La publicidad implica delicadas cuestiones morales

Érase un señor que de repente sintió un gran deseo de adquirir el coche de alta gama que anunciaba una señorita muy agraciada, que quiso saciar su sed con una…

Este contenido es solo para suscriptores.
Si eres suscriptor de papel, contacta para tener acceso Solicitar acceso
Si aún no eres suscriptor Pulsa aquí para suscribirte.
Inicia sesión si ya tienes tu acceso.

Los comentarios están cerrados, pero trackbacks Y pingbacks están abiertos.