Una educación huérfana de sentido: ¿para qué educar?
Javier Cortés, autor de referencia en la reflexión sobre la escuela católica, ha desarrollado toda su actividad en el ámbito educativo: profesor y director de centros escolares, autor de materiales didácticos, editor, formador del profesorado y director general y presidente de PPC y SM. Asimismo, ha sido colaborador asiduo de esta misma revista. Tenemos la oportunidad de conversar hoy con él a propósito de la publicación de su última obra: La sostenibilidad de la escuela católica, editada por PPC.
Sostenibilidad educativa, en general, y de la escuela católica, en particular. Quizá los primeros profesionales de la enseñanza religiosa escolar estaban más armados de teología, también de una pedagogía más pensada. Hoy, hay un exceso de didácticas. ¿Cómo afecta esto a las dinámicas de Religión y de la escuela católica? Como profesor de Religión, como educador católico, ¿cómo abstraerse de muchas tendencias que nos prometen lo que no es y discernir lo nuclear?
Creo que es imprescindible elevar la mirada sobre la educación. La presión que se está ejerciendo sobre la escuela y la premura que nos invade para solucionar problemas nos lleva a la búsqueda de recetas en el “cómo” cuando la pregunta clave está en el “qué es educar” y “para qué educar”. En los cursos para formación de directivos acostumbro a preguntar a los participantes qué es lo que tenemos que dirigir. Generalmente responden que personas. Y es cierto, pero lo que realmente tenemos que dirigir es lisa y llanamente educación. Y ahí empieza de verdad la reflexión, cuando a continuación les pregunto qué es educación. He participado y participo en programas de formación tanto de profesores como de directivos, y una mirada a los planes que se proponen muestra bien a las claras esta tendencia hacia el cómo. La educación está huérfana de sentido en todos los ámbitos. Ya que citas el caso de la enseñanza religiosa escolar, sí, creo que se vivieron tiempos de mayor justificación teológica y pedagógica a partir del documento programático de 1979 tan desgraciadamente olvidado.
El concepto de sostenibilidad se asienta en un determinado deseo de futuro. Así nos lo transmitía en un artículo que publicó en esta misma revista. ¿Qué ha sido lo que ha hecho de verdad sostenible la tradición educativa cristiana? ¿Qué condiciones se daban en sus dinámicas para que haya producido esos frutos tan positivos?
La pregunta me parece muy interesante y yo me la he hecho en numerosas ocasiones. Debemos contemplar las dinámicas internas que se dieron en los mejores tiempos de la escuela católica. No todos los tiempos pasados fueron buenos. Sabemos que la escuela católica también encarnó ambientes educativos lúgubres; por eso es bueno analizar y sintonizar con sus momentos más fecundos. En mi caso, mi punto de referencia ha sido siempre lo que yo llamo la edad de oro de la educación católica en España, aquella que se inaugura a finales del XIX con figuras como Manjón y que floreció justo en las décadas anteriores a la Guerra Civil con figuras como Pedro Poveda o el pedagogo marianista Domingo Lázaro. Fueron personas que creyeron en la fecundidad cultural de la experiencia de fe aplicada a la educación. Conocieron y admiraron en parte proyectos como la Institución Libre de Enseñanza y fueron capaces de poner en pie un proyecto educativo católico capaz de situarse en medio de la sociedad en igualdad de condiciones. Sabían y conocían bien las carencias y necesidades de la sociedad en la que vivían y estaban convencidos de que la encarnación cultural y educativa de la experiencia de fe era la propuesta necesaria. Fundaron con gran esfuerzo la Federación de Amigos de la Enseñanza, una asociación cuyo valor no consistía en ser católicos sino en ofrecer una propuesta educativa innovadora. Por cierto, es esta visión de la educación católica en clave de diálogo fe-cultura la que está omnipresente en el magisterio de la Iglesia desde el Vaticano II.
¿Cuáles cree que son los principales desafíos que enfrenta la escuela católica en términos de sostenibilidad?
Mi experiencia muestra que, excepto colegios pequeños en escenarios de baja natalidad, la sostenibilidad económica no es el gran desafío, por mucho que los administradores se empeñen en crear esa sensación de miedo con la que tanto disfrutan. Para mí el gran reto de la sostenibilidad está en el proyecto y en las personas. Sinceramente creo que lo que llamamos proyecto aparece en documentos, muchos documentos, que ocupan estanterías, pero lo que realmente rige las decisiones en el ámbito académico y en otros ámbitos de la escuela procede de otras fuentes. El ámbito académico sufre de una disociación entre el contenido y el sentido. Enseñamos tecnología, pero no el sentido de la tecnología; enseñamos ciencia, pero no el sentido de la ciencia; enseñamos biología, pero no cuál es la visión cristiana de la vida; enseñamos filosofía y psicología, pero no el sentido cristiano de la razón; y así sucesivamente. Tenemos la tendencia de reducir el carácter católico de nuestras escuelas a la acción pastoral, y la pastoral no es la justificación de nuestra misión educativa. Lo mismo ocurre con la sostenibilidad de las personas: ¿de verdad creemos que con cursos de fin de semana sobre la identidad nuestros educadores se van a convertir en educadores cristianos? Hace falta un planteamiento mucho más radical.
¿Entendemos bien cuál es la aportación educativa y existencial de la escuela católica? ¿Qué podemos seguir ofreciendo como tradición católica?
Suelo decir que la percha legal que nos permite estar presentes en la sociedad es el derecho que asiste a las familias de ofrecer una educación acorde con sus valores. Pero esta percha legal reconocida en los derechos humanos y en la propia Constitución española no es la justificación de nuestra presencia como educación católica. Ninguno de los fundadores de las diferentes tradiciones de la escuela católica esgrimió ese argumento. ¿Nos imaginamos a José de Calasanz defendiendo el derecho de las familias cuando fundó la escuelita para pobres en Roma a finales del XVII? No, todas y cada una de las tradiciones de la escuela católica nacieron como una respuesta de educación integral frente a la urgencia educativa que se vivía en cada momento histórico. Ahí reside para mí el reto. No estamos planteando nuestras escuelas desde una vivencia de las urgencias de nuestro momento presente, sino desde postulados de saberes ya definidos y en competencia con los otros agentes educativos. En los encuentros con profesores suelo preguntarles qué lectura hacen del momento presente. Las respuestas apuntan a un análisis crítico muy alejado de la actitud misericordiosa de nuestros fundadores. Fueron innovadores porque se sentían urgidos y eso espoleó su creatividad. Hoy nos empeñamos en el márquetin educativo. Nada que ver.
Las escuelas católicas se han constituido tradicionalmente como auténticos lugares eclesiales, que daban relevancia a la evangelización y al auténtico apostolado. ¿Lo siguen siendo hoy día?
Me gusta mucho la expresión que has utilizado: la escuela católica como lugar eclesial, porque además es así como lo considera el magisterio de la Iglesia. Detecto una profunda preocupación por la acción pastoral, y la comparto. Creo que se están haciendo muchas cosas en este terreno y vemos los frutos. Sin embargo, me atrevo a apuntar un objetivo importante para la acción pastoral. Todo ese conjunto de planes y de acciones necesitan ser enmarcados en un determinado “lugar eclesial”, es decir, una comunidad de fe real donde todos los procesos pastorales y catequéticos cobren sentido autentico y donde van a encontrar también su necesaria continuidad. Si esto no se produce, los planes y las acciones tendrán su momento, pero no servirán para llevar a nuestros alumnos y alumnas a un vivencia personal y prolongada de su fe, porque quedan circunscritas a un tiempo y espacio escolar, no se da un escenario de comunidad cristiana más allá del tiempo de alumno. Hay una virtualidad más en este planteamiento: esas comunidades de fe pueden llegar a convertirse en el lugar privilegiado de vivencia del carisma con religiosos o sin ellos. Serían comunidades carismáticas de referencia. Veo en este proyecto una línea altamente esperanzadora para el futuro de los carismas de las diferentes tradiciones educativas. Invito a profundizar en ello. Hay ya experiencias muy interesantes.
¿Considera que hay crisis de profesores de Religión? ¿Se está trabajando correctamente con estos profesores el carisma educativo de las instituciones?
Si me preguntas por la situación del área de Religión y de su profesorado en la escuela católica, mi opinión es bastante negativa. No hay más que analizar la presencia de este tema, enseñanza religiosa escolar y su profesorado, en los seminarios, encuentros y congresos de la escuela católica, o en sus mismos documentos. Brilla por su ausencia desgraciadamente. Creo que ni la enseñanza religiosa escolar ni su profesorado han sido una prioridad para la escuela católica, ni en al ámbito de las instituciones y congregaciones ni el ámbito de sus organizaciones. La escuela católica se ha volcado el ámbito pastoral y ha olvidado la profundización y animación de la enseñanza religiosa escolar y de su profesorado, cuyas dinámicas han sido engullidas en muchas ocasiones por campañas y acciones del plan pastoral. La clase de Religión como cajón de sastre: día de los fundadores, campañas de tipo social, valores, encuentro con Jesús, oraciones varias y un largo etcétera. Aquí tenemos una asignatura pendiente de la educación católica.
Propones, asimismo, aplicar el itinerario de los cinco pasos a los profesores de Religión. ¿Es viable? ¿No es un camino muy largo?
En Valencia decimos que la paella necesita dos horas, lo demás son arroces. Los procesos educativos con algo muy serio y profundo y no se pueden despachar con rapidez. A la base de este planteamiento que propongo en cinco pasos está una preocupación personal: necesitamos rescatar el valor y el auténtico sentido del ámbito académico sea del área que sea si realmente queremos que la escuela católica cumpla con sus fines. Tal como afirma con rotundidad y claridad el magisterio de la Iglesia, la educación católica debe perseguir la educación integral de la persona por medio de la transmisión cultural imbuida de la visión cristiana de la vida. Para que esto se lleve a cabo tal como explico en el libro, es imprescindible llevar a cabo un trabajo, área por área, en el que se conecte con la dimensión o las dimensiones que esa área pretende desarrollar y se acuda al sentido cristiano de los saberes que se van a poner en juego para ello. Sí, no es un camino rápido, pero mi experiencia muestra que es profundamente fecundo. El buen profesorado descubre todo un mundo de potencialidades en su área en el que no había reparado.
Desviándonos algo del tema. Además de educadores propiamente de la escuela católica, muchos de nuestros lectores son profesores de Religión en la pública. La asignatura: ¿es sostenible tal como está planteada en este momento?
He tenido el privilegio de trabajar con amplios sectores del profesorado de Religión de la pública y he de decir que, a diferencia de la católica, sí que he encontrado mucho más rigor en el planteamiento de la enseñanza religiosa escolar. Mi agradecimiento por ello. Hay una parte de la sostenibilidad que depende del marco legal y que se nos escapa, pero si nos fijamos en la parte de la sostenibilidad que nos corresponde como profesores, me atrevería a apuntar que deberíamos focalizarnos más en la educación de la dimensión espiritual que en la ética y moral. Vivimos tiempos de repliegue y de deseos de interioridad. Por favor, no dejemos que sean modas espurias las que se apoderen de esta sensibilidad. Somos especialistas en vida interior. Que se note.
Menciona que la clase de Religión debe trabajar la dimensión espiritual, también en el libro. Teniendo como referencia el currículo, sin duda es una oportunidad para hablar de la vida humana en plenitud. ¿Realmente los profesores de Religión mostramos que Jesús y su espiritualidad es lo mejor de la versión de lo humano?
Creo que el apunte que haces es muy interesante, y la perspectiva que abres con esta pregunta, muy fecunda. En mi opinión y, siguiendo la propuesta que hago en el libro, la dimensión que le es más propia a la enseñanza religiosa escolar, sin excluir otras, es la dimensión espiritual. Tal como afirmas, no es que nosotros creamos que hay que educar en la visión cristiana de la dimensión espiritual, es que sabemos experiencialmente que es la mejor versión de la dimensión espiritual, la de mayor nivel de realización humana. Me sorprende muy negativamente encontrarme en ámbitos de la educación católica, ciertos programas de educación de la interioridad, por supuesto con nombre en inglés que siempre queda mejor, cuyo origen no está en lo mejor de nuestra tradición espiritual.
Hablamos de desarrollo integral de los alumnos. ¿Cómo considera que contribuye la asignatura y el profesorado de Religión a su consecución? ¿Es relativo solo a un aspecto espiritual o aporta en otras dimensiones?
La dimensión más intrínseca de la enseñanza religiosa escolar es la espiritual. Pero si a continuación descubrimos que esta dimensión es la más íntima y radical de la persona, entonces se nos abre todo un campo de interacción necesaria con todas las demás dimensiones que puede hacer de la enseñanza religiosa escolar el núcleo y motor de la educación integral, abriéndose a la interdisciplinariedad. Siempre he defendido que es la enseñanza religiosa escolar el corazón y el motor de la interdisciplinariedad. Creo que aquí hay un campo abierto de desarrollo futuro muy interesante y que el nuevo currículo ofrece grandes posibilidades para ello.
No dejemos que sean modas espurias las que se apoderen de esta sensibilidad. Somo especialistas en vida interior. Que se note
Me gustaría cerrar la entrevista con una pregunta más de interés personal, pero que creo que a nuestro lector también le resultará pertinente. Las editoriales, como otros agentes educativos, tienen una parte importante de responsabilidad en este proceso. ¿Cree que están sabiendo leer las necesidades del momento? ¿Es correcta su perspectiva?
Creo que las editoriales han jugado un papel positivo muy importante. En el caso del área de Religión, hemos visto que unas buenas propuestas educativas en formato libro de texto han llevado a cabo un gran servicio a la renovación del área. La cuestión es que el escenario de la educación ha cambiado radicalmente en los últimos años y es necesario tomar nota de ello. Por decirlo de una manera muy gráfica. Las editoriales montaban su proyecto didáctico y después intentaban que los profesores lo adoptaran. Uno para todos. Hoy la realidad educativa no funciona así. Las instituciones y el profesorado se han empoderado también efecto del medio digital, y si las editoriales quieren seguir estando al servicio de la educación deberían ponerse ellas al servicio de instituciones y profesorado para convertirse en compañeros de viaje.

La sostenibilidad de la escuela católica.
Construir sobre roca
Javier Cortés Soriano
Editorial: PPC
Madrid 2025
216 páginas

