La cruz que representa a todos. Un texto de la judía y atea Natalia Ginzburg
La escritora italiana de origen judío y atea, Natalia Ginzburg, reflexionó a lo largo de su vida sobre la figura de Jesús y el símbolo de la cruz desde una perspectiva humanista. En 1988 escribió un artículo sobre la cruz en el periódico L’Unitàcon el que podemos trabajar en la clase de Religión, especialmente antes de la Semana Santa.
NATALIA GINZBURG
Natalia Ginzburg (14 de julio de 1914-7 de octubre de 1991), escritora italiana de origen judío y atea, reflexionó sobre la figura de Jesús y el símbolo de la cruz desde una perspectiva humanista. A pesar de su ateísmo, admiraba la enseñanza de igualdad y amor universal de Jesús, y destacaba el valor de la cruz como un misterio de solidaridad y hermandad humana.
Era hija de padre judío y madre católica, aunque no practicantes, y creció en un ambiente secular. Durante el fascismo sufrió discriminación por su origen judío.Ella se definía como atea, pero mostró gran interés y respeto por las figuras religiosas, analizando el cristianismo desde un punto de vista cultural y ético.
En 1964 interpretó a María de Betania (a menudo confundida o asociada con la figura de María Magdalena por la tradición) en la película El Evangelio según San Mateo, dirigida por Pier Paolo Pasolini, película considerada una obra maestra, que se filmó con actores no profesionales y un estilo casi documental, buscando la esencia humana y espiritual del relato. Aquí puede verse el fragmento de la película sobre la unción de Betania.
NATALIA GINZBURG Y LA CRUZ

En sus escritos, Natalia Ginzburga bordó la figura de Jesús y la cruz, no desde la fe, sino desde la admiración por el mensaje de igualdad que este símbolo representa para la humanidad.
En 1983 Natalia Ginzburgfue elegida al Parlamento italiano por el Grupo de los Independientes de Izquierda, donde fue parlamentaria hasta 1987. Un año más tarde, el 22 de marzo, escribió un artículo en L’Unitàa raíz del movimiento que surgió en Italia para eliminar el crucifijo de las escuelas, que comenzaba así: «Dicen que el crucifijo debe ser quitado de las aulas de la escuela». Y diez líneas después resumía su postura: «A mí me disgusta que el crucifijo desaparezca. Si fuese una enseñante, quisiera que en mi case no se tocase…».
Entre nosotros se ha extendido un texto de Natalia Ginzburg sobre la cruz, que es un fragmento resumido de lo que ella dice en el artículo original (Aquí puede verse el artículo original y completo («Quella croce rappresenta tutti»), en L’Unità, del 22 de marzo de1988).
He aquí el fragmento del artículo de Natalia Ginzburg sobre la cruz, de hace casi 40 años, que merece la pena releerlo hoy.
Esa cruz representa a todos
«El crucifijo no genera ninguna discriminación.
Es la imagen de la revolución cristiana,
que difundió por todo el mundo la idea
de igualdad entre hombres, hasta entonces ausente.
La revolución cristiana cambió el mundo.
¿Queremos negar que ella cambió el mundo?
Llevamos casi dos mil años diciendo
«antes de Cristo» y «después de Cristo».
¿O deberíamos dejar de decirlo?
El crucifijo es un símbolo del sufrimiento humano.
La corona de espinas, los clavos evocan su sufrimiento.
La cruz que pensamos en lo alto de la montaña,
es señal de soledad en la muerte.
No conozco ninguna otra señal que dé tan fuertemente
la sensación de nuestro destino humano.
El crucifijo es parte de la historia del mundo.
Para los católicos Jesucristo es el Hijo de Dios.
Para los no católicos, puede ser simplemente una imagen
de alguien que fue vendido, traicionado, martirizado
y murió en la cruz por el amor de Dios y al prójimo.
Un ateo cancela la idea de Dios, pero conserva la idea del prójimo.
Se dirá que muchos han sido vendidos, traicionados y martirizados
por su fe, para las próximas, para las generaciones futuras,
y no hay imagen de ellos en las paredes de las escuelas.
Cierto, pero el crucifijo los representa a todos.
¿Cómo los representa a todos?
Porque antes de Cristo, nadie dijo nunca
que los hombres son iguales y todos hermanos,
ricos y pobres, creyentes y no creyentes,
judíos y no judíos, negros y blancos,
y nadie antes que él dijo que en el centro de nuestra existencia
debemos situar la solidaridad entre los hombres.
Jesucristo llevó la cruz. Todos hemos cargado
sobre nuestros hombros el peso de un gran desastre.
Llamamos a este desastre la cruz, aunque no seamos católicos,
porque la idea de la cruz ha quedado impresa en nuestras mentes
demasiado fuerte y durante muchos siglos.
Algunas palabras de Cristo las pensamos siempre,
y podemos ser seculares, ateos o lo que sea,
pero siempre flotan en nuestros pensamientos por igual.
Él dijo «ama a tu prójimo como a ti mismo».
Fueron palabras ya escritas en el Antiguo Testamento,
pero se convirtieron en la base
de la revolución cristiana.Son la llave de todo…
El crucifijo es parte de la historia del mundo».
Natalia Ginzburg, L’Unità, 22 de marzo de 1988
EN LA CLASE DE RELIGIÓN
- Subrayamos las frases con las que estamos de acuerdo y, con otro color, aquellas que no entendemos o con las que no estamos de acuerdo.
- Resumimos las tres ideas fundamentales que, según cada uno, dice este texto y con las que estamos de acuerdo.
- Al final, a partir de todas esas ideas, elaboramosentre todos un decálogo de la cruz.
- Escribimos o plasmamos ese decálogo en forma original (en forma de cruz o alrededor de una cruz…). Y lo difundimos en las redes sociales que usemos.
- Investigamos: ¿qué presencia de cruces hay en nuestra ciudad, en nuestro entorno…?Hacemos la lista. Y buscamos su origen y su sentido.

