La escuela: un espacio para vivir la fraternidad

Carta abierta publicada en el número 345. Diciembre de 2020.

Cuando el papa Francisco publicó su encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, los miembros del Foro Abraham enseguida nos sentimos interpelados, pues el pontífice no solo se dirige “a todas las personas de buena voluntad”, sino que nos llama a cada uno de nosotros a “hacer renacer entre todos un deseo mundial de hermandad”. Esa experiencia es la que inspira desde sus comienzos nuestro foro, que pretende ser un espacio de amistad entre sus miembros, aprendiendo a conocernos y a querernos con nuestras diferencias. Tanto la Torá como el Nuevo Testamento y el Corán nos dicen que constituimos una sola familia humana, que somos criaturas del mismo Dios y descendientes de unos mismos padres, Adán y Eva.

Con la parábola del buen samaritano, el Papa nos invita a reflexionar sobre quiénes seríamos nosotros en la escena: a veces el herido, a veces el que pasa de largo para no complicarse la vida, otras el que mira con recelo al diferente. Sin embargo, la religión (todas las religiones) llama a tratar al otro como me gustaría ser tratado, con la llamada “regla de oro”. ¿Y por qué nos cuesta tanto movernos por el corazón y no por nuestros propios miedos? Porque es humano. Durante un seminario web sobre la encíclica, el rabino  nos explicaba que Dios nos pide ir más allá de lo que espontáneamente resulta natural: “Cada grupo humano tiene esa tendencia de amar solo a los que forman parte de su grupo. Pero Dios nos pide elevarnos más allá de nuestra propia naturaleza” y desarrollar empatía hacia todos. Desarrollar esta empatía requiere un esfuerzo, sobre todo en una época en la que los medios de comunicación, las redes sociales y no pocos líderes populistas usan el espacio público para alimentar el miedo y la confrontación. Dice el Papa en su encíclica que hemos construido una sociedad de sordos, en la que todos quieren hablar pero nadie escucha. Por eso es tan importante formar a los jóvenes desde muy pronto en la diversidad y ayudarlos a desarrollar su capacidad de escucha y de empatía como elemento fundamental de su maduración como personas.

La semilla de la fraternidad

Cuando la religión se convierte en un factor identitario de grupo, nos separa de los demás, mientras que la religión como experiencia interior y espiritual nos lleva a crecer en nuestra identidad personal y nos capacita para convivir con el diferente. En el foro entendemos el diálogo interreligioso como una experiencia de salir al encuentro del otro, no para intentar aprehenderlo, hacerlo mío, sino para enriquecerme con su diferencia. Solo así podemos ver en el otro a un hermano.

Desde la escuela, sería conveniente tratar la diversidad religiosa y conocer al menos los elementos básicos de las principales religiones. Pero sobre todo hacerlo desde el respeto y una curiosidad generativa. No hay mejor manera de superar prejuicios que la amistad. Esta cotidianeidad de la vida, este diálogo de vecindad que genera fraternidad es habitual en lugares como Ceuta y Melilla, pero requieren un esfuerzo activo para abrir nuevos espacios de encuentro en el resto de España. El foro es tan solo una pequeña iniciativa, un granito de arena, pero las escuelas tienen un potencial enorme para ser espacios de encuentro, de empatía, plantando la semilla de una fraternidad que contribuya a construir un mundo más humano.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Esta web usa cookies para mejorar tu experienciae. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no continuar si lo desea Aceptar Leer más