TIEMPO DE NO CANSANCIO

El verano ya llegó y con él, el tiempo de vacaciones, el tiempo del descanso. Tiempo para dejar de estar cansado (des-cansar), tiempo de no cansancio. ¿Lo conseguiremos? ¿Será así?

En breve, la agenda se aclara y deja huecos libres. Y ya no hay ritmo vertiginoso o, al menos ritmo vertiginoso de trabajo directo, en el barro, a pie de aula.

Se congelan las fechas límite, las citas, los momentos de trabajo solitario o en grupo, los momentos de aula o de patio, los momentos de acompañamiento, los momentos de intensidad emocional o física o mental… Se paralizan las reuniones y las formaciones, los debates teóricos y también los prácticos… los cafés de “no descanso” porque se sigue hablando y poniendo vida en lo mismo…

Se acaban las prisas y los madrugones y el sentir que no se llega y el nudo en el estómago y el “no me da tiempo”…

Se descansa del ser experto en emociones y en encuentros o desencuentros y en personas y en humanidades y en familias y en adolescentes o niños y en materias y en dolores del cuerpo o del alma y en escuchas interminables y en diálogos fecundos o estériles…

El verano ya llegó, como un compás de espera hasta el comienzo del curso. Ahora toca soñar, idear, pensar… a ratos y, a ratos… olvidar y poner cuerpo y mente en otra cosa o en nada.

Y es que los educadores del alma y de almas, los que lo llevamos grabado en la entraña, nunca estamos de vacaciones, sólo cambiamos de postura nuestra cabeza y nuestro corazón. Seguimos ideando y soñando y creando y pensando e inventando. Anticipamos nuestra labor con alumnos que aún no conocemos, que nos llevarán por travesías que ni hubiésemos imaginado. Y nuestra historia se teje con los hilos de cientos de historias personales, increíbles y también cotidianas… de esas que te sorprenden siempre y te ayudan a crecer, a ser más y a ser mejor. De esas que suman y aportan, ¿te suenan? ¿Sabes de lo que te hablo?

Nos vamos de vacaciones, pero dejamos la puerta entreabierta.

Cuídate en este tiempo de dulce espera, de des-canso. Cuida tu cuerpo que tanta tensión ha acumulado. Cuida tu corazón que tanta intensidad ha vivido. Cuida tu cabeza, pon orden en ella, “tira apuntes y cuadernos llenos de anotaciones” para dejar espacio para nuevos proyectos. Cuida tus relaciones, por si te pasó que abandonaste los detalles del día a día, con los más cercanos, entre tanto ir y venir. Cuida tu espíritu, aquel que te dice por qué estás aquí, por qué te dedicas a lo que te dedicas y, sobre todo, para qué lo haces.

Cuídate maestro, cuídate educador, sin ti esto no rueda, no funciona… ¿Crees que no es así? ¿Qué no eres tan importante? Pues lo eres. No todo aquello visible y evidente es fundamental. Ya lo decía El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”.

Feliz descanso.

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