Retornar a las escuelas

El pasado marzo se cumplía un año del momento en el que se comenzó con las medidas de confinamiento total o parcial. Entre las tantas consecuencias de esta decisión, estuvo el cierre de los establecimientos educativos.

Llegando a los doce meses de esta situación inédita, los Estados latinoamericanos siguen buscando el modo de compensar las graves secuelas de lo vivido, al mismo tiempo que se transita la carrera contrarreloj de lograr la inmunización de la población por medio de la vacuna. En ese sentido, la cuestión educativa aparece en la agenda política y mediática como uno de los temas más urgentes para resolver. En muchos países de nuestra región, no pudo lograrse durante el año pasado la vuelta a las clases de manera presencial con todo lo que trae aparejado esta distancia física con los niños y jóvenes, especialmente con aquellos de sectores que sufren vulnerabilidad social. En este marco, en febrero conocimos los pronunciamientos de dos episcopados americanos que expresaron sus preocupaciones e hicieron sus propuestas frente al momento que atraviesa el sistema educativo.

La Conferencia del Episcopado Mexicano dio a conocer su pensamiento en un mensaje a la comunidad educativa del país a casi once meses del inicio de la pandemia, titulado Procurar el bien posible de todos, especialmente de los más vulnerables, es decir, los niños, adolescentes y jóvenes. Tomando como referencia la convocatoria al pacto educativo global, los obispos mexicanos hacen un llamamiento al cuidado integral de los niños y jóvenes a partir de la solidaridad y la alianza de todos los miembros de la comunidad educativa. Desde esa cultura del cuidado se invita a desarrollar una educación en clave de acompañamiento que permita llevar adelante los fines de la educación respondiendo a los desafíos actuales. Frente a la situación presente, proponen en primer lugar buscar medidas posibles para salir al encuentro y hacer vigoroso el compromiso del cuidado de niños, adolescentes y jóvenes. Asimismo, plantean la necesidad de buscar la manera de articular un regreso a la escuela, de manera híbrida, combinando momentos de servicio escolar presencial con alternativas semipresencial y otras totalmente virtuales, a partir del llamado urgente a un gran acuerdo entre docentes, familias, directivos, los propios estudiantes y la sociedad en su conjunto. Para ello, las estrategias sanitarias y educativas deben buscar caminos compatibles y coordinados.

Para la misma época, la Comisión Episcopal de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina publicó el texto llamado Ante un nuevo año escolar 2021. En esta comunicación dirigida a todos los protagonistas de la misión educativa (alumnos, docentes, directivos, padres de familia, gremios y autoridades), ante la inminencia del inicio de un nuevo ciclo escolar, los obispos comienzan agradeciendo la entrega generosa y sacrificada en la tarea educativa que se llevó adelante en 2020. En el contexto de la incertidumbre acerca del modo en que se iniciará el ciclo lectivo, expresan su deseo de “que se pueda retornar a las escuelas del mejor modo posible, y teniendo en cuenta todas las medidas de orden sanitario y de adecuación edilicia, de horarios y turnos”, y resaltan el valor insustituible que tiene la presencia para la educación.

Humanizar la educación

Ambas manifestaciones muestran la preocupación de la Iglesia por la compleja situación educativa que atraviesan los dos países, que no escapa a lo que se vive en los otros países de la región. Y se pueden reconocer en estas inquietudes aquellas cuestiones que se presentan como principales desafíos y que desde la concepción de la educación que se promueve desde la Iglesia no pueden esperar para atenderse. El llamado a recobrar la forma presencial aparece en estos llamamientos como una necesidad para el logro de los fines educativos que van más allá del aprendizaje de contenidos y tiene que ver con un modo de educar. Como dicen los obispos mexicanos, “es urgente humanizar la educación, pues hoy nos quedamos (en muchas ocasiones) solo con la parte de planes y programas, de dispositivos y tareas, dando prioridad a lo organizacional, a lo funcional e institucional, pero olvidamos poner a la persona concreta al centro, con todas sus dimensiones. Es imperativo dedicar tiempo, confiar en ellos, compartir la vida”.

“Es urgente humanizar la educación, pues hoy nos quedamos solo con
la parte de planes y programas”

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