UCRANIA, LOS NIÑOS Y LA CLASE DE RELIGIÓN

Partir de la experiencia cercana de los alumnos y volver a ella al final del proceso de aprendizaje, es uno de los principios básicos de la pedagogía activa. Ayuda a captar la atención y ayuda a hacer la transferencia a la vida cotidiana. De este modo y teniendo en cuenta esto, no podemos eludir, evitar o no traer al aula lo que pasa a nuestro alrededor y lo que los niños traen desde los diferentes ambientes en los que se desarrollan.

Los contextos, como los procesos, son muy importantes, ¡vaya que sí lo son! Los que están fuera del aula y del centro y los que se generan en éste y en aquella.

Y ahí tenemos un tema como el de Ucrania, del que sin duda tenemos que hablar en las aulas y, especialmente, en el aula de religión. Y, ¿por qué en el aula de religión? Porque es un tema perfecto (si es que algo de perfecto tiene esta situación) para hablar de PAZ y de educación para la paz.

¿Cómo?

  • No aportar más datos escabrosos o al detalle de los que ya se ven en los medios de comunicación, que no olvidemos que están pensados y hechos para adultos.
  • No aumentar ni insistir en mensajes que puedan generar miedo incertidumbre o desasosiego.
  • Acoger y hacer explícitos los pensamientos y sentimientos que los niños nos traen al aula y nos cuentan, que serán el reflejo de lo que oyen en casa.
  • Abordar, como siempre en educación, desde un planteamiento constructivo y positivo. Por eso es imprescindible hablar, no de guerras sino de “artesanos de la paz”.
  • Caer en la cuenta de que como niños podemos hacer poco por la situación de Ucrania y de los ucranianos, pero sí podemos hacer mucho para construir la paz en la baldosa que pisamos, como decía Gandhi.
  • Lo que sucede en Ucrania es el fin de un proceso en el que todos participamos con nuestras pequeñas conductas, actitudes y microcomportamientos.

Propuestas de reflexión

Vamos a ver cuáles son esas baldosas que pisamos y sobre las que sí podemos hacer algo. Vamos a invitar a nuestros alumnos a reflexionar sobre cada uno de estos puntos:

  • La paz empieza por el sosiego y la calma interior.
  • Frente a alentar los conflictos cotidianos, intentar solucionarlos o, al menos, no acrecentarlos.
  • Acoger al diferente y respetar su singularidad. Para eso acércate, conócele, mírale, interésate…
  • Planta y abona semillas de diálogo.
  • No criticar. Bendecir: decir bien del otro.
  • Buscar fórmulas pacíficas para resolver los problemas cotidianas del aula, de la familia, del barrio… Y si no hay solución, “tiempo muerto”, tiempo de pausa y espera.
  • Probar a buscar el lado positivo de las situaciones que no nos gustan. Y si el lado positivo, como las soluciones, las buscamos en equipo, doble valor.
  • Aprender a ceder.
  • Hacer pequeños ejercicios de incomodidad: no siempre tengo razón, esperar, callar, acercarme…
  • Ser paciente, saber esperar con tranquilidad.
  • Ser tolerante, flexible.
  • Abrirme a nuevas experiencias, a nuevas relaciones y a nuevas realidades.
  • Escuchar con atención.
  • Ponerme en el lugar del otro.

 

¿Seríamos capaces, entre todos, de buscar ejemplos para cada uno de estos aspectos? Pues ya tenemos tarea… Los niños son expertos que posar una mirada diferente sobre los acontecimientos.

Sólo con haber contemplado alguna de estas pequeñas actitudes, se hubiese evitado la triste situación que atraviesan muchos pueblos en guerra en el mundo.

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