus incendiarios ojos de codicia o venganza, conformando nuestro mundo y la más pequeña parte de él como nunca”. Niega el fin de la historia afirmando que “suele presentarse: como la policía, o un señor inquisidor, que tanto da”. Hoy podríamos decir lo mismo en nuestro país.

Mudanza hasta el vacío

En el Centro Virtual Cervantes, Jiménez Lozano colabora como firma invitada en la sección “Rinconete” entre 1998 y 2003, publicando ochenta y seis artículos y una conferencia. En el primero, titulado “Cartesianismo puro”, afirma la europeidad de España y “nuestra condición de país oriental, con sus judíos y sus islámicos”. Enlaza de nuevo con su condición de discípulo y continuador de Américo Castro. Por último, en La Razón, publica a partir de 2006 con una periodicidad quincenal, llegando en 2012 a la colaboración ciento veintiocho. La primera, titulada “El Belén y sus trastiendas”, se presenta con cierto desencanto: “Ya hace tiempo que las nuevas iglesias parecen naves industriales o salones para asambleas populares o para tomar el té”. Pero relaciona “el intento de liquidar el mero recuerdo cultural de la Navidad” con que “en los paisajes invernales y los solsticios de invierno ya no ocurre nada, y hasta los niños deben estar al tanto de toda esta mudanza hasta el vacío”. Toda una advertencia para este mes pandémico.

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