Experiencia en el huerto escolar y su relación con el área de Religión
Todo conocedor de los valores del evangelio es consciente de la relación que existe entre la naturaleza y lo trascendental y cuando esto es vivido se convierte en una realidad que empapa, riega el alma de los que lo reciben y transforma consiente o no a todo el que se acerca a él.
Nuestra compañera Milagrosa Peña Alonso, del Ceip Carlos Socas Muñoz Ingenio, en Gran Canaria, comparte con todos nosotros esta magnífica experiencia y su relación con el área de Religión.
Muchas gracias Milagrosa.

Según ella misma nos cuenta:
Este documento es el resultado de una experiencia maravillosa desarrollada en el huerto escolar y de la que he sacado unas conclusiones que me gustaría que pudieran conocer pues de ella he aprendido y he visto que puede ser ayuda a otros profesores/as.
Partimos de la necesidad de coordinación del huerto escolar y pareciéndome un proyecto maravilloso, me hice cargo del mismo.
Todo conocedor de los valores del evangelio es consciente de la relación que existe entre la naturaleza y lo trascendental y cuando esto es vivido se convierte en una realidad que empapa, riega el alma de los que lo reciben y transforma consiente o no a todo el que se acerca a él.
La vida y la Creación son un regalo maravilloso de Dios que lo ha puesto en nuestras manos para que con responsabilidad y amor podamos cuidar de ella y al mismo tiempo nos sirva de sustento. La madre tierra nos alimenta, nos proporciona todo lo necesario para vivir sanos y además nos acoge como una madre a su hijo entre sus brazos, nos protege porque con el alimento que nos proporciona es capaz de ser barrera ante muchas enfermedades, nos libera de pensamientos negativos, de sobrecargas que no nos ayudan a vivir, del stress y la velocidad a la que estamos impulsados todos los días. Por lo tanto nos proporciona una paz valiosa, sin precio.
A fin de cuentas nosotros somos parte inseparable de ella y volver a acercarnos desde un punto de vista de generosidad y amor es un acto reconciliador y misteriosamente sagrado.
Descubrir estos últimos regalos que nos proporciona la madre tierra fue lo que me impulsó a comprometerme con este proyecto maravilloso en el centro escolar.
Entre todas las tareas maravillosas que se desempeñan en el huerto podríamos hacer un listado y no terminaríamos: sembrar, plantar, regar, podar, limpiar, cosechar, abonar, y muchas más.
Además estas tareas llevan implícitas otras tantas; observar, escuchar, esperar, colaborar, pedir ayuda, reflexionar,…
Desde el evangelio y a través de las parábolas trabajamos los conceptos nombrados anteriormente. Por ejemplo en la parábola del sembrador, la del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza y la del tesoro escondido.
PREPARAR LA TIERRA
El huerto del colegio tiene forma circular. Hace muchos años atrás fue un campo de lucha que usaban los vecinos del pueblo y al quedar en desuso se tuvo la feliz idea de aprovecharlo como huerto escolar.
Por lo tanto se preparó añadiéndole tierra suficiente para este menester. Cada año escolar se le añade un abono que el ayuntamiento proporciona para nutrir la tierra y hacer que las verduras crezcan favorablemente. El abono es estiércol de vaca o de cabra o una mezcla de los dos.
Este primer paso ya supone una conjunción perfecta de lo que es el ciclo de la naturaleza. Muchos niños y muchas niñas manifiestan una sensación de asco frente a este acto de añadir abono animal a la tierra y no lo entienden. Es debido al cambio de vida al que nos enfrentamos que nos aleja tantas veces de lo natural y nos empuja a pensar que todo ha llegado a la bolsa de plástico por arte de magia sin pasar por un terreno, un abono. un trabajo de otros que no se ve. No es culpa de ellos.
Y aquí está ya el trabajo. Mezclar, revolver, allanar, surcar,…
No suele ser muy atractivo y lo normal es necesitar la ayuda de maquinaria más especializada como el motocultor o motoazada y entonces es pues un adulto el que maneja esta máquina. Casi siempre lo hace el conserje del colegio o un padre que se ofrece.
Empezamos así a necesitar la ayuda de los miembros de la comunidad escolar para poner en marcha este proyecto.
Es así que los alumnos y alumnas aprenden que todos y todas las que formamos parte de la comunidad educativa podemos aportar nuestro granito de arena en este proyecto maravilloso.
Y la tierra se deja manejar,, callada y humilde se presta a ser madre, colabora para que el fruto pueda salir y así servirnos de alimento. No protesta, no se resiste. Se ofrece, permanece quieta a la espera de que con nuestras manos logremos cambiar su color marrón en muchos tonos verdes y variados colores que llenan de alegría el centro escolar.
Es así como nos encontramos a nuestro alumnado muchas veces; como un terreno donde poder plantar la semilla de la Buena Nueva. A veces el terreno es el apropiado y otras veces es necesario abonarlo. Ocurre igual que con nuestro interior que tantas veces necesita ser nutrido de la Palabra para poder dar fruto.
Pienso aquí en todos los docentes que imparten el área de religión y que necesitan llenarse para poder sembrar.
Y como el sembrador que salió a sembrar y su semilla cayó en distintos terrenos y unos dieron frutos y otros no así igual ocurre con el mensaje en nuestro alumnado. No importa, no podemos desfallecer, hemos de continuar adelante pues aún de lo poco que fructifica podemos agradecer a Dios.

ELEGIR LAS VERDURAS
Una vez que hemos preparado la tierra tenemos que pensar qué vamos a plantar. Han de ser verduras variadas, atractivas y que resistan el clima con el que contamos.
Normalmente elegimos lechugas, tomates, pimientos, cebollas, papas, maíz, berenjenas, judías, …
Y no nos podemos olvidar de las flores tan importantes que nos ayudan en el proceso de la polinización: girasoles, geranios, …
En esa diversidad de formas y de sabores que luego vamos a cosechar encontramos reflejada la realidad y la riqueza de lo diferente.
Trabajamos nuestras características observando siempre a nuestro alrededor y valorando al otro practicando así el amor al prójimo y sobre todo el amor a Dios. Lo elegimos a él por encima de todo y a partir de ahí todo tiene sentido.

PLANTAR
Y llegó el momento más deseado. Normalmente hacemos coincidir este día con la jornada de la infancia que se sitúa en el mes de noviembre y así es una actividad donde participa todo el alumnado.
Es como pintar un mural entre todos, como acariciar la tierra con cada manita. Empieza a coger color lo que hasta ahora sólo era marrón.
Y empieza un trabajo que admiro por su desarrollo. Me explico: para plantar es necesario agacharse, acercar nuestro cuerpo hacia la tierra. Es como rendirnos ante ella, ofrecer algo nuestro que sabemos que nos va a devolver con creces. Tocarla, sentirla, mancharnos con ella es en muchas ocasiones algo novedoso para el alumnado.
Y a veces produce rechazo, quizás por no estar acostumbrados o quizás por un exceso de proteccionismo familiar.
Sin embargo supone toda una terapia.
Para el alumnado con problemas de conducta, con dificultades de aprendizaje o emocionales supone un regalo para el alma.
Es extraño que siendo naturaleza estemos tan alejados de ella. Nos hemos vuelto artificiales, plastificados y rechazamos nuestra propia naturaleza.
REGAR
Ahora toca hablar del agua. Que importante para nuestras verduras. Si no hay agua, no hay nada. Se acaba la vida.
El agua símbolo también en nuestra experiencia de cristianos; con el sentido de cambio, de purificación y renovación.
Jesús fue bautizado con agua y nosotros también participando de esa manera de este sacramento de iniciación cristiana. El agua que se cambia en vino, el agua del pozo de la samaritana, el agua que sana y purifica, el agua que al abrirse permitió el paso del pueblo de Israel y por consiguiente su libertad.
Desgraciadamente es un recurso que empieza a escasear debido a las consecuencias de la contaminación y el cambio climático apreciamos una creciente disminución de los recursos hídricos. Además la creciente contaminación de los océanos preocupa a toda la población del planeta pero las propuestas de cambio no pueden partir sólo de un lado de la población. Es una tarea conjunta y debe partir de una concienciación desde las edades tempranas para asegurar un futuro mejor.
Durante el tiempo que llevo con este proyecto me he dado cuenta de que la mejor forma de enseñar es siempre la experiencia. Así pues tantas veces el alumnado ha visto las consecuencias de la falta de agua en la producción y han buscado rápidamente la forma de solventar el problema.
LA LUZ DEL SOL
Para crecer no sólo necesitamos el agua sino también la luz del sol. Ella nos aporta la vitamina D necesaria para el crecimiento y el buen funcionamiento de nuestro organismo. Igualmente le sucede a las plantas; gracias al sol se puede realizar la fotosínteis.
En la vida de los creyentes hay una luz más poderosa aún. La que ilumina nuestro ser, nuestro espíritu. En nuestra vida Jesús es nuestra luz y sin El estamos perdidos.
ESPERAR VIGILANTES
Esperar no está de moda. Vivimos en la era de lo inmediato, de la rapidez del ahora y ya. Quizás propiciado por el uso de las nuevas tecnologías que nos aportan eficacia para el trabajo y el entretenimiento pero que no podemos extrapolar a la realidad de la vida personal y social.
La rapidez en todo lo que vivimos produce estrés y ansiedad, desórdenes emocionales difíciles de tratar. La naturaleza nos ayuda a calmarla pues su ritmo no es digital, es natural y los seres humanos somos naturales no digitales.
Estas premisas las puede entender un niño pequeño observando el crecimiento de una lechuga.
Y esperar es tener esperanza como la tuvo María mientras esperaba el nacimiento de su hijo y también la resurrección.
En esa esperanza nos detenemos y encontramos la calma y apreciamos el valor que representa para muchos niños y niñas que impulsados por el estrés familiar no han disfrutado de éstos momentos.
AYUDAMOS AL CRECIMIENTO
Defender la cosecha de las plagas, del viento, del excesivo calor o frío es también tarea imprescindible en un huerto. En el huerto del colegio todo es ecológico y por eso los fertilizantes se confeccionan de forma natural.
Nos damos cuenta de lo necesario que es la ayuda y trabajamos la generosidad y el cuidado. Desarrollamos el sentid o de la fraternidad pues aportamos de nuestra parte y recibimos los frutos a cambio.

RECOGEMOS LA COSECHA
Es éste quizás el momento más esperado por el alumnado. Es el premio que conlleva la alegría de recibir el fruto del trabajo. Y se convierte en una fiesta y en un orgullo pues luego esa cosecha llevada a casa es motivo de celebración con la familia. Es un acto alegre.
Trabajamos la importancia de estar alegres y brillar con alegría. “Vosotros sois la sal de la tierra”.

REPARTIMOS CON JUSTICIA
Normalmente los niños tienden a ser egoístas cuando se reparten cosas y es labor de la familia y del entorno escolar saber educar este aspecto.
Que todos tengan por igual; si hay poco pues menos, si hay mucho pues más.
En el milagro de la multiplicación de los panes y peces todos comieron e incluso sobró.
Y cuando Jesús preguntó que tenían para comer aquél apóstol no dudó en ofrecer lo que llevaba para ponerlo a disposición de todos aunque fuera poco.
LAS FLORES NOS AYUDAN Y LOS PÁJAROS NOS PREMIAN
Toca trabajar los sentidos. El olfato, la vista, el tacto, el oído y el gusto. Todo un derroche de sensaciones que las flores y los pájaros nos aportan.
Dios viste tan hermosamente a las flores del campo, que son frágiles y pasajeras, con mayor razón cuidará de las necesidades de las personas.
En Mateo 6, 28-29:
“Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.”
Aprovechamos para trabajar algunos santos que nos acercan a la naturaleza como son san Francisco o san Antonio de Padua.
EL COMPOST
Todo se aprovecha y todo vuelve a la naturaleza. Trabajar el reciclaje también es posible en el huerto. Lo orgánico es valioso y aprender a usarlo en el huerto nos hace ser más responsables con el entorno y la madre tierra. Trabajamos además otros contenidos de otras materias como conocimiento del medio.
Darnos cuenta de que todo cuenta es importante para despertar en nuestro alumnado el valor de las cosas.
Trabajamos además el valor del servicio recordando además a tantas personas que dan su servicio y su tiempo por los demás. El servicio a los más débiles.
PREPARAMOS RICAS RECETAS
Y ahora, en este nuevo curso vamos a innovar realizando recetas con lo que el huerto nos da. El colegio cuenta con un aula multidisciplinar que está a punto de ser terminada. En ella hay un espacio de cocina, con su horno, vitro, nevera y utensilios necesarios para realizar ricas recetas. ¡Qué alegría poder cocinar lo que hemos plantado, cuidado y cultivado!
Es la recompensa al esfuerzo. Dios da al esfuerzo su mérito. Así cocinamos sanamente y compartimos con el resto de la comunidad educativa.
DEJAR DESCANSAR LA TIERRA
Y el séptimo día descansó. (Génesis 1, 1-23).
Trabajamos así la Creación y la necesidad del descanso para poder continuar y volver a empezar de nuevo.
Como los seres humanos necesitamos el descanso así la madre tierra necesita respirar.
Milagrosa Peña Alonso
Ceip Carlos Socas Muñoz
Ingenio. Gran Canaria.
Si quieres compartir alguna experiencia didáctica la puedes enviar a bati_chati@hotmail.com y valoraremos gustosamente sus posibilidades de publicación.

