No hay modelo educativo sin un soporte conceptual que le da sentido y que siempre se ha expresado a través de relatos y metáforas. En muchas culturas, los mitos han definido la estructura del ser humano, sus dinamismos de crecimiento y su lugar en el mundo. La religión no se entiende sin los relatos que iluminan los grandes interrogantes del ser humano, su lugar en el universo y, por supuesto, cómo llegar a la plenitud. Las finalidades del modelo educativo judío es que el niño adquiera la sabiduría necesaria para vivir una vida plena y tenga un sentido de pertenencia fuerte. Para ello, debe conocer los relatos bíblicos, tener la capacidad de interpretar la ley y celebrar con sentido las fiestas religiosas. Hay un modelo de hombre justo y una propuesta de sociedad, la “Nueva Jerusalén”, donde reina el derecho y la justicia. Para ello, es importante la transmisión de las tradiciones religiosas y culturales en la familia, el aprendizaje del hebreo y la participación activa en los ritos y fiestas. En la propuesta cristiana, el modelo de hombre justo es Jesucristo, el punto de partida y el hilo conductor de toda la existencia cristiana. La percepción de la realidad, la memoria, los afectos, el sentido de la vida y la voluntad convergen en Cristo, que alcanza con la ayuda de la gracia “la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef 4,13).
Pablo sabe por experiencia que la persona que se ha encontrado con Cristo es “como si hubiera vuelto a nacer, una criatura nueva, un hombre nuevo” (2 Co 5,17). Confiesa que ha encontrado el verdadero y definitivo sentido de su vida gracias al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. En un sentido profundamente cierto en el encuentro con Cristo ha sido recreado. La profundidad de la relación interpersonal de Pablo con Cristo queda expresada de forma difícilmente superable en la siguiente fórmula: “Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2,20). Con el conocimiento de Cristo, Pablo invierte sus intereses y la jerarquía de valores que tenía en su vida pasada: “Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida comparado con Cristo, más aún, todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía (la de la ley) sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe” (Flp 3,7-9). El apóstol es un hombre nuevo, radicalmente transformado, identificado con Jesús.
La predicación de Pablo movió a muchos a seguir a Jesús como Señor y Salvador. Como el sembrador, plantó la semilla en tierra buena y dio mucho fruto. Fue un instrumento de Dios para la conversión de muchos y los congregó en comunidades donde escuchaban la enseñanza de los apóstoles, celebraban la cena del Señor, oraban juntos y compartían los bienes. La pequeña comunidad se constituyó en una escuela donde los que habían aceptado la fe se iban configurando poco a poco con Cristo y hacían presente los valores del reino de Dios.
El catecumenado, modelo eficaz
Pronto, fue necesario desarrollar una pedagogía adecuada que ayudara a los que habían acogido el evangelio a crecer en identificación con Cristo y a vivir en comunidad. El catecumenado fue una modelo muy eficaz de crecimiento en la identidad cristiana. Desde que la persona manifestaba su deseo de seguir a Cristo, se le proponía un itinerario de experiencias que le ayudaban en su crecimiento espiritual. En este camino, era muy importante ser acompañado en el descubrimiento de los misterios de la fe y en la práctica de las obras de misericordia. Cuando el catecúmeno estaba preparado y tenía signos claros de un cambio de vida, recibía el bautismo y se integraba en la comunidad con la eucaristía. En la escuela católica se transmite una cultura con valores evangélicos y se acompaña a los alumnos a una fe más consciente y adulta, a la estatura de Cristo. Por ello, conocer la estructura y dinamismo del catecumenado puede ayudar a entender mejor el rol del maestro, los contenidos, las metodologías y la organización.
Conocer la estructura y dinamismo del catecumenado puede ayudar a entender mejor el rol del maestro

