Teologías para ateos: un arsenal de historias para la clase de Religión
Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el almaes un libro escrito por el columnista más leído de México,Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como"Catón". Todos los profesores de Religión pueden encontrar en él abundante material para su propia reflexión e historias de todo tipo para sus alumnos de cualquier curso.
Armando Fuentes Aguirre, más conocido como«Catón», es un reconocido periodista, escritor y conferenciante mexicano que a sus 80 años publicó el libro Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el alma, editado en 2018 por el sello Diana, del Grupo Editorial Planeta de México. Creemos que el libro es muy sugerente para todos los profesores de Religión, que pueden encontrar en él abundante material para su propia reflexión e historias de todo tipo para sus alumnos de cualquier curso.Y también pueden ponerlo en manos de los alumnos de cursos superiores, lo que les llevará a establecer diálogos muy abiertos e interesantes sobre la religión y a profundizar en sus planteamientos religiosos.
La obra se caracteriza por combinar un estilo ameno, lleno de humor y picardía, con profundas reflexiones filosóficas sobre la existencia y muy sensatas sugerencias sobre la vida y la religión.El libro ha sido descrito como una obra que busca acercar la reflexión teológica o existencial a cualquier lector, creyente o no.

Puntos clave del libro
- Temática: El libro explora preguntas fundamentales sobre la existencia de Dios, el alma, la eternidad y lo que hay más allá de la muerte.
- Enfoque: A pesar del título, no es un tratado ateo tradicional, sino más bien una serie de reflexiones personales y agudas del autor sobre la fe, la duda y la espiritualidad, narradas desde una perspectiva humanista. En él aborda temas sobre Dios, la eternidad, el alma, la muerte…
- Estilo: «Catón» utiliza la anécdota, el humor mexicano y la sencillez para abordar temas complejos, intentando desmitificar la tragedia de la muerte.
- Origen: El autor plantea estas reflexiones a partir de preguntas sencillas que él mismo tuvo desde niño sobre Dios y el más allá.
- Publicación: Editado por Editorial Diana (Grupo Planeta), de México, en 2018.
Dedicatoria y presentación de la obra
El libro lleva esta dedicatoria, que refleja mucho de sus intenciones:
«A los que creen, porque creen.
A los que no creen, porque creen que no creen».
Y reproducimos también el Umbral, en el que podemos descubrir el origen y sentido del libro. Dice así:
UMBRAL
–¿Dónde está Dios?
–Dios está en el cielo, en la tierra y en todo lugar.
Doña Liberata, la piadosa abuela, sonríe satisfecha: su nieto aprende bien el catecismo.
Pero he aquí que el niño pregunta de repente:
–Mamá Lata, ¿también está en el común?
Eso de «el común» era un eufemismo que se empleaba para nombrar el excusado.
Ahora la abuela no sonríe. Se vuelve hacia su hija, la madre del chiquillo, y le dice llena de preocupación:
–¡Ay, Carmen! Quién sabe qué irá a ser de esta criatura. ¡Piensa demasiado!
Esa criatura soy yo, el interrogativo nieto de aquella santa mujer que fue la abuela Liberata, quien desde entonces supo que mi vida transcurriría entre penseques, vale decir entre confusiones, yerros y vacilaciones.
De aquella inocente pregunta, y de muchas más, nacieron las páginas que siguen. En ellas, late el sentimiento –el presentimiento– de ese ser llamado Dios, que para doña Lata era tan claro como el día y para mí tiene los misterios que se levantan en la noche oscura del alma.
Quisiera yo tener la fe del carbonero o la incredulidad de los escépticos, pero carezco de ambas certidumbres: la del sí y la del no. Navego por los siete mares de la duda. Y, sin embargo, miro a lo lejos una luz. Sé que es difícil probar la existencia de Dios, pero entiendo que es más difícil aún probar su inexistencia. Los teólogos mayores se han esforzado a lo largo de los siglos en explicar a Dios. La más pequeña de sus criaturas lo explica mejor.
Yo creo, pero dudo. Dicho mejor: yo dudo, pero creo. Esto es decir que, pese a todo, tengo fe. No merezco ese don; más bien, merezco las tristezas del escepticismo. Por eso agradezco más la estremecida llama que va en mí y que ninguna tormenta interior ha conseguido nunca apagar.
El Dios en que creo es Dios de amor. Es el Amor. No es un Dios a mi medida, sino a la suya. Y su medida es la misericordia. Ese Dios nos ama a todos. Su amor es como el universo que creó: infinito. Quiero pensar, sin embargo, que ama con especial predilección a los niños y a los viejos. A los niños, porque acaban de salir de sus manos. A los viejos, porque nos vamos acercando ya a sus brazos.
Este libro mío, quizá el último, es profesión de fe, plegaria de esperanza y declaración de amor. Quizás algunas de las cosas que aquí digo habrían puesto escándalo en mi franciscana abuela, pero son el balbuceo de un hombre desvalido; ciego a la luz, sordo a la Palabra y mudo ante el misterio. Me justifica que yo también creo en lo absurdo. Su presencia me salva de todas las ausencias.
Estas páginas son el retrato de aquel niño que preguntaba, y que aún sigue preguntando.
Quién sabe qué ira a ser de esa criatura.
Armando Fuentes Aguirre, Catón
En Saltillo, Coahuila, México.
Durante el verano de 2018.
Contenido del libro
El libro está compuesto por breves historias para descubrir la vida y para descubrir a Dios en la vida.La mayoría de ellas ocupa media página o algo menos, y ninguna pasa de la página entera.
Las historias van sucediéndose y entremezclándose, pues cada una es autónoma de por sí, aunque hay algunos personajes y situaciones que se repiten en decenas de historias:
- Breves y sencillas historiasde diverso tipo muy aptas para reflexionar.
- Conversaciones del padre Soárez con el Cristo de su Iglesia: la visión de Jesús.
- Conversaciones del maestro Hu-Ssong con algunos de sus discípulos.
- Historias de la creación del mundo: situaciones actuales vividas –y vistas– desde el origen de los tiempos.Muchas y muy sugerentes.
- Historias de San Virila(que vive en un convento, “que sabía mucho porque era muy anciano”, que hace milagros y escucha).
- Los momentos de Jean Cusset, “ateo con excepción de las veces que…” (y presenta situaciones reales de la vida)”. Volveremos sobre ello.
- Resumen de artículos –figurados– de Malbéne en diversas revistas de teología. Nótese el nombre: Mal-Bien.
- Historias de John Dee, hombre escocés de corte técnico.
- Conversaciones de un niño con su padre
- Breves reflexiones (“De la envidia líbrame, Señor”, por ejemplo)
- Variaciones sobre el tema de don Juan
- Personas a quienes le habría gustado conocer (Karl Barth, Miss Louella Brighton, Rafael Cansino-Anssens, San Felipe Neri, Santiago Ramón y Cajal…)
- Cuentos judíos de IsaiahBerlin.
- Santos de los que no se oye hablar (San Vitelio de Cartujo) y anécdotas de algunos personajes conocidos.
Estas breves historias son reflexiones entrañables, claras, abiertas… que ayudan a descubrir la vida y a descubrir a Dios en la vida.
El autor habla de sí mismo
Resumimos algunas de las declaraciones del autor a raíz de la presentación del libro.
Origen lector:“Yo crecí en un hogar donde había libros. Mi casa era muy sencilla, tenía pisos de ladrillo de barro, paredes de adobe, techos de terrado, pero tengo una memoria vívida de la niñez: recuerdo que de niño, de siete u ocho años, iba a las casas de mis amiguitos ricos, el hijo del banquero, del comerciante próspero, del magnate industrial, vivían en mansiones, pisos de mosaico, paredes enyesadas, techos de tejas, y sin embargo salía yo compadeciendo a quienes vivían en esas mansiones, pensaba ‘han de ser pobres, no tienen libros’, y no me equivocaba, eran pobres, lo único que tenían era dinero y en mi casa había libros, que eran a mis ojos de niño una gran riqueza, un lujo que mis padres podían darme”.
En 1963, con 26 años comenzó a escribir su primera columna:«”Mirador” gustaba mucho, como sigue gustando todavía, pero me di cuenta que tenía un público muy acotado, la leía un lector adulto, del sexo masculino, de edad de 30 años hacia arriba y con preparación de preparatoria hacia arriba; vale decir que era una columna que leían los fifís. Yo me di cuenta que estaba fallando como comunicador, no me leían los jóvenes, no me leían las mujeres, y no me leía ese vastísimo sector que era el pueblo bueno y sabio».
En 1975 surgió la picardía en “De política y cosas peores’ que “Catón” empezó a entregar al periódico Vanguardiade Saltillo:«Entonces pensé en una fórmula que me permitiera llegar a todo ese público que no me leía, y pensé, ¿qué le puede gustar a todos, a los jóvenes, las mujeres y al pueblo? Bueno, a todo el mundo le gusta reír, entonces la columna debe llevar algo de humor; segundo, a todo mundo le gusta o al menos le interesa el sexo, tiene que llevar algo de picardía, picosita, no picosota; y, luego, vivimos en un país donde todo lo determina la política, entonces debe llevar algo de política. Con esos ingredientes preparé una columna y le puse ‘De política y cosas peores’, desde el primer día fue un hitazo, esa columna me ha dado de comer y les ha dado a mi esposa y a mis hijos de comer. Y ahí sigo con un gran deleite, estoy esperando a que amanezca para levantarme a escribir».
Y usa el humor mexicano: «El humor se nos da muy bien a los mexicanos. En presencia de una tragedia los argentinos hacen un tango, y los mexicanos hacemos un chiste. De la mayor tragedia posible hacemos un chiste. Un chiste no es para evadirnos de la realidad, al contrario, es para enfrentarla, para decirle ‘por dura que seas me vas a encontrar aquí, frente a ti, haciéndote frente’; los mexicanos sabemos reír, y cosa más importante aún, sabemos reír de nosotros mismos, y eso implica inteligencia y también sabiduría de la vida. Tenemos el gozo de vivir, sabemos disfrutar la vida. San Francisco de Sales decía ‘un santo triste es un triste santo’; entonces, debemos vivir la alegría de vivir, por eso hay humor en mis columnas, para compartir con el prójimo el gozo de vivir».

Después de otros muchos libros, en 2018 sacó Teologías para ateos: «Quisiera yo tener la fe del carbonero o la incredulidad de los escépticos, pero carezco de ambas certidumbres: la del sí y la del no. Navego por los siete mares de la duda».
Y advirtió sobre el origen de su propuesta: «Pienso que todos, en el fondo de nosotros mismos, sentimos la presencia de algo que es superior a nosotros, algunos le llaman Dios y otros quedan mudos ante el misterio; pero sea como sea, ahí está esa presencia, es lo que trato de decir en mi libro y de decirlo con amenidad, es la cortesía mínima que un escritor debe tener hacia sus lectores, no aburrirlos, eso es pecado mortal».
Finalmente, tal como en sus columnas y libros, ni Dios se salva de su picardía: «En Teologías para ateos intenté tratar sin solemnidad los temas más solemnes: Dios, la vida, la muerte y el amor; casi todo eso es lo mismo, es un solo ser. Quise entrar dentro de las enormes limitaciones que tengo en ese misterio y compartirlo
Quien quiera profundizar en lo que piensa el autor y su libro, puede escuchar la entrevista que los mexicanos Daniel Emilio Pacheco y Gilberto Pérez Castillo le hicieron a«Catón» sobre su libro Teologías para ateos.«Como siempre vale la pena escuchar a Catón y vale la pena leer este libro. Aquí te decimos por qué».

