Proyecto de vida en clase de Religión
Seguramente de pequeño le preguntaron sobre qué le gustaría ser de mayor. Con más probabilidad, ya de preadolescente, le hicieron la misma pregunta. Y, finalizando la etapa escolar obligatoria, se cuestionó sobre qué carrera quería estudiar o a qué le gustaría dedicarse. En la etapa de juventud es muy habitual plantearse uno mismo qué quiere hacer con su vida, qué rumbo tomar, hacia dónde dirigirla, qué objetivos quiere alcanzar, etc.
Todo en la vida es un camino constante hacia la búsqueda de la felicidad. A veces, estos momentos de reflexión son realizados a conciencia para sondear los posibles itinerarios en ese camino; en otras ocasiones, son provocados por los vaivenes de la propia vida, que nos interpela y nos obliga a replantearnos la ruta que queremos seguir, adentrándonos en otros senderos.
De una forma u otra, en un tiempo u otro, siempre hay un espacio en el que nos planteamos qué queremos hacer con nuestra vida. ¿Por qué no adelantarnos a los acontecimientos y favorecer en nuestro alumnado esa reflexión?
Usted tenía claro que quería ser docente: eso le hace feliz a pesar de las dificultades, se siente una persona realizada que tiene la suerte de trabajar en lo que siempre le ha gustado. Esa es la vocación. Si la vocación es algo que realmente nos hace felices y le da sentido a nuestra vida, ¿no tiene cabida en nuestras clases capacitar al alumnado para que descubra su propia vocación? Tener metas en la vida es una buena forma para motivarse y sacar lo mejor de cada uno, aunque no siempre sea fácil encontrar el camino y, mucho menos, alcanzar dichas metas. Por eso es importante plantearse un proyecto de vida, un plan que permita identificar los objetivos que desea lograr y un plan para conseguirlo.
La idea de futuro de cada persona depende de la educación recibida, en la familia y en la escuela, de los valores adquiridos, de la propia personalidad y de la confianza en el potencial y capacidades de cada uno. Esto provoca un impulso de autosuperación y el logro de todos los objetivos propuestos.
Por ello, un proyecto de vida también implica esfuerzo, resiliencia, autoconocimiento, etc. Cambiará con el tiempo, seguro; tampoco se elabora en unos minutos, exige una reflexión sosegada; pero bien merece la pena comenzar su diseño.
En este artículo abordaremos qué es un proyecto de vida y cómo plantear en clase un esquema de trabajo para que el alumnado descubra cómo dibujar su plan de vida.
¿Qué es un proyecto de vida?
Un proyecto de vida es un plan a medio o largo plazo que realiza una persona para alcanzar sus objetivos en la vida. De ahí que también sea conocido como plan de vida, porque indica la orientación y el sentido que una persona le quiere dar a su vida. Está muy asociado al concepto de desarrollo personal. Normalmente, se materializa en un documento que incluye los objetivos personales junto con las acciones necesarias para conseguirlas.
Los proyectos de vida sirven para proporcionarnos conocimiento sobre nosotros mismos con el fin de plantear, de forma realista, nuestras metas y poder alcanzarlas, hallar el sentido de nuestra vida o la vocación personal.
El proyecto de vida no tiene edad ni caduca. Cuando se es niño, servirá para plantearse objetivos a corto plazo e ir desarrollando el autoconocimiento y la capacidad de reflexión sobre su vida. Si la persona posee una edad más avanzada, la experiencia vital contribuye a conocerse mejor y, por tanto, favorece el diseño de un proyecto de medio o largo plazo y, conforme pasa el tiempo, se va enriqueciendo.
Lo más importante de un proyecto de vida es que el objetivo principal coincida con algo que realmente dé sentido a la vida de quien lo realiza. Por ello, solo uno mismo puede hacer su propio proyecto de vida. Y debe tener su proyección en elementos que son parte de nuestro interior y también de nuestro entorno, ya que vivimos con otros y en un contexto determinado. No solo queremos mejorar como personas, sino también construir una sociedad más justa desde nuestros valores cristianos. Y crear nuestro proyecto de vida nos ayuda a tomar conciencia de ello, asumiendo el consejo del papa Francisco cuando señalaba en un mensaje dirigido a los participantes de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa que “es necesario, pues, un verdadero cambio de rumbo, una nueva conciencia de la relación del ser humano consigo mismo, con los demás, con la sociedad, con la creación y con Dios”.
A colación, resulta muy interesante el modelo de los seis niveles neurológicos (cuatro internos y dos externos) desarrollado por el autor estadounidense Robert Dilts, donde se distinguen los diferentes elementos que componen un proyecto de vida: espiritualidad (expresa la identidad trascendental); identidad (define quién soy actualmente, quién quiero ser, cuál es mi objetivo personal); creencias y valores (muestra cuáles son las creencias, actitudes y valores que se quieren desarrollar y cuáles son las que deben cambiar); capacidades (señala las destrezas innatas, las habilidades que ya se han desarrollado y cuáles se quieren desarrollar); acciones (qué actividades se quieren realizar en el día a día y qué se quiere dejar de hacer); medioambiente (cómo es el lugar donde me gustaría vivir, con quiénes quiero convivir y cómo quiero relacionarme con mi entorno).
Estos elementos, además de tenerlos en cuenta en nuestra propuesta didáctica para que el alumnado realice un proyecto de vida (bien sea a corto, medio o largo plazo, según la edad a quien vaya dirigido), también se encuentran muy presentes en las competencias específicas del currículo de Religión Católica.
Fundamentos curriculares del proyecto de vida
Trabajar en el aula de Religión el proyecto vital no solo contribuye al desarrollo integral de la persona como principal objetivo de la educación, sino también favorece la adquisición de competencias específicas enunciadas en el currículo de la asignatura. Identificar la relación que tiene un proyecto de vida como experiencia didáctica con el currículo del área nos aporta la garantía de trabajar distintos elementos curriculares y, por tanto, abordar en el aula contenidos específicos de la asignatura de Religión, dentro de un modelo competencial que se ofrece como espacio de diálogo entre la cultura y la teología cristiana.
Sin duda alguna, la referencia (explícita o no) al proyecto de vida la encontramos principalmente en la competencia específica primera de cada etapa educativa, sin menoscabo a poder relacionarlas con alguna competencia específica más según la etapa. Por ejemplo, en la etapa de Bachillerato se define como: “Comprender y asumir el proyecto vital personal, reconociendo las propias ideas y creencias, contrastándolas con la antropología cristiana y otras cosmovisiones, para insertarse en la vida adulta y en el mundo profesional”.
El proyecto de vida personal madura a partir de las propias raíces y experiencias, y en diálogo con otras ideologías, culturas o religiones que conforman nuestra sociedad actual; desde el conocimiento de las propuestas de la antropología cristiana y su enseñanza social. Elaborar un proyecto de vida permitirá al alumnado ejercer una ciudadanía democrática, con libertad y responsabilidad, con una conciencia cívica en perspectiva local y global, y participar corresponsablemente en la construcción de una sociedad justa y equitativa.
Elaborar el proyecto de vida se conecta con los siguientes descriptores del perfil de salida: CCL1, CCL3, CD1, CPSAA1, CPSAA2, CPSAA4, CPSAA5, CPSAA7, CE2, CE3.
Asimismo, también contribuye al logro de los objetivos de etapa: “Ejercer la ciudadanía democrática, desde una perspectiva global, y adquirir una conciencia cívica responsable, inspirada por los valores de la Constitución española, así como por los derechos humanos, que fomente la corresponsabilidad en la construcción de una sociedad justa y equitativa”; “Consolidar una madurez personal, afectivo-sexual y social que les permita actuar de forma respetuosa, responsable y autónoma y desarrollar su espíritu crítico”; y “Prever, detectar y resolver pacíficamente los conflictos personales, familiares y sociales, así como las posibles situaciones de violencia”.
En Secundaria, encontramos también alusión expresa en la competencia específica primera: “Identificar, valorar y expresar los elementos clave de la dignidad e identidad personal a través de la interpretación de biografías significativas, para asumir la propia dignidad y aceptar la identidad personal, respetar la de los otros y desarrollar con libertad un proyecto de vida con sentido”. Se conecta con los descriptores del perfil de salida: CCL1, CCL3, CD1, CD4, CPSAA1, CPSAA2, CPSAA4, CPSAA5, CE2, CE3, CCEC3. También con el objetivo de etapa: “Asumir responsablemente sus deberes, conocer y ejercer sus derechos en el respeto a las demás personas, practicar la tolerancia, la cooperación y la solidaridad entre las personas y grupos, ejercitarse en el diálogo afianzando los derechos humanos como valores comunes de una sociedad plural y prepararse para el ejercicio de la ciudadanía democrática”.
Ya en Primaria, la competencia primera se define como: “Descubrir, identificar y expresar los elementos clave de la dignidad y la identidad personal en situaciones vitales cercanas, a través de biografías inspiradoras y relatos bíblicos de alcance antropológico, para ir conformando la propia identidad y sus relaciones con autonomía, responsabilidad y empatía”.
Se conecta con los siguientes descriptores del perfil de salida: CCL1, CCL3, CPSAA1, CPSAA2, CPSAA4, CPSAA5, CE2, CE3, CCEC3. Y con el objetivo de etapa: “Conocer y apreciar los valores y las normas de convivencia, aprender a obrar de acuerdo con ellas de forma empática, prepararse para el ejercicio activo de la ciudadanía y respetar los derechos humanos, así como el pluralismo propio de una sociedad democrática”.
Como se puede comprobar, diseñar un proyecto de vida como experiencia didáctica o situación de aprendizaje en la clase de Religión se fundamenta principalmente en la competencia específica primera, y contribuye al logro de algunos objetivos de etapa y de ciertas competencias clave definidas en los descriptores del perfil de salida. Dejo en su mano completar la concreción curricular con aquellos criterios de evaluación y saberes básicos que correspondan a esta experiencia didáctica según el curso donde la aplique. Pero ¿cómo hacerlo? A continuación, abordaremos los aspectos fundamentales.
¿Cómo se elabora un proyecto de vida?
Según lo que hemos visto anteriormente, el proyecto de vida trata de responder a las preguntas: ¿cuál es mi realidad en estos momentos? ¿Cuáles son mis necesidades? ¿Cuáles son mis valores? ¿Cuáles son mis objetivos? ¿Qué puedo hacer para alcanzarlos? Siendo así, podemos señalar los siguientes pasos para su elaboración:
- Identidad y autoconocimiento. ¿Quién soy? Trata de responder a “quién soy”. Define los gustos y preferencias en diferentes aspectos de su vida y cosas curiosas para que lo conozcan mejor. También lo que no le gusta. Realizar un FODA o, al menos, identificar las propias fortalezas y debilidades supone una gran herramienta objetiva para desarrollar el autoconocimiento. Expresar las habilidades, formas de ser y actuar, las creencias y valores, cosas que le gustan de sí mismo; y, al contrario, cosas que no le gustan, comportamientos que desea cambiar o mejorar, defectos en la forma de actuar, etc.
- Analizar las expectativas. ¿Quién quiero ser? Reflexiona sobre quiénes son sus modelos a seguir, qué personas son importantes, qué aportan a su vida, por qué le gustaría ser como ellos. Y sus expectativas. Cómo le gustaría ser en relación a las cuatro dimensiones que indicaba el papa Francisco: personal (con uno mismo), social (con los demás), natural (con la casa común) y espiritual (con Dios). Añadimos la laboral (con el trabajo) como forma de discernir la vocación.
- Plantear objetivos y metas y las acciones para conseguirlos. ¿Qué debo hacer para llegar a serlo? Teniendo en cuenta todo lo anterior, nos planteamos qué objetivos o metas quiero alcanzar en mi vida. Para ello, es necesario identificar qué necesito para lograrlos y un plan para conseguirlos, es decir, qué pasos debo seguir para llegar a ellos. Con el alumnado de Primaria, podemos comenzar con la identificación de las cosas que necesitan saber, tener o hacer para ser como sus modelos y los pasos que tienen que dar para llegar a conseguir lo que quieren ser ( su plan para llegar a serlo). Esto los ayudará a definir qué objetivos y metas quieren alcanzar en su vida a corto plazo y a largo plazo (para un futuro más lejano). Además, les servirá para tomar conciencia de los avances. Para el alumnado de Secundaria y Bachillerato se puede hacer al revés, es decir, iniciar este apartado definiendo los objetivos y metas que quieren conseguir, para continuar identificando las cosas que necesitan y los pasos a dar para lograr alcanzar dichos objetivos. Y finalizando este apartado, y el proyecto de vida, el alumnado reflexiona e indica el servicio que puede prestar en su contexto (familia, amigos, entorno, sociedad, etc.) y también a la Iglesia como parte de ella, para cumplir su misión como cristianos: recordar a Jesús, anunciar el amor de Dios y ayudar a los necesitados. Esto es deliberar sobre su posible vocación y servicio a la sociedad y a la Iglesia.
Un valor pedagógico “extra”
No deje pasar la oportunidad de trabajar el proyecto de vida con su alumnado. Además de los beneficios que les va a aportar y contribuir a la madurez como persona, puede que no dispongan de la oportunidad en alguna de las otras áreas que componen la etapa educativa en la que se encuentran, para reflexionar sobre cómo quieren orientar su vida y hacia dónde, plasmándolo en un plan de vida. Lo que aporta valor pedagógico “extra” a la asignatura de Religión, ya que no solo se habla de la vida, sino que se hace vida.


Fundamentos curriculares del proyecto de vida