Pedagogía para la aldea de la comunicación

El papa Francisco, en el marco del pacto educativo global, ha hecho referencia a un proverbio africano que plantea que “para educar a un niño se necesita una aldea entera”, invitándonos a construir esta aldea.

En el magisterio del Santo Padre, podemos descubrir cuál es su mirada acerca de las condiciones necesarias para construir la aldea de la educación. Queda claro que está hablando de una aldea global, por lo que la primera definición tiene que ver con el modelo de globalización que se nos propone. Sobre esto, Bergoglio ya decía en 2010 que, “si concebimos la globalización como una bola de billar, se anulan las virtudes ricas de cada cultura. La verdadera globalización que tenemos que defender es como la figura de un poliedro, donde todos se integran, pero cada cual mantiene su peculiaridad que, a su vez, va enriqueciendo a las otras”. El tipo de aldea que nos invita Francisco a construir como fruto del pacto educativo es una aldea global que nos permita integrarnos sin encerrarnos y sin perder las particularidades.

Esta propuesta pone en juego la necesidad de desarrollar un modelo pedagógico que haga posible la construcción de este “poliedro” en clave de acogida y diálogo intercultural. No se trata de inventar nada nuevo, sino de ver qué tipo de pedagogía hace posible la concreción de los siete compromisos que se nos presentan en el pacto educativo global. La misma iniciativa coordinada por la Congregación para la Educación Católica busca recoger experiencias educativas en todo el mundo que estén trabajando en la misma línea. En este sentido, se están desarrollando también investigaciones en cinco universidades católicas. Un fruto concreto del proceso será lo que podamos aprender de estas experiencias y del conocimiento generado.

Como en todo modelo pedagógico, es necesario que indaguemos acerca del qué y cómo enseñar. Francisco nos da alguna pista en relación al objeto de estudio y conocimiento que necesitamos desarrollar: “Si queremos un mundo más fraterno, debemos educar las nuevas generaciones a «reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite». El principio fundamental del «conócete a ti mismo» siempre ha orientado la educación, pero es necesario no olvidar otros principios esenciales: «conoce a tu hermano», para educar a la acogida del otro; «conoce la creación», para educar al cuidado de la casa común; y “conoce el Trascendente», para educar al gran misterio de la vida. Para nosotros significa mucho una formación integral que se resume en el conocerse a sí mismo, conocer al propio hermano, la creación y el Trascendente. No podemos ocultar a las nuevas generaciones las verdades que dan sentido a la vida”.

Pensando en el “cómo” desde nuestra fe cristiana, no podemos dejar de mirar la figura de Jesús, el Maestro que nos anuncia la buena noticia del reino con una pedagogía que encarna un proceso educativo liberador, que pone a la persona en el centro, especialmente a los pobres, a los niños, a las mujeres, a los enfermos, a los más alejados. Una pedagogía del amor y de la praxis. Un modo de descubrir cómo enseña Jesús lo podemos ver en el diálogo del Resucitado con los discípulos de Emaús, en el que pone en práctica una pedagogía del encuentro, del discernimiento, del acompañamiento y del testimonio.

Impulsar una cultura del encuentro

Para construir la aldea de la educación, necesitamos también nosotros salir al encuentro, especialmente de los que están en la periferias geográficas y existenciales, derribando los muros que nos separan. En esta aldea, deberíamos poder discernir juntos cómo hacemos para poner a la persona en el centro, escuchar a las jóvenes generaciones, promover a la mujer, responsabilizar a la familia, abrirnos a la acogida, renovar la economía y la política y cuidar la casa común, es decir, cómo hacemos para llevar adelante los compromisos del pacto educativo global. Y conformar esta aldea implica acompañar y acompañarnos en el camino, como lo hizo Jesús con los discípulos de Emaús, para que, al final del día, también nos arda el corazón y salgamos a dar testimonio como miembros de esta comunidad que desde la educación y con esperanza quiere transformar el mundo.

Un fruto concreto del proceso será lo que podemos aprender
de estas experiencias y de este conocimiento

Revista RyE   N.º 355   Diciembre 2021

 

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