De niños aprendimos en la escuela que los seres humanos éramos “animales racionales”. Nos dijeron que nuestro increíble desarrollo cerebral nos situaba muy por encima del resto de seres vivos. También nos enseñaron que nuestra facultad de pensar, la autoconciencia y la capacidad para elaborar conceptos abstractos y universales (Homo sapiens), estaba íntimamente relacionada con nuestra habilidad para construir herramientas (Homo faber), nuestra competencia comunicativa (Homo loquens) y nuestra condición de seres sociales (Homo socialis)
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Teólogo y músico. Estudió teología en la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y en el Centre Sèvres (París). Es DEA en Derechos Fundamentales por la Universidad Carlos III (Getafe, Madrid). Miembro de Cristianismo y Justicia donde ha publicado diversos cuadernos en torno al diálogo fe-justicia.
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