LOMLOE A CONTRARELOJ

EDITORIAL DEL NÚMERO DE MARZO DE 2022

El tiempo se nos echa encima. El Ministerio, cuando termina febrero, solo ha hecho público el real decreto de Educación Infantil. Parece, así lo han anticipado, que a lo largo de este mes de marzo conoceremos los de las otras etapas. Hasta que el Ministerio no complete lo que es de su competencia, no conoceremos ni los desarrollos autonómicos, ni cómo quedará la carga lectiva de nuestros alumnos, ni qué indicaciones se darán a los centros para los alumnos que no cursen enseñanzas de religión. Es bastante inexplicable que, prácticamente a tres meses del fin de curso, estemos en este punto. Las comunidades autónomas ya han trasladado su malestar por los tiempos y algunas valoran solicitar el aplazamiento. El Ministerio, por su parte, se mantiene firme en el calendario previsto. No se entiende que, al mismo tiempo que nos advierten de la importancia que tiene la reforma curricular propuesta en la LOMLOE, ni las comunidades autónomas ni las editoriales ni los centros educativos puedan disponer del tiempo necesario para hacerlo con un mínimo de calidad y coherencia. Al Ministerio, como a los malos estudiantes, las tareas se le han acumulado y, al final, como en la tramitación de la ley, nos quedará un regusto de precipitación y chapuza. Así no da tiempo a hacer las cosas bien.

Por su parte, el currículo de Religión, del que conocimos los borradores muy avanzados, hasta que no se publique en el Boletín oficial del Estado, no podremos considerarlo como oficialmente aprobado. Por ahora, esos borradores están siendo un buen punto de partida para la formación del profesorado que se impulsa desde las delegaciones diocesanas y en las instituciones educativas católicas. Una vez más, formándose para entender el alcance y las consecuencias del cambio curricular, el profesorado de Religión vuelve a mostrar el nivel de su compromiso con la clase de Religión, con el sistema educativo y con la sociedad.

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