Ejemplaridad pública y visibilidad

Frente a la corrupción y a la crisis de credibilidad de las instituciones, el valor de la ejemplaridad es muy deseado. A pesar de ello, raramente se reflexiona sobre el significado de esta palabra y sus consecuencias.

Ser ejemplar no significa ser perfecto, puesto que, en tal caso, ningún ser humano podría considerarse ejemplar. Una persona es ejemplar por su empeño, su entrega, su dedicación a una causa noble, pero ello en ningún caso está reñido con la conciencia de los límites. De hecho, la humildad es la condición de posibilidad de la ejemplaridad. La persona que aspira a vivir de un modo ejemplar se vigila constantemente y está muy atenta la coherencia que existe entre su modo de obrar y su modo de pensar. Nadie puede decir de sí mismo que es ejemplar. La ejemplaridad siempre se reconoce exteriormente, desde la mirada ajena.

La palabra “ejemplar” también es muy rica en significados. Según el diccionario, tiene siete acepciones. Primero, el modo de obrar y de ser de alguien, que se considera objeto de imitación. Segundo, tomar ejemplo, que significa observar lo que alguien hace para imitarlo. Tercero, lo que le ocurre a alguien, de tal modo que pueda servir de lección. Cuarto, se refiere a la persona a quien eso le ocurre. El quinto significado evoca un caso acaecido en otro tiempo, que es considerado como objeto de comparación y que puede convertirse en objeto de comparación. El sexto es un hecho que se cita como apoyo de una aserción. El séptimo significado es el de un pasaje de un autor o enunciado que se cita como apoyo o ilustración de una regla gramatical o filológica.

Dentro de esos significados, los más relevantes, desde un punto de vista ético, son el primero y el segundo. Ser ejemplo para alguien es ser un referente, alguien que se convierta en modelo para imitar por su modo honesto de comportarse. Quienes ostentan responsabilidades del tipo que sea son minuciosamente observados y se espera de ellos que actúen con fidelidad a las leyes y que tengan comportamientos éticos. Eso presupone una idea de bondad o de excelencia moral que se concreta en determinadas figuras de cuerpo social.

Existen referentes que no son visibles, porque no aparecen en los medios de comunicación.  Sin embargo, son personas que son imitadas, respetadas y seguidas por otras personas. Existen referentes que tienen, gracias a los medios de comunicación, un campo de influencia inmenso,  planetario incluso, pero existen otros que tienen un campo de resonancia mucho menor, pero nada irrelevante para las personas próximas que les siguen y les tienen como ejemplos de vida. Un monitor, un catequista, un maestro o un profesor pueden convertirse en referentes para una pequeña comunidad de niños, adolescentes y jóvenes, a pesar de que esa persona sea anónima y desconocida por el conjunto de la sociedad.

Los referentes son personas

Ser ejemplo para los otros no es fácil. Todo ser humano es frágil y vulnerable y, por tanto, también los referentes pueden sucumbir al error y cometer fallos e incoherencias en su forma de vivir. A menudo, se espera que el referente sea un ídolo, una especie de figura incólume a la caída, al mal, un ser infalible. Es un error. Los referentes también se equivocan, fracasan y caen. Se exige a los referentes públicos que sean coherentes, justos, honestos y prudentes, pero esta exigencia no siempre se plantea con la misma intensidad a título personal. Esta hipocresía es un grave error, pero está muy presente en la sociedad.

Es un error confundir a un referente con un ser perfecto. Los referentes, aún en el caso de serlo para un gran nombre de personas, son seres de carne y hueso y, por tanto, la caída, el error y la contradicción forman parte de las posibilidades
de su vida. Aspirar a ser un ejemplo para los otros constituye un horizonte difícil de vivir, porque exige coherencia, humildad, justicia, prudencia, pero solamente podemos exigir a los otros que sean ejemplares en la vida pública, si cada uno, cada ciudadano, a pequeña escala, se compromete activamente en la búsqueda de la excelencia.

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