Una estrella llamada Flors

Son muchos los olvidos que carga la memoria. Flors, Sassoli, beguinas. Y, entre todos ellos, Saint-Merry, siempre en salida: en el centro, pero orientado a los márgenes, para reflexionar y celebrar ahí.

Pensaba escribir sobre Saint-Merry, la parroquia parisina del centro urbano, junto al Pompidou y les Halles. Se han agolpado otros temas. ¿Podía justificar su cierre en primavera pasada (2021) por decisión del (ya no) arzobispo parisino (dimitió hace poco)? Podía criticarlo: hubiese sido fácil. Durante unos años frecuenté algunas eucaristías dominicales “diferentes”; estuve muy a gusto.

Pero, leo en La Croix que ha aparecido un libro haciendo balance de cuarenta y cinco años de la experiencia pastoral: en medio de la ciudad secularizada, un lugar de expresión para artistas, como los que encuentras en el próximo centro cultural o en la misma calle. Un lugar para la música de calidad siempre, pero también música de la que se escucha en la calle. Saint-Merry era un lugar de apoyo a los “proscritos”, reza un afiche anónimo. El libro Et vous m’avez acuelli. Contributions pour une Église vivante que coordina Guy Aurenche, comprometido en la lucha contra la tortura y la pena de muerte y en otra entidad eclesial (CCCF), el equivalente a Manos Unidas, contra el hambre en el mundo, explica el experimento.

Fue el arzobispo Marty el que en 1975 quiso lanzarlo. Lo han clausurado. Veinte personas han escrito en el libro, entre ellos el director de la revista Études, F. Euvé, jesuita, o el arzobispo jubilado de la ciudad de Poitiers, A. Rouet, uno de los obispos franceses considerados más avanzados. La parroquia Saint-Merry estaba en el centro de la ciudad, pero se dirigía a los márgenes para reflexionar y celebrar ahí. Durante más de cuarenta y cinco año, intentaron salir al encuentro de la sociedad con sus contradicciones, límites, dudas, pero también con sus riquezas, escribe Aurenche, y buscaron una iglesia de fraternidades que hiciera el Evangelio accesible en la ciudad, subraya Rouet, para quien la Iglesia debe reagruparse en pequeñas unidades plurales a escala humana, en cuyo interior puedas conocer a tu hermano.

En Ámsterdam visité el “beguinjhof” (1346-1971, fecha de muerte de su última beguina; en Courtrai, Bélgica, la última falleció en 2013). Desde la Edad Media, hubo mujeres que vivieron en pequeñas “comunas” o barrios, cada una en su casa con una mínima organización común. En Ámsterdam, el beguinage tenía ciento sesenta y cuatro casas, alguna tuvo capilla católica clandestina durante la persecución calvinista. Allí asistí a una eucaristía fraterna y a una animada conversación con un café o un zumo, era diciembre y hacía mucho frío. Una comunidad “a escala humana”. Cristina Inogés habla de una “memoria herida”.

Durante unos años frecuenté algunas eucaristías dominicales “diferentes”;
estuve a gusto

Demasiados “olvidos”

Tras la muerte de David Sassoli, presidente italiano del Parlamento Europeo, salvo en Italia que saben de qué hablan, se ha olvidado un hecho. Aunque empezó a militar políticamente en el partido democrático fusión del PCI y de la izquierda demócrata cristiana, él había nacido en una familia católica “contaminada” del sueño de Giorgio La Pira. Ese fue su lugar nutricio. La utopía del alcalde democristiano de Florencia que no tuvo carné del partido y vivía en el convento de San Marco. No tengo más carné que el bautismo, a lo que con cierto humor añadía que ese no se lo podían quitar. Ha muerto un católico lapiriano.

En el diario comarcal recuerdan veinticinco años “de vergüenza” tras el asesinato en Ruanda de la enfermera de Manresa, Flors Sirera. Entonces mataron también a un médico sevillano y a un periodista madrileño (Médicos del Mundo). La madre de Flors, sus hermanos, su familia, viven en Manresa; un centro social municipal está a su nombre. La familia procedía de Tremp; de ahí el nombre de Flors, pues allí veneran a la Mare de Déu de Valldeflors. Otra familia católica. Demasiados “olvidos”. Con tanto olvido no hay forma de tender nada. Pusieron el nombre a una estrella. Una de las tres estrellas se llama Flors.

Revista RyE   N.º 358   Marzo 2022
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