Del yo al nosotros

El umbral decisivo en la adquisición de la conciencia cívica y moral está en la capacidad y la actitud de colocarse en la piel de otros, en sus zapatos, y así pasar del “yo” individualista al “nosotros” solidario. Ese paso, que tiene un importante componente cognitivo, requiere capacidad de abstracción en el niño y se puede fomentar educativamente. Varias técnicas se han preconizado para eso, entre ellas, la de proponer dilemas morales, examinar cómo los captan niños y adolescentes, cómo los resuelven y cómo razonan su opción.

En la actualidad, hay una circunstancia que da pie a impulsar la conciencia ética del “nosotros”: el uso obligatorio de la mascarilla desde los seis años. Ni siquiera hace falta haber llegado al nivel cognitivo de un pensamiento abstracto, que se consolidará en la adolescencia, para hacer entender varias cosas a los más pequeños: la mascarilla protege a uno mismo y a los demás; puede que a los niños el virus apenas los afecte, incluso si los infecta apenas sufren trastornos; pero, si los contagia, aun sin síntomas, pueden ellos, a su vez, transmitirlo a otros: a padres, abuelos, adultos en general, en quienes podría haber una afección grave; la mascarilla funciona como barrera de contención no solo para mí, sino para todos los que me rodean y, a la larga, para toda la sociedad.

El razonamiento vale igual para la vacunación actual, que no induce inmunidad esterilizante, pero preserva de desarrollar la enfermedad. Aunque esta de momento no se proponga a los jóvenes, sí que conviene hacerlos reflexionar: que vayan percatándose (y que lo manifiesten en su entorno) de que vacunarse es, como la mascarilla, un acto social, de solidaridad; es protección no tanto egoísta para el individuo cuanto altruista, solidaria para con la colectividad.

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