Cuaresma, pasión y resurrección
Además de nuestro recorrido personal como creyentes, ¿por qué no aprovechar el tiempo litúrgico (Cuaresma, pasión y resurrección) para también purificar nuestro ser de educadores cristianos?
Todo tiempo es bueno para profundizar en nuestra fidelidad a la misión de educadores cristianos, y cada uno de los momentos fuertes del año litúrgico nos puede aportar diferentes perspectivas que nos ayuden en esa purificación. El tiempo en el que nos encontramos nos ofrece estos tres momentos de experiencia espiritual: Cuaresma, pasión y resurrección.
La Cuaresma llama a la conversión. Leíamos en el evangelio de Marcos la llamada de Jesús tras su experiencia de desierto: convertíos porque está cerca el reino. El objetivo de la conversión no es la mejora moral sino la mejora de la “mirada atenta”, como diría Josep Maria Esquirol. El reino está, se trata de aprender a saber mirar. Los educadores cristianos afirmamos que la huella de Dios está en la dignidad de cada uno de nuestros alumnos como auténtica imagen de Dios, solo tenemos que buscarla con la mirada del corazón para descubrirla y sentirla como presencia real. Decía Domingo Lázaro que “el niño, el adolescente, es una persona con todos los atributos de tal, los derechos y las posibilidades de tal. Y quien dice persona dice pensamiento, voluntad libre, sagrada e inviolable, ante la cual el mismo Dios se detiene in magna reverencia”. No encuentro expresión más profundamente adecuada para poner palabra a la conversión a la que estamos llamados los educadores cristianos. Dicho de otro modo, afirmamos que hay presencia del reino en esa presencia de Dios en cada uno de nuestros alumnos. Profunda consideración. Esta verdad no procede solo de nuestra visión de la persona arraigada en los relatos del Génesis sino que queda bien atestiguada por las constantes referencias de Jesús a los niños. Deberíamos entonces poner los tres grandes instrumentos que nos propone la Cuaresma al servicio de esta conversión. ¿Por qué no ayunar de tanto comentario a veces superficial y condenatorio cuando no de queja constante sobre lo mal que está todo, alumnos, sistema, sociedad, familias? ¿Por qué no entender la limosna como la búsqueda del más necesitado de mis alumnos, con el fin de hacerme especialmente cercano? ¿Por qué no traer a todos mis alumnos a la oración, rezar intensamente por cada uno de ellos, poniéndolos en manos de Dios pidiendo intensamente por su vida presente y por su proyecto personal de vida? Formas y prácticas muy concretas de ayuno, de limosna y de oración que nos pueden permitir introducir nuestra vocación de educadores cristianos en una buena Cuaresma.
Tras la Cuaresma la pasión. Contemplando al Jesús cargado con la cruz, los creyentes sentimos intensamente la fuerza de ese amor que nos libera. Él conoce y lleva nuestro dolor y nuestro sufrimiento. Bonita ocasión para preguntarnos hasta qué punto sabemos de los dolores y sufrimientos de nuestros alumnos, muy escondidos a veces. Los tienen, algunos muy profundos a juzgar por las noticias que nos llegan sobre la situación emocional de niños y jóvenes. El buen educador cristiano es capaz de acercarse a ese dolor y, en cierta manera, hacerse cargo en aquel gesto tan profundo del samaritano. El tan traído y llevado cuidado no consiste más que en esa actitud de hacerse cargo del otro con todas sus consecuencias. Hacernos cargo de nuestros alumnos, bonita práctica cuaresmal. Redimirlos en cierta medida con nuestro amor incondicional. La pasión de Jesús es con-pasión con todas las personas de la humanidad.
Y tras la pasión la resurrección. En el evangelio del segundo domingo de Cuaresma leíamos que los testigos de la transfiguración se preguntaban qué significaba aquello de resucitar al tercer día. Juan nos narra que el discípulo amado “vio y creyó” ante el sepulcro vacío. La resurrección como clave nuclear de nuestra fe. ¿Qué puede significar para el educador cristiano la resurrección como clave nuclear de nuestra misión? La fe radical en una posible vida plena de nuestros alumnos más allá de sus propias deficiencias o limitaciones, la profunda confianza en que, si de verdad asumimos nuestra responsabilidad de maestros a la luz del Maestro, una nueva vida puede florecer en cada uno de ellos. Feliz Cuaresma, pasión y, sobre todo, resurrección.
El tan traído y llevado cuidado no consiste más que en esa actitud de hacerse cargo del otro

