El futuro de la ERE en Europa

¿Prever el futuro? Empresa de lo más aleatoria. En efecto, muchas veces la realidad ha desmentido las predicciones. No obstante, observando ciertas premisas, no es arriesgado anticipar alguna proyección prudente.

La pregunta que debemos hacernos es banal, pero de extrema actualidad: ¿qué futuro pueden esperar las enseñanzas religiosas? No es posible dar una única respuesta, sino que hay que distinguir caso por caso según el perfil que la disciplina presenta en los distintos sistemas nacionales. Simplificando mucho, distinguimos los cuatro casos más frecuentes.

En primer lugar, en Europa hay enseñanzas religiosas de tipo monoconfesional. Estaban destinadas a clases homogéneas en cuanto a fe y cultura familiar. Actualmente, con la creciente diversidad religiosa, las clases se han vuelto heterogéneas en casi todas partes. Consecuentemente, para tener derecho a permanecer en la escuela de todos, estos cursos confesionales ya han tenido que despojarse de su primitivo carácter proselitista o catequístico, para transformarse en un enfoque cultural-cognoscitivo de la historia, de los textos sagrados, de la doctrina de esa confesión. Las reformas de la escuela, la revisión de los concordatos y las nuevas teologías de la educación muestran que los viejos modelos ya no eran sostenibles y que otros perfiles de dicha enseñanza se presentan como más útiles y hasta necesarios: por ejemplo, el modelo multiconfesional o el interconfesional o ecuménico. Pero, más allá de la iniciación cristiana, lo ideal sería una enseñanza futura capaz de conjugar los tres monoteísmos, que en su posicionamiento doctrinal no están en conflicto, sino en diálogo. Sería un paso enorme para poder “vivir juntos en la igual dignidad”.

Por otra parte, hay en Europa enseñanzas religiosas transconfesionales que trabajan con un enfoque neutro y comparativo de las grandes religiones históricas y de la que los antropólogos llaman religiosidad preconfesional o necesidad religiosa de la persona. Allí, la escuela acoge al alumno ante todo como persona y como ciudadano al que hay que formar en todo su potencial, incluido el religioso, pero sin pasar al cultivo de una fe específica. Esa enseñanza se basa en las metodologías de las ciencias de la religión y adopta sus finalidades educativas comunes, métodos y finalidades que se armonizan sin dificultad con el estudio de las demás asignaturas curriculares. Se podría decir que este tipo de enseñanza “religiosa” tiene probabilidades de mirar con confianza el futuro, sobre todo si sabe respetar tanto las convicciones religiosas como las no religiosas de los alumnos y las familias.

¿Qué futuro pueden esperar las enseñanzas religiosas?
No es posible da una única respuesta.

Asimismo, hay enseñanzas religiosas fuertemente integradas con el área de educación ética, cívica y en valores. En muchos sistemas educativos, esta enseñanza para una vocación ética es elegida generalmente como asignatura alternativa obligatoria, elección que, sin embargo, está en continuo crecimiento numérico. Aquí el estudio de los derechos humanos y la formación en los valores de la ciudadanía activa y democrática se valen también del conocimiento de las religiones para aprovechar su enorme patrimonio ético, que tiene un doble potencial educativo: el ético-filosófico o simbólico y el ético-moral o comportamental. No hay duda alguna de que este modelo de iniciación ética deberá permanecer también en el futuro como un eje sustentador de la pedagogía escolar.

El hecho religioso y los saberes escolares

Por último, si a estas alturas bibliotecas enteras documentan cómo la historia, las literaturas, las ciencias, las filosofías, las artes tienen en sí mismas una dimensión religiosa percibida como testimonio perenne de una humanidad con sed de la verdad, de la belleza, del bien, ¿por qué la escuela no intenta analizar estas expresiones del “hecho religioso” elaborando el patrimonio de la cultura humana a través de las diversas facetas que son las asignaturas curriculares normales? Bien se sabe que precisamente esta ha sido la opción pedagógica preferida por la escuela francesa. En efecto, esta prefiere descubrir la dimensión religiosa de la cultura más que ofrecer un curso de cultura sobre una o más religiones. Es una estrategia que no aísla el “hecho religioso”, sino que lo inserta en la estructura de los saberes escolares. Sin duda, esta opción no carece de aspectos discutibles, pero tiene la fuerza de resistir, y de resistir bien, también en el futuro.

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