Sandra y Chiara
Apuesto a que nadie ha oído hablar de ellas. Tampoco quien esto escribe tenía de ellas la menor noticia hasta haberlas encontrado en Google por azar. O no tan por azar, pues dio con ellas tras un par de horas de búsqueda examinando el perfil de los santos y beatos reconocidos recientemente por el Vaticano. Resulta que la mayoría de ellos han sido fundadores de alguna institución religiosa y una buena minoría han muerto asesinados o sea, se supone, mártires. Son perfiles con los que difícilmente se puede animar a la grey católica a aspirar a la santidad.
Buscando en Google el perfil imitable de personas laicas de nuestro tiempo en vías de canonización, aparecen Sandra Sabattini (1961-1984) y Chiara Badano (1971-1990). Nada extraordinario hubo en sus vidas. De adolescente, Sandra se sumó a una comunidad de base y trabajó con drogadictos, enfermos y personas con discapacidad. Fue estudiante de Medicina en la Universidad de Bolonia, llevaba un diario espiritual y tenía novio. Tenía, junto con su prometido, la idea de ir de misionera y/o médico a África después de casarse. Por desgracia, un accidente de tráfico segó su vida. Atropellada por un coche, ingresó en un hospital de Bolonia en un coma profundo del que ya no se recuperó, muriendo en pocos días. El papa Francisco la beatificó en octubre de 2021. También Chiara se adhirió, y solo con nueve años, a una comunidad, la de los “focolares”. Jugaba al tenis, hacía senderismo, le gustaba escuchar música pop, bailar y cantar. A ella se la llevó muy joven un cáncer óseo, cuyos dolores sobrellevó sin querer amortiguarlos con morfina. Benedicto XVI la beatificó en septiembre de 2010. Las vidas de Sandra y Chiara, sus vías de santidad, son bien imitables, sin necesidad de seguirlas en sus tempranas muertes.

