Un puente de voces sobre el Atlántico
El proyecto Extremestiza y la radio escolar como territorio de mestizaje educativo
Felicitamos desde aquí a nuestro compañero Raúl Mora por su proyecto creado con 3 de sus alumnos, que fue presentado al concurso EXTREMESTIZA PODCAST y, el cual, han sido los ganadores junto con otro centro de Perú.
Como premio, realizarán un viaje a Perú.
Él mismo nos lo cuenta:
Me llamo Raúl Mora. Soy maestro de Religión Católica, especialista en Inglés y Portugués, y coordinador de la radio escolar del CEIP San Gregorio. Desde hace cuatro años dirijo Radio Chiriveje dentro del programa RadioEdu, integrado en Innovated. Y si algo he aprendido en este tiempo es que un micrófono en una escuela no es un simple recurso tecnológico: es una herramienta pedagógica de primer orden.
La participación en el proyecto “Extremestiza Podcast: un puente sonoro entre Extremadura e Hispanoamérica”, impulsado por la Fundación Extremeña de la Cultura, surgió por iniciativa propia. A los coordinadores de radio nos llegó la invitación. Nadie me obligaba. Pero soy natural de Trujillo, tierra que vio nacer a Francisco Pizarro, y Perú nunca ha sido para mí un país distante. Es una referencia histórica constante, una presencia cultural que siempre me despertó curiosidad y respeto. Además, en mi familia ya hemos sido dos quienes cruzamos el Atlántico para vivir allí una temporada. Cuando apareció la oportunidad de trabajar el mestizaje desde la escuela, entendí que no era un proyecto más: era una manera de conectar historia, identidad y educación.

El trabajo que presentamos llevaba por título “Extremadura y Jauja: un puente de sabores”. Partía de una idea sencilla: contar la historia compartida a través de la gastronomía. ¿Qué tienen en común un mortero extremeño y una pachamanca andina? A veces la historia no se escribe en los manuales; se cocina. Desde esa premisa, tres alumnos de sexto de Primaria —el máximo permitido por las bases junto al tutor— asumieron el reto de manera voluntaria. No era una tarea obligatoria, sino una apuesta personal que les ofrecí porque sabía que tenían iniciativa, curiosidad y compromiso.
El proceso fue profundamente interdisciplinar. La competencia en comunicación lingüística actuó como eje vertebrador: redactaron guiones, organizaron bloques narrativos, ensayaron la entonación, ajustaron el registro y aprendieron a formular preguntas con precisión. En Ciencias Sociales contextualizaron el intercambio colombino, comprendiendo el mestizaje como fenómeno histórico y cultural. Desde la competencia digital buscaron y contrastaron fuentes, organizaron información, prepararon entrevistas por videoconferencia y participaron en la grabación y edición del podcast.
Uno de los momentos más enriquecedores fue la entrevista al profesor e investigador peruano Billy Segura Salazar, así como el diálogo virtual con cuatro alumnos del Colegio San José de Jauja. Preparar preguntas, escuchar con atención, reformular sobre la marcha y mantener un intercambio fluido exigió rigor y madurez. El aprendizaje dejó de ser hipotético para convertirse en real.
Aunque no se diseñó formalmente como Situación de Aprendizaje dentro de la programación trimestral, en la práctica funcionó como tal: partía de un reto auténtico, movilizaba saberes de distintas áreas y culminaba en un producto final publicado en una plataforma abierta. No hubo una calificación numérica cerrada, pero sí evaluación formativa constante: revisión de guiones, mejora progresiva de la expresión oral, ajustes técnicos y acompañamiento continuo. Más que evaluar un resultado, acompañamos un proceso.

Radio Chiriveje, a lo largo de estos cuatro años, ha trabajado programas sobre festividades pedagógicas, entrevistas, radioteatro o propuestas nacidas del propio alumnado. Pero proyectos como este confirman algo esencial: la radio escolar fortalece la expresión oral, desarrolla el pensamiento crítico, fomenta el trabajo cooperativo y da sentido práctico al currículo. Cuando un alumno sabe que su voz va a ser escuchada más allá del aula, el aprendizaje adquiere otra dimensión.
De los veinticuatro centros participantes entre Extremadura y Perú, solo seis pasaron a la final. Recuerdo los tres días de espera como si fueran una semana entera. El fallo se comunicó por videoconferencia. Silencio. Tensión contenida. Y cuando escuchamos el nombre de nuestro centro como ganador en Extremadura, todo estalló: lágrimas, gritos, abrazos, llamadas a las familias. Una alegría limpia, sincera, inolvidable. El otro centro ganador pertenecía a la ciudad de Trujillo, en Perú. La historia volvía a trazar sus propios puentes.
El premio consiste en un viaje cultural a Perú, con visitas previstas a Lima, Trujillo y otros lugares aún por confirmar. Y aquí es donde la experiencia adquiere un significado todavía más personal. Soy natural de Trujillo, la cuna de Francisco Pizarro, y no puedo evitar sentir una emoción especial al pensar que pronto cruzaré el océano. De alguna manera, me ilusiona imaginar que regreso a aquellas tierras siguiendo los pasos de mi paisano. Visitar lugares donde él estuvo, recorrer escenarios que forman parte de nuestra historia común, incluso acercarme a su tumba, tiene algo de viaje circular, de historia que vuelve sobre sí misma.
Pero si algo cambia en esta ocasión es el propósito. No viajo como conquistador, sino como educador. No llevo armadura, sino micrófonos. No cruzo el océano en busca de territorios, sino de diálogo. Y si hay una hazaña que merece la pena repetir, es esta: la de tender puentes en lugar de levantar fronteras, utilizando las ondas de la radio como instrumento de encuentro.
Extremestiza no ha sido solo un concurso ganado. Ha sido la confirmación de que la escuela pública puede generar proyectos de calidad, conectar culturas y ofrecer experiencias que trascienden el libro de texto. Extremadura y Perú han compartido sabores, sí. Pero sobre todo han compartido voces.
Y cuando una escuela logra que sus alumnos comprendan que la historia no es una página cerrada, sino una conversación abierta; que la palabra tiene poder cuando se usa con rigor y respeto; que aprender puede significar cruzar océanos sin salir del aula… entonces la educación cumple su misión más noble.
Porque al final, lo que realmente hemos conquistado no es un premio ni un viaje. Hemos conquistado algo más valioso: la certeza de que la palabra, bien utilizada, sigue siendo el puente más firme entre los pueblos.
Felicidades Raúl.

