
Hemos escuchado tantas veces las llamadas a tomarnos en serio el futuro de la humanidad, y otras tantas respuestas lejanas, que nos llevan a pensar “que aquí nadie hace nada”. Pero lo cierto es que, desde mi posición como director global de la Fundación SM, tengo la suerte y el privilegio de moverme mucho por tierras de Iberoamérica y voy descubriendo que son miles las personas, profesionales de la educación formal y de la social, de los servicios de apoyo y acogida, padres y madres de familias, voluntarios de ONG, instituciones de iglesia, organizaciones civiles y asociaciones de personas comprometidas de todo credo y condición que se toman muy en serio el presente para que tengamos un futuro. He recorrido barriadas muy humildes en más de veinte ciudades iberoamericanas y he encontrado a todas estas personas que comenzaron a vivir el pacto educativo global que nos propone el papa Francisco.
El Papa convoca no solo al mundo educativo católico, no solo al ámbito educativo profesional, no solo a los que llevamos la etiqueta profesional de “educadores”, sino que convoca a todos, en todas partes y en toda condición, para realizar una alianza educativa amplia. Y lo hace no porque quiera profundizar en las nuevas corrientes pedagógicas o en la influencia de las tecnologías en los modelos de aprendizaje, que son temas de interés que ya hacen otros; lo hace porque le preocupa el futuro del planeta y de la humanidad y ha respondido a la pregunta de: “¿yo qué puedo hacer?”. Y, como pontífice, está haciendo aquello que puede hacer: tender puentes. Y, como de tender puentes se trata, yo he recibido su llamada y voy a responder. Vamos a pensar cada uno en su ámbito de responsabilidad qué puede hacer para identificar aquello que está distante en su vida, aquello que nos separa y nos hace mirar solo para lo nuestro y “los nuestros”.
Transformación global
El enfoque que está dando el Papa tiene un horizonte de transformación global. Estamos inaugurando un nuevo paradigma de civilización. El actual paradigma tiene tres vértices muy claros: acumulación, poder y éxito; y, a estas alturas, sabemos a qué nos conduce: a la autodestrucción. El nuevo paradigma se configura en torno a la ética del cuidado, que hoy ya empapa muchos lugares educativos. Y esto lo puedo asegurar porque lo he visto. Son lugares que han sido sembrados de modelos pedagógicos basados en el cuidado, en el perdón y en la reconciliación. Porque solo desde la apropiación y personalización de lo que significa el perdón podemos regenerar vínculos y reconstruir espacios e imaginarios comunes. El cuidado y el perdón no son opcionales: son expresión de la verdadera esencia del ser humano, de su capacidad de amar para regenerar vínculos que construyen más “familia” humana.
Desde la Fundación SM, hemos respondido a la llamada y estamos en camino. Sabemos que la educación de todos y para todos es la mejor herramienta para lograrlo. Desde estas páginas, quiero comprometerme para generar una red de relaciones humanas, abiertas, que generen aprendizajes, que construyan fraternidad, basadas en el principio del cuidado. Si te sumas, dinos: ¿tú qué puedes hacer?

