Entrevista con Santiago Agüero, tercer premio al mejor docente de España 2020

“La escuela necesita motivación, innovación, apoyo de los gobernantes y de la sociedad”

Vamos a charlar con Santiago Agüero Muñoz, profesor de Religión Católica en el instituto Salvador Távora, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación y Estudios Teológicos, máster en Cultura de Paz y Convivencia Social y asesor consultivo de la ONU en el tema de la mujer y la juventud, entre otros cargos. El veintisiete de febrero, recibió el tercer premio de Educa Abanca Mejor Docente de España 2020 y es también candidato al Premio Global Teacher Award 2020. Desde Religión y Escuela, queremos conocer un poco mejor a este profesor y le abrimos estas páginas para que, en posteriores colaboraciones, comparta algunos de sus proyectos.

Algunas circunstancias biográficas, Santiago, que nos ayuden a componernos una imagen de ti.
Encantado de compartir con todos este ratito. Yo nací en Talavera de la Reina (Toledo), en el seno de una familia humilde. Soy el cuarto de cinco hermanos. Con once años, le dije a mis padres que quería ser sacerdote (aún no sé dónde estuvo el origen de tal “llamada vocacional”). Entré en el seminario de los agustinos recoletos en San Sebastián y, luego, en Salamanca, Granada, Madrid y Burgos, donde cursé Teología e hice mis votos. Estuve en el seminario doce años. Una etapa de formación y vivencias que ha marcado mi vida (puedo afirmar que muy positivamente). Me gusta mucho vivir en comunidad, compartir con los demás, escuchar a los mayores y aprender de los jóvenes. Desde mi adolescencia y mi juventud, mi intención era formarme y desarrollar una pastoral educativa y social. Cuando abandoné la vida religiosa, tuve la suerte de conocer a una persona con la que comenzar un proyecto de vida en común, Trini, mi esposa. Hemos ido aprendiendo juntos, creciendo, creando proyectos educativos y sociales y, lo más importante, formando una familia. Ya hemos celebrado nuestras bodas de plata de matrimonio, con la suerte de tener dos hijos: Miriam y David.

Del monasterio al aula.
La verdad es que no fue tan rápido el paso del monasterio al aula. Ten en cuenta que yo no conocía nada más que la vida monacal y no conocía la otra realidad del mundo. Cuando salí del convento, estaba perdidísimo, porque te encuentras con muchas dudas y miedos. Como cualquier cambio en nuestras vidas, exige un tiempo de conocimiento de uno mismo, de crecimiento y de adaptación. Era una vuelta a casa, de donde salí doce años atrás y solo iba de vacaciones. Lo que sí tuve y tengo claro en todo momento es que el Señor irá dirigiendo mi vida hacia lo mejor, aunque en el momento no lo vea. Eran unos años donde el servicio militar se realizaba obligatoriamente y esperé mi destino. Me tocó en Sevilla, con tanta suerte que es donde vivía mi novia (Trini).

Tras el servicio militar, presenté mi expediente para profesor de Religión Católica y comencé con una sustitución en Écija (en la extensión del instituto San Fulgencio), y conseguí plaza como profesor de dicha asignatura. Fueron tres años maravillosos, donde me encontré a mí mismo, así como mi vocación y compromiso por los jóvenes; aprendí a ser profesor e ir mejorando día a día; descubrí rápido el cariño de las personas con solo donarte. Toda una vivencia que ha marcado también mi vida personal y laboral. Y hace veintiocho años aterricé en Sevilla, por los institutos Luis Cernuda y La Paz (actualmente, fusionados bajo el nombre de Salvador Távora). Es un centro de difícil desempeño que requiere otra forma de educar y formar al alumnado, pero en el que no falla algo común para los adolescentes y jóvenes: el amor y el compromiso por ellos. Del centro y sus vivencias os hablo luego.

Trini es una piedra angular de tu trabajo, la familia parece estar en el núcleo de La Escuela Cultura de Paz. ¿Qué supone para ti el trabajo en torno a la familia?
Sin duda, el pilar de mi vida es la unión con Trini, fundamentada en la entrega y en el amor. Trini ha sabido sacar lo mejor de mí y sigue haciéndolo. Yo intento no quedarme atrás tampoco. Junto con Trini, la familia. Creamos nuestra propia familia, en la que hemos tenido vicisitudes (como todos), pero en la que hemos priorizado el amor, encontrar cada uno su sitio donde aportar y que no hubiera nada que se interpusiera entre nosotros. A nuestros hijos los hemos hecho partícipes de nuestros proyectos y actividades. Eso les ha permitido crecer en un clima de solidaridad y entrega con aquellos que más lo necesitan. Pero, sin duda, mi familia es mi fortaleza y Trini nuestra coach y luz.

¿Cuál es, para ti, Santiago, el significado de la vida? ¿Cuáles son las personas que más te han inspirado para convertirte en la persona que eres hoy día?
En mi vida, el hecho de tener fe en Dios creo que me da una ventaja muy grande. Entre otras cosas porque veo lo que me sucede como que es para el bien de los demás y para el mío propio. Hay momentos que a lo mejor creo que he fracasado, que no he conseguido mis objetivos, pero ya se encarga Dios de situarme y ver que en realidad es eso lo que me convenía. Sin ser prototipo de nada, pero procurar ver al Señor en los demás me ayuda a centrarme en mi vida, así como saber que lo que le haga o diga a cualquiera se lo estoy haciendo o diciendo a él. Ese principio básico de no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan es fundamental en mi día a día. Y, ahora, desde esta situación de pandemia, me gusta recordar esa frase de Churchill: “Nunca desaproveches una crisis”, porque, en vez de lamentarme, veo oportunidades en esta situación.

A mis padres los tengo como referencia en mi caminar que, desde su sencillez, me dieron las oportunidades que pudieron pero, sobre todo, me dieron amor, que ha sido fundamental para mi forma de ser y actuar. También influyeron mucho los agustinos recoletos y la vida comunitaria que llevé a cabo como religioso. Y, aunque son muchos mis formadores, llevo de forma especial en mi corazón al padre David Hernández, que, con su ejemplo y su fe en mí, supo potenciar mis valores.

Me gusta recordar esa frase de Churchill:
Nunca desaproveches una crisis”, porque,
en vez de lamentarme, veo oportunidades

¿Cuál crees que es la virtud principal que te hace ser tan bien recibido por todo tipo de público (niños y ancianos, de derechas y de izquierdas, béticos y sevillistas, de bajo y alto nivel cultural)?
Comparto algún aspecto que me facilita la relación con los demás. Juego con la ventaja de mi sentido del humor inmediato y eso relaja y acerca a las personas conmigo. Y con los adolescentes y jóvenes, además del humor, procuro llevar a cabo lo que les pido y el ejemplo les compromete mucho. Y la facilidad que tengo para resolver conflictos y no crearlos.

Santiago Agüero acompañado por su alumnado tras recibir el tercer premio Educa Abanca

¿Desde cuándo eres profesor de Religión, en qué centro, etc.?
Llevo treinta años como profesor de Religión Católica. Comencé sustituyendo a un profesor en Écija, en la extensión del Instituto de Educación Secundaria de San Fulgencio. Allí estuve tres años maravillosos, en el que formé lazos muy cercanos con el alumnado y sus familias. Participé en la parroquia, en el coro de la ciudad, organicé viajes de fin de curso (dos años por Italia), etc. De hecho, en aquella época conseguí formar tres grupos de la asignatura de Religión Católica en COU (que nos permitían organizar seminarios). Pero el arzobispado me cambió para Sevilla (entre otras cosas porque me casaba y me quedaba a vivir en Sevilla). Pensé que no iba a tener otro destino tan maravilloso como aquel y, aunque lo recuerdo con mucho cariño, en el actual centro llevo veintisiete años: el instituto Salvador Távora (antiguos Luis Cernuda y La Paz, fusionados). Este centro es un instituto de difícil desempeño, con lo que ello significa. Un tipo de alumnado que te exige ir renovándote y creando día a día.

¿En qué consiste para ti ser profesor de Religión? ¿Qué sentido has querido dar a tu labor en la comunidad educativa? ¿Qué te definiría?
No invento nada nuevo si expreso que ser profesor de Religión nos exige un plus. No basta con dar nuestras clases sino que va acompañado de intentar ser ejemplo para el alumnado y el profesorado. Eso no significa aceptar todo y no trabajar por nuestros derechos y dignidad. Para definirme, me gustó la definición que hizo de mí Vicente del Bosque: “Santi, tú eres un humanista”. Me ocupa el ser de las personas, especialmente el de mi alumnado. A lo largo de estos años (y como podéis ver en la entidad La Escuela Cultura de Paz) he creado una filosofía de trabajo con el alumnado, que es una filosofía de vida. Entre mis prioridades, he querido que estén ayudar a crear “buenas personas” y, para ello, hay que guiar a los adolescentes y jóvenes. Creo que uno de los retos del profesorado en general y del profesorado de Religión Católica en particular es ofrecer proyectos al alumnado, donde ellos sean los protagonistas. Debemos priorizar conocer los centros de interés de nuestro alumnado y, desde ahí, llegar a ellos. Los adolescentes y jóvenes están esperando que les ofrezcamos algo, e irán detrás de quienes se comprometan y ofrezcan alternativas.

¿Qué retos y desafíos tiene ahora mismo la escuela? ¿Qué se puede hacer desde la clase de Religión?
En el momento actual me inquieta y estoy intentando aportar mi granito de arena en la ayuda emocional al profesorado y el alumnado. La situación actual nos ha cambiado y ha cambiado a la sociedad. Las personas necesitan que se las escuche y se les dedique tiempo. La escuela (y más en mi entorno de difícil desempeño) necesita motivación, innovación, apoyo de los gobernantes y de la sociedad. Que la comunidad educativa no se sienta sola y se sienta valorada. Es preciso un mayor reconocimiento del profesorado y no dejarlos solos dentro del aula. Llevo veintiún años reclamando un pacto de Estado por la educación, y hay que seguir insistiendo, pues han de ser todos los partidos políticos quienes se involucren. La educación no puede ni debe ser un arma arrojadiza cuando comienza un gobierno. Y, para ello, han de escuchar al profesorado y al alumnado también.

Y ahora, del aula a las redes sociales, donde tenéis presencia muy activa y con colaboraciones de gran calado como Irene Villa, Vicente del Bosque y demás colaboradores de La Escuela Cultura de Paz, como buen “pescador de hombres”. ¿Hay que acercarse y saber usar también ahora esas redes?
Totalmente. Es obvio que el alumnado tiene que aprender y ser dirigido en el manejo de redes sociales y lo relacionado con internet. Pero a la vez es una herramienta muy buena para acercarse a ellos. Tengo casi todas las redes, pero la última ha sido TikTok (@el_santiaguero), y me llama la atención que solo con algunas de mis publicaciones he superado las cien mil visitas. O el hecho de entrevistar por mi Instagram (@el_santi_aguero) a personas relevantes para el alumnado me ha llevado a tener directos con más de cincuenta mil personas. Mi canal de YouTube también se ha convertido en un lugar donde llegar a nivel mundial con mi labor. Y lo mismo con Facebook y LinkedIn (ambos con mi nombre) y mi web (www.e-sm.net/201784_05).

Los adolescentes y jóvenes están esperando que les ofrezcamos algo,
e irán detrás de quienes se comprometan y ofrezcan alternativas

Es emocionante ver cómo, aunque para muchos la clase de Religión no debería estar presente, una institución educativa como Abanca reconoce tu labor como docente. ¿Cómo lo valoras?
Para mí ha sido muy positivo. Ya ha sido muy rico y emocionante el que me haya presentado mi alumnado, pues eso te anima y motiva como decía. El recorrido de estos meses ha sido muy bonito, porque muchas generaciones de alumnos (de estos treinta años) han escrito en redes porque se sentían partícipes del premio y manifestando lo que he supuesto en sus vidas. Y creo que lo que ha hecho Abanca es muy significativo, porque no ha tenido en cuenta si eres de una asignatura u otra, sino la realidad de tu labor como docente. No entiendo cómo, en pleno siglo XXI, donde presumimos de tolerantes con todo, planteen quitar la asignatura de Religión Católica de los centros educativos. Cabemos todos y el profesorado, desde su asignatura, está implicado y ocupado con su alumnado. Invito a la ministra de Educación y Formación Profesional y a los partidos políticos a venir a mi centro y conocer directamente la labor que realizo. Sumemos por la educación.

No invento nada nuevo si expreso que ser profesor de Religión nos exige un plus, sin duda.
No basta con dar nuestras clases

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