Geopolítica católica

Hay una geopolítica católica que se debe descubrir para crear procesos de alianza que hagan imposibles los retrocesos injustos. Como afirmó Camus, “millones de voces se unirían en el mundo a un grito”.

El catolicismo es un mundo. En este momento, son católicos Joe Biden, presidente de los Estados Unidos de América, António Manuel de Oliveira Guterres, secretario general de Naciones Unidas, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión europea, Davide-Maria Sassoli, presidente del Parlamento europeo, Sergio Mattarella, presidente de la República Italiana y, por supuesto, Jorge Mario Bergoglio, hoy sin duda el más relevante líder mundial al servicio del bien común.

Alguna responsabilidad global tenemos los católicos para reducir enfrentamientos y para servir al bien común. Algo podemos hacer para anteponer a los intereses, por legítimos que sean, y a los equilibrios contractuales, por oportunos que sean, los pactos de la fraternidad. Este no es un bello sueño que se declama líricamente sin coste. La fraternidad exige trabajo paciente y oscuro, para llegar a pactos sólidos, aunque no sean brillantes, tan solo provisionales o parciales. Se trata de ir creando procesos de alianza que hagan imposibles los retrocesos injustos. Algo podemos hacer hoy. Lugares no nos faltan. Hay una geopolítica católica posible. Se trata de descubrirla.

En 1948, Albert Camus fue invitado por el dominico tolosano Jean-Augustin Maydieu para hablar sobre “el no creyente y los cristianos”. Algunas notas fueron publicadas, son muy conocidas. Camus se excusaba de dirigirse a personas con quien no comparte convicciones y a quienes agradecía su generosidad. Desde el comienzo dejó claro: “Si yo me permito, al final de esta conferencia, reclamar de ustedes algunos deberes, no podrá tratarse más que de deberes que se deben exigir a todas las personas en la actualidad, sean cristianos o no”; casi al final afirmó: “Solo puedo hablar de lo que sé. Y lo que sé, y que constituye a veces mi nostalgia, es que, si los cristianos se decidieran, millones de voces (millones de voces, oigan bien) se unirían en el mundo a un grito”.

Recuperación de la resiliencia

El mes pasado escribí sobre la sombra que no solo es amenaza exterior. La sombra nos fortalece interiormente para capacitar nuestra respuesta y es luz que alumbra nuestros pasos. Algo parecido afirmaba el psiquiatra y psicoanalista catalán Henry Ey, autor de un famoso Tratado de psiquiatría y también de un Tratado de las alucinaciones, quien partía de que nos curamos desde nuestras zonas sanas. Su modelo psiquiátrico integral fue conocido como órgano-dinamismo. “Te basta mi gracia, en tu debilidad hallas la fuerza”, decía Pablo de Tarso, algo parecido a lo escrito por Friedrich Hölderlin: “Donde crece el peligro crece también la salvación”.

La actual recuperación de la resiliencia, la capacidad para superar circunstancias traumáticas respondiendo con la adaptación, tiene que ver con esa concepción integral. “Resiliencia” es un neologismo, compuesto por un prefijo y el verbo salio, ‘saltar’, ‘brincar’. El prefijo “re-” indica que se vuelve a saltar. Hay personas que, a pesar de sufrir situaciones destructoras, son resilientes. En el mundo físico, la resiliencia indica capacidad de recuperar la forma inicial después de una deformación. La reanudación de la vida, después de la sombra y a partir de ella, es esencial para volver a ponerse de pie, como insinúa o subraya el lenguaje evangélico todas las veces que habla de la resurrección (sur-sum, elevarse, `anastô, `egéirô). La resiliencia está en el camino de la resurrección, de volver a ponerse de pie: la luz solo se ve gracias a la sombra. El católico presidente Biden comenzó su servicio como presidente de los Estados Unidos de América tras asistir a la eucaristía en la catedral de San Mateo, en Washington. Presidió la misma el jesuita Kevin O’Brien, rector (presidente) de la Universidad de Santa Clara en California, quien dijo: “Queréis fundamentar este día [de inicio de la presidencia] en vuestra fe […] y con humildad y esperanza pedís a Dios bendición y protección, fuerza y coraje para servir a nuestro país”.

Se trata de ir creando procesos de alianza que hagan imposibles los retrocesos injustos

 

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