¡Adiós mascarillas! Y tú, ¿qué has aprendido?

Llevamos ya un tiempo largo, incierto y lleno de incertidumbre. Tanto que se habla de educar en este modo de acometer la vida y de vivirla. Tanto que hay huellas, más o menos profundas, que nos has dejado marca para largo o para siempre.

Y en todo este tiempo, las mascarillas, con las que hemos cubierto cara y gesto, nos han acompañado. A veces, agradecidas, casi siempre molestas, pero ahí han estado. Nos han dejado esconder cosas, mostrar otras, descubrir miradas, interpretar maneras, adivinar rostros, completar caras…

Parece que llega a su fin una etapa difícil o una forma de vivir una etapa difícil, aunque ésta no concluya.

Parece que volvemos a la normalidad, a pesar de que se ha hablado mucho de la “nueva normalidad”. ¿Es nueva? ¿Tan nueva? ¿Hemos dejado que lo sea realmente?

Hoy, nos abandonan las mascarillas, nuestras relaciones son más relajadas, nuestros temores menos intensos, el ambiente parece recordar épocas pasadas mejores… Y, sin embargo, en medio, sucedieron muchas cosas. Tantas que, a golpe de realidad dura y fría, descubrimos nuestra fragilidad como seres humanos.

Y en todo este tiempo, ¿qué has aprendido?, me preguntaban no hace mucho. Esta pregunta sugiere respuestas muy interesantes. Ahí van algunas:

  • He aprendido a esperar lo inesperado, lo incierto y lo inédito.
  • He aprendido que, a veces, quedarse en casa supone libertad y, a veces, salir de ella te llena de ataduras.
  • He aprendido que la distancia es más mental que física.
  • He aprendido que hay dolores que no se consuelan con palabras.
  • He aprendido que para crecer no hace falta correr.
  • He aprendido que la vida es dura y aun así la única salida es acogerla, aceptarla y comprometerse con ella, no cómo es, sino cómo viene.
  • He aprendido el inmenso valor del humor y del buen talante.
  • He aprendido que parar es avanzar.
  • He aprendido que por mi casa también corre el aire. Y que ese aire es tan fresco como yo deje que lo sea, mientras fluya.
  • He aprendido que, sin dolor, a veces, no hay crecimiento.
  • He aprendido que ni te imaginas lo que el otro está viviendo.
  • He aprendido que la realidad supera la ficción.
  • He aprendido que el amor vence siempre.
  • He aprendido que vivir es simple y sencillo.
  • He aprendido el poder de las rutinas y de los hábitos y que el sobrepensar mucho derrota la mejor rutina y el mejor hábito.
  • He aprendido a confiar.
  • He aprendido el placer de las cosas pequeñas y sencillas.
  • He aprendido que la sonrisa está en los ojos, más que en los labios.
  • He aprendido a mirar con buenos ojos, porque cuando no ves el rostro de alguien, te lo imaginas y cuando te lo imaginas, ideas la mejor versión del otro.
  • He aprendido del dolor de los niños, de los adolescentes y de los mayores, pero también de su fortaleza y sabiduría para salir adelante.
  • He aprendido que lo largo cansa y aun así hay que seguir caminando.
  • He aprendido, como decía Antoine de Saint-Exupéry, que «El futuro no es sino el presente pendiente de ordenar. No tienes que preverlo, sino permitirlo».

Y tú, ¿qué has aprendido?

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