Carlos Esteban: un decálogo de Magnifica humanitas para los profesores de Religión
La primera encíclica de León XIV ha confirmado la enseñanza social de la Iglesia y nos invita a “custodiar una magnífica humanidad habitada por Dios en un tiempo de inteligencia artificial”, una tarea compartida por todos, pero con especial resonancia para la clase de Religión.
Como propuesta para comprender y explicar la encíclica de León XIV en las clases de Religión, también nos puede ayudar formular una síntesis de la visión cristiana de la vida en diálogo con la cultura actual, proponemos un decálogo de Magnifica humanitas que responde precisamente a los valores que la clase de Religión propone como una de sus finalidades propias. Son valores personales, sociales, culturales, pero son también propuestas de sentido para la vida de las personas y los pueblos.
Magnifica humanitas es una oportunidad para los profesores de Religión porque bien podría ser un compendio de lo que hay que enseñar en nuestras clases. No es una síntesis del mensaje cristiano completa, pero sí contiene lo esencial de los valores y principios de la enseñanza social de la Iglesia tan vinculados al currículo de Religión Católica. Como explica León XIV en su propio texto, esta enseñanza es más bien una “teología de la comunión en la historia” (27) que orienta el diálogo de la fe con la cultura.
León XIII publicó Rerum novarum el 15 de mayo de 1891, con aquella encíclica comenzó la enseñanza social de la Iglesia promoviendo la dignidad humana en las cuestiones sociales propias de revolución industrial. Ahora, 135 años después, el 15 de mayo de 2026, León XIV firmó su primera encíclica Magnifica humanitas con la que da continuidad a las enseñanzas sociales de la Iglesia y reafirma la dignidad humana en tiempos de la revolución digital y de la inteligencia artificial. El llamamiento de Magnifica humanitas es custodiar “una magnífica humanidad habitada por Dios”, promoviendo la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la “guerra justa”, relanzando el diálogo que la IA sirva a la humanidad y no al poder de unos pocos.
Magnifica humanitas asume con clarividencia que la tecnología no es una “fuerza antagonista respecto a la persona” (4), ni es “de por sí un mal” (9). Sin embargo, “no es neutral, porque asume el rostro de quien la piensa, la financia, la regula y la utiliza”. De ahí el llamamiento del León XIV a “construir en el bien” y a “permanecer humanos” siguiendo las enseñanzas sociales de Caritas in veritate (2009) de Benedicto XVI, Laudato si (2015) y Fratelli tutti (2020) de Francisco, entre otros documentos pontificios.
Diez claves de Magnifica humanitas para la ERE.
- Se fortalece la enseñanza social de la Iglesia
El primer capítulo de Magnifica humanitas, el Papa recorre las enseñanzas sociales del magisterio reciente y del Concilio Vaticano II poniendo de relieve “su carácter dinámico” fiel al Evangelio (17). Más que normas, explica León XIV, la DSI es una teología de la historia que orienta una lectura creyente de la realidad.
- Dignidad humana desde la revolución industrial a la inteligencia artificial
El Papa León XIV afronta uno de los principales desafíos de la época contemporánea: la inteligencia artificial. Su propuesta es clara: todos somos responsables de “custodiar la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.
- Primer principio de la DSI: el bien común
En el segundo capítulo, León XIV describe cinco principios y valores de la Doctrina Social de la Iglesia. El primero de ellos es el bien común: “forma social de la dignidad reconocida a cada uno” (59). La promoción del bien común está vinculada al derecho de los pueblos a existir, a su propia identidad y se califica de inmoral e inaceptable cualquier proyecto de eliminar o someter a una nación.
- El segundo principio de la DSI: el destino universal de los bienes
El segundo principio se refiere al destino universal de los bienes pidiendo que la tecnología no quede en manos de unos pocos. León XIV insiste en la necesidad de que las tecnologías no estén concentradas en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre incluidos y excluidos de la revolución digital (67).
- El tercer principio de la DSI: la subsidiariedad
Otro principio para la organización social y política de los pueblos y las naciones es la subsidiariedad (68). Se solicita superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad y la solidaridad, principios y virtudes que se opone a la indiferencia.
- El cuarto principio de la DSI: la solidaridad
Muy vinculado a la subsidiariedad se propone la solidaridad (73) entre las personas y los pueblos para construir la casa común y la fraternidad humana. León XIV apunta al modo como las sociedades tratan a los migrantes para valorar “si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad”. Llama a cuidar “el derecho a la esperanza” de quienes se ven obligados a partir (81).
- El quinto principio de la DSI: la justicia social
El quinto principio de la DSI es la justicia social que la encíclica aplica en concreto a este tiempo digital: debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación y someter al control público el uso de las tecnologías.
- Los principios de la DSI aplican, en primer lugar, a la Iglesia
León XIV entiende que estos cinco principios están dirigidos en primer término a la propia Iglesia, es una llamada a “un examen de conciencia” y a escuchar a las “víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia”, ya que ello “forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la justa reparación y la prevención” (89).
- Un código ético para la IA
El tercer capítulo, técnica y dominio, subraya que es necesario acercarse a la IA de manera vigilante, manteniendo las responsabilidades en todas sus fases apostando por marcos jurídicos inspirados en códigos éticos. “No sirve una IA más moral si esa moral es decidida por unos pocos” (107). “Hay que desarmar la IA” —prosigue León XIV— para sustraerla a la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para liberarla de los monopolios e impedir que domine lo humano.
En el cuarto capítulo se reivindica una ecología de la comunicación, la dignidad del trabajo, las nuevas esclavitudes y colonialismos. Se dedica amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del post humanismo, que interpretan el progreso como superación de los límites de lo humano. Hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad “no debe ser sustituida ni superada”.
- Ningún algoritmo hace moralmente aceptable la guerra
En el quinto capítulo León XIV dirige su mirada hacia la guerra: “la revolución digital está modificando la gramática de los conflictos” y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una “opción inmediata y practicable” (182-183). En la base de todo se encuentra una “cultura del poder” que normaliza la guerra y favorece el rearme. Es necesario superar la teoría de la “guerra justa”, promoviendo el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

