Las palabras de Silvia Abril sobre los jóvenes y la Iglesia católica
Las polémicas palabras de Silvia Abril en la alfombra de la gala de los Goya, sobre los jóvenes y la Iglesia católica, el 28 de febrero de 2026, a raíz de la película Los domingos, han provocado una avalancha de comentarios de famosos y no famosos que podemos abordar desde la clase de Religión.

La actriz y cómica Silvia Abril, también mujer de Andreu Buenafuente, al ser preguntada por Cinemanía sobre qué película le gustaba más de las nominadas a la mejor película de los Goya 2026 (La cena, Los domingos, Maspalomas, Sirat, Sorda), respondió:
«Me quedo con Sorda porque creo que es más necesaria. Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano. Iba a decir lo místico, pero es que no es lo místico. Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren en la fe cristiana. Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado. Se acabó. Se acabó. Vayan saliendo».
Se refería a Los domingos, de Alada Ruiz de Azúa, que tenía 13 nominaciones en total y que ganó cinco, las más importantes.
Su breve respuesta se puede ver aquí.
Estas palabras, difundidas por las redes sociales, tuvieron múltiples reacciones y crearon una gran polémica. No entramos en ella, pero fácilmente se pueden rastrear en la red las reacciones. Una de ellas fue la de Jaime Lorente, uno de los protagonistas de la popular serie La casa de papel, que compartió en Instagram su opinión extrañado por las reacciones tan violentas ante las palabras de Silvia Abril y resumió: «A mí esa religión me ha enseñado a amar y a querer mejor».
Ofrecemos aquí tan solo dos documentos con los que podemos trabajar en al clase de Religión
Una carta abierta de Patxi Bronchalo

El primero es de Patxi Bronchalo, un sacerdote del siglo XXI que utiliza las redes sociales como herramienta para evangelizar (acumula 51.800 seguidores en X, otros tantos en Instagram y 13.600 suscriptores en su canal de Youtube). Desde 2024 es párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Butarque, en Leganés, y capellán en la Universidad Carlos III de la misma ciudad. Antes de eso, pasó trece años en la parroquia de la Asunción de Valdemoro.
El 3 de marzo de 2026 escribió en las páginas de El Debate –donde colabora habitualmente– una carta abierta a la actriz Silvia Abril, a raíz de sus palabras en la alfombra roja de los Premios Goya, celebrados tres días antes. La carta también se ha hecho viral. Es esta:
Cara de un cura de barrio a Silvia Abril.
Estimada Silvia:
Me llamo Francisco Javier. Soy un sacerdote del montón que vive y trabaja en un barrio obrero del sur de Madrid, en Leganés. En mi día a día no hay focos ni maquillaje; aquí la vida es muy auténtica. Me dedico a estar con gente que sufre mucho, a escuchar a quien no duerme por la ansiedad de los problemas, a consolar a quien ha perdido a alguien querido y a dar esperanza a quien ya no ve salida. Como mis compañeros, trato de ayudar a todo el que lo pide.
He escuchado unas declaraciones suyas en la gala de los premios Goya en las que, entre otras cosas, dijo: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano; me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana». Por eso me he animado a escribirle y contarle algunas cosas.
Hace menos de un mes celebré un funeral de cuerpo presente por un hombre de cincuenta años que murió de manera repentina. Infarto. Aún tengo grabados a su padre y a su madre llorando desconsolados delante del féretro, y la cara de angustia de su mujer y de sus dos hijos, que han quedado huérfanos. Fue duro. Les dije que, si existe la sed, es porque existe el agua; y que, si existe el deseo de volver a abrazar a las personas que queremos, es porque existe el Cielo. Les anuncié que seguimos a un Dios que conoce el camino para salir de la tumba. Hace unos días su mujer me dio las gracias porque aquella oración era lo único que le había dado esperanza. Al ver sus declaraciones pensé que usted podría haber venido conmigo al tanatorio y, mirando a sus hijos a los ojos, haberles dicho: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Y luego, a su viuda y a sus padres: «Me da pena que necesiten creer en algo y se agarren a la fe cristiana».
La última vez que asistí de cerca a la muerte de una niña fue el año pasado. La planta de oncología infantil del hospital estaba decorada con cariño para dar algo de luz en medio del sufrimiento de aquellos pequeños. Sus padres me llamaron. Estuve hablando largo rato con ellos. Me emocioné cuando su madre me dijo que la niña había dicho que sabía que iba a estar bien porque iba «con Jesús». Después le administré la unción y rezamos juntos en familia. Volví por los pasillos secándome las lágrimas. Aún la recuerdo riendo con su pañuelo en la cabeza. Murió unos días después. ¿Sabe qué, Silvia? He pensado que quizá le hubiera gustado estar allí para decirle aquello de: «Me niego a aceptar que la juventud que sube tenga esa carencia y esa tirada hacia lo cristiano». Hoy sus padres siguen adelante con un dolor inmenso y también con esperanza; incluso han recibido el regalo de otra hija. ¿Se atrevería usted a venir conmigo un día a verles y repetirles que le da pena que necesiten creer en algo?
Usted dijo también: «Lo siento por la Iglesia, menudo chiringuito tenéis montado». ¿Sabe algo? En este barrio donde estoy no hay alfombras rojas ni se celebran galas. No hay salas VIP ni trajes de noche. Sí que hay camareros inmigrantes, pero aquí suelen servir café en las mesas, no están con bandejas llevando cócteles y aperitivos gourmet en las fiestas. Soy feliz aquí, quiero a este barrio. La invito a venir, Silvia. Véngase a mi «chiringuito» parroquial y quédese una mañana conmigo visitando a los enfermos que ya no pueden salir a la calle porque viven en edificios sin ascensor. Escuche las historias de mujeres que están solas porque sus hijos no las visitan nunca. Oiga a hombres que viven con la herida de haber perdido hijos por la droga o el alcohol. Puede ofrecerles alguno de esos consejos que se dicen en televisión. Después, por la tarde, acompáñenos con las voluntarias de Cáritas repartiendo alimentos a familias inmigrantes. No tenemos photocall, pero puede ayudar a repartir cajas de fruta, puede mirarlas y escuchar sus historias, y comparta con ellas sus recetas sobre la fe.
O quédese conmigo atendiendo a jóvenes que no logran salir de una adicción, que sufren por la ruptura de sus familias o por la angustia de no poder independizarse. Estarán encantados de escuchar sus soluciones. Luego le invito a quedarse en Misa con nosotros. Y no voy a cobrarle nada. En mi «chiringuito» no entra un solo céntimo de quien no quiere darlo libremente en la declaración de la renta. En cambio, de los impuestos que yo pago, una parte irá a sus películas, lo quiera yo o no.
¿Sabe por qué muchos jóvenes, y también adultos, vuelven a lo cristiano? No es que volver sea una carencia. Es que tienen carencias porque han crecido rodeados de cosas, pero vacíos de sentido. Mucha gente de las generaciones anteriores les han dado de todo pero les han negado lo más importante. Cuando alguien tiene frío, busca un refugio donde haya fuego, ese fuego que a veces se les ocultó. Necesitan creer porque, como usted y como yo, sufren, lloran, se angustian, tienen miedo y experimentan debilidad. Porque ven la vida con profundidad y no se conforman con que sea solo lo que se les ha ofrecido. Sus declaraciones suenan a cierta superioridad moral, como si ser frágil y apoyarse en la fe fuera algo vergonzoso, como si tuviéramos que ser superhéroes perfectos que nunca fallan. Y luego nos preguntamos por qué la salud mental es un problema creciente.
Sinceramente, hoy rezaré por usted.
Que tenga un buen día.
Francisco Javier Bronchalo, cura de barrio.
El Debate, 3 de marzo de 2026
En la clase de Religión
- Leer el texto con detenimiento. [Además de lo reproducido aquí, se puede ver en el original y ofrecérselo a todos]. ¿Qué tres ideas nos llaman la atención?
- Lo releemos y subrayamos las frases con las que estemos más de acuerdo. Elegimos tres de ellas.
- Subrayamos también con otro color las frases que no nos parecen adecuadas o con las que no estamos de acuerdo, si las hay. Elegimos tres.
- Qué otras frases le diríamos a la actriz? ¿Por qué?
- Lo ponemos todo en común y sacamos conclusiones.
- Podemos profundizar en todo esto leyendo la entrevista de Alex Navajas a Patxi Bronchalo, el autor de la carta, de dos después. En ella comenta este texto y comenta el origen de la carta, y habla sobre “los dogmas ateos”. Y dice al final: «Lo que más hacemos los curas en los pueblos, en los barrios, es escuchar, es acompañar, es estar cerca, en realidades muy difíciles».
Una reflexión de Manuel del Rosal
El salesiano cordobés Manuel del Rosal, que ahora está en la comunidad de Algeciras, reaccionó también en Facebook el 2 de marzo de 2026 a las 9:22 con una reflexión que reproducimos:
[La valentía que supone decir “creo”]
«He escuchado a Silvia Abril decir que le da pena que haya jóvenes que se acerquen a la fe cristiana.
Sinceramente, a mí lo que me da pena es la pobreza del análisis.
Reducir la fe a una carencia emocional es no haber entendido nada. Nada de la libertad con la que hoy muchos jóvenes creen. Nada del contexto cultural en el que lo hacen. Nada de la valentía que supone decir “creo” cuando lo cómodo es callar o sumarse a la burla fácil.
Porque hoy la fe no da prestigio. No suma seguidores. No queda moderna. Y, sin embargo, hay jóvenes que buscan sentido, que se hacen preguntas profundas, que no se conforman con lo superficial. Que leen, que piensan, que dudan, que dialogan… y que finalmente creen.
Eso no es fragilidad.
Eso es madurez.
Se puede no compartir la fe cristiana. Faltaría más. Se puede criticar a la Iglesia —y debemos escuchar las críticas—. Pero mirar con condescendencia a quienes creen no es espíritu crítico: es simpleza revestida de modernidad.
La fe cristiana ha generado pensamiento, arte, universidades, hospitales, compromiso social y una visión del ser humano que ha transformado la historia. Despacharla como algo “que da pena” dice más de quien la juzga que de quienes la viven.
Yo no siento ofensa. Siento orgullo.
Orgullo de esos jóvenes que rezan, que sirven, que se comprometen, que intentan vivir el Evangelio en un ambiente que muchas veces se ríe de ellos. Orgullo de los que creen no porque “necesiten agarrarse a algo”, sino porque han descubierto que la fe les ensancha la vida y les hace más libres.
Si alguien siente pena por ellos, quizá es porque no ha entendido la fuerza interior que hace falta para creer hoy.
Yo, en cambio, doy gracias por ellos.
Porque no son el problema.
Son la esperanza».
En la clase de Religión
- Leer el texto con detenimiento. ¿Qué tres ideas nos llaman la atención?
- Podemos seguir el mismo proceso que con el documento anterior eligiendo las frases con las que estemos más de acuerdo y la que no nos parecen adecuadas. Y sacamos conclusiones.
- Como resumen de todo lo realizado, cada uno –o cada grupo– escribe un breve comentario ante las palabras de la actriz… ¡Qué bueno si este comentario se hace público!


Para mí los jóvenes que son valientes y no tienen miedo a decir que son Cristianos y no se dejan influir por personas cómo Silvia Abril ,, su valentía contagia a otros jóvenes y les ayudan en momentos difíciles.
Hoy tenemos que contagiar a los jóvenes el ser Cristianos y no dejarse guiar por esas personas que lo único que pretenden es hundir el Cristianismo.
Totalmente de acuerdo, M. Carmen.
Un saludo