Entrevista con Raquel Pérez Sanjuán

"Responderemos a las exigencias de la nueva ley como las demás asignaturas".

Se va a cumplir un año de actividad como directora del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura. Su experiencia había arrancado años antes en la Subcomisión Episcopal de Universidades. ¿Cómo acogió la propuesta?


La verdad es que con mucha sorpresa y gratitud. Sorpresa, porque, si bien sabíamos que la nueva organización de la Conferencia Episcopal Española (CEE) que iba a aprobar la Asamblea Plenaria de marzo 2020 conllevaría modificaciones en la composición de las comisiones, no parecía previsible que cambiara el presidente de Universidades, al llevar solo tres años al frente de la Subcomisión. Cuando, al concluir la sesión en la que se votaba a los presidentes de las comisiones, me comunicó D. Alfonso que había sido elegido presidente de la nueva Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, debo decir que me dio pena que abandonara Universidades, pensando en la continuidad del trabajo realizado, especialmente con las facultades eclesiásticas, las universidades católicas y de identidad cristiana y con la pastoral universitaria. También por la confianza y la buena relación que se había venido entretejiendo en estos años entre los distintos agentes con la Subcomisión, y que había quedado puesta de manifiesto en los varios encuentros que periódicamente celebrábamos. A la vez, me alegraba de que Educación y Cultura pudiera iniciar su andadura como comisión con un presidente que viniera de una experiencia como la que había vivido la Subcomisión de Universidades; su capacidad de escucha y diálogo, su cercanía y moderación, creo que son muy necesarias en este momento.

Y, junto con la sorpresa, gratitud por la invitación a continuar colaborando en la nueva tarea que la Plenaria de los obispos ahora le encomendaba. Ciertamente, suponía todo un reto, y más en las circunstancias de la pandemia, pero la buena experiencia de trabajo en los años compartidos en Universidades y sentir el mundo educativo como algo cercano, por mi vínculo a la Institución Teresiana, fundada por san Pedro Poveda, me llevaron a aceptar esta propuesta, que acogí con entusiasmo.

¿Cuáles son las tareas del Secretariado? ¿Cuántas personas lo integran y cuáles son las principales tareas?

Debo decir que este año de andadura ha sido un continuo descubrimiento de tareas: además de continuar con las que tenía la antigua Comisión de Enseñanza, hemos tenido que incorporar prioridades que han surgido por las circunstancias, así como las derivadas de la nueva organización.
Entre las primeras, está la relación con las delegaciones diocesanas de enseñanza, con los centros universitarios de formación del profesorado y facultades de educación de identidad cristiana, con las entidades titulares, las asociaciones de padres y madres, con los sindicatos y asociaciones de profesores de Religión, las editoriales que publican libros de texto de Religión, etc. Estas tareas las distribuimos entre las seis personas (por cierto, todas mujeres) que integramos el Secretariado: Concha, Lola y Montaña llevan directamente la tramitación de la Declaración Eclesiástica de Capacitación Académica (DECA), María hace el seguimiento de los centros de formación del profesorado y de los programas DECA y Berta realiza tareas de secretaría y de archivo. Como equipo, buscamos responder a lo encomendado, desde el servicio que la CEE está llamada a dar a cada Iglesia particular, a cada persona y a la sociedad.

Junto a estas tareas cotidianas, decía que teníamos además algunas que habían venido dadas por las circunstancias. Así, por ejemplo, tanto el pacto educativo global como la reforma de la ley de educación que recientemente ha tenido lugar en España están exigiendo actualizar el currículo de la enseñanza religiosa escolar y mantener un diálogo permanente con el Ministerio de Educación y Formación Profesional. Para todo el trabajo que estos retos nos plantea, hemos tenido la enorme suerte de contar desde el inicio con excelentes colaboraciones; personas que están apoyando de manera incondicional y generosa al Secretariado, bien de manera asidua, bien a través de grupos ad hoc que hemos ido convocando o participando en el foro sobre el currículo celebrado el pasado mes de marzo. Asimismo, la puesta en marcha de nuevas líneas de trabajo de la CEE para el próximo quinquenio nos llevará a impulsar otras acciones, como el trabajo en red con los colegios diocesanos o la formación del profesorado de Religión; dimensiones en las que pondremos el foco en los próximos meses.

Y, finalmente, el hecho de incorporar Cultura a esta Comisión se está traduciendo en la acogida de propuestas cuyo fruto está siendo, entre otros, la participación en iniciativas y acuerdos de índole cultural o el impulso de nuevas áreas de trabajo en la CEE, como puede ser la recientemente aprobada por la Plenaria dedicada a la pastoral del deporte.

Parte de su tarea es establecer contactos técnicos con el Ministerio ¿Qué le parece valioso de la LOMLOE y qué le hubiese gustado que se hiciese de otra manera?

Empiezo por el final de su pregunta: la puesta en marcha de esta nueva comisión tuvo lugar en plena tramitación de la LOMLOE, reforma legislativa que se había iniciado antes de la pandemia y que desgraciadamente, continuó a pesar de la pandemia. Cuando se plantea la modificación de una ley orgánica, sea cual sea su contenido, por el hecho de afectar a derechos fundamentales creo que debe contar con foros reales de participación, especialmente de los agentes directamente implicados por la ley. Los procesos son fundamentales, y el construir juntos exige tiempo, encuentro, diálogo… que permite conocer al otro, y evita caer en estereotipos que no responden a toda la realidad. Alcanzar un espacio común de acuerdo, en el que cediendo todos algo, podamos encontrarnos, no es posible hacerlo con prisas y, menos aún, cuando se entremezclan otros intereses políticos. Ciertamente me hubiera gustado que el modo de tramitar la LOMLOE se hubiera hecho de otra manera.

Respecto a lo valioso que aporta la LOMLOE a este momento, a mi parecer, es situar la reforma educativa en un marco internacional amplio: más inmediatamente, estaría la Recomendación del Consejo de 2018 relativa a las competencias clave para el aprendizaje permanente y el Área Europa de Educación 2025 propuesto por la UE. Junto a estos, están los compromisos adquiridos por nuestro país con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y con los diversos organismos internacionales, como el Consejo de Europa o la OCDE. Un horizonte que no resulta ajeno al marco eclesial y que constituye un punto de encuentro común. Para lograr metas tan altas, es importante generar alianzas con todos, incluidas las administraciones educativas; por nuestra parte, la disposición es de apertura para avanzar juntos.

Parte de su tarea es facilitar el trabajo y coordinar a las delegaciones diocesanas de enseñanza. ¿Cómo se está viviendo este momento tan intenso para la ERE?

Es un momento que entendemos que no es nada fácil para las delegaciones diocesanas de enseñanza, que deben acompañar y sostener la incertidumbre que genera este momento de tránsito hasta la puesta en marcha de la nueva ley educativa. Durante la etapa política de tramitación de la ley, hemos podido escuchar declaraciones que, sin duda, han dado motivos para alertar y generar preocupación entre el profesorado de Religión que, una vez más, ve poner en cuestión la asignatura y, por consiguiente, su puesto de trabajo. Solo tenemos certeza de lo que está promulgado, y en este momento es únicamente el texto de la LOMLOE, cuya disposición adicional segunda respeta lo establecido por los Acuerdos; por supuesto, tendremos que ir viendo cómo va a desarrollarse la ley, sabiendo que, establecidas las enseñanzas mínimas, existe todavía un margen de regulación en las comunidades autónomas e, incluso, en los centros educativos. En esta fase técnica, el diálogo está siendo fluido con el Ministerio y, en ese sentido, agradecemos la disponibilidad para podernos encontrar e ir conociendo en tiempo real los avances en los trabajos que se están llevando a cabo.

También nosotros estamos queriendo responder a las exigencias de la nueva ley como lo harán todas las asignaturas, e intentaremos elaborar un currículo de Religión Católica que facilite su encaje en el modelo propuesto y que la dote de todos los elementos que exige su dignidad académica, como un saber más dentro de la escuela. Es algo que lleva tiempo (hablamos a varios meses vista), lo que muchas veces genera inquietud e impaciencia; algo totalmente comprensible. Pero sí que nos parece importante sostener la espera, acompasar los ritmos (no precipitándonos, pero tampoco quedándonos rezagados) y, sobre todo, no generar miedos innecesarios. Transitamos la incertidumbre con esperanza, porque tenemos motivos para ello.

¿Algún mensaje para el profesorado?

Nuestro mensaje es de enorme gratitud por su tarea cotidiana y reconocimiento, en medio de las dificultades que muchas veces experimentan como profesores de Religión y a lo que, desde el curso pasado, se ha venido a unir la pandemia y todo lo que está implicando. En unos meses estrenaremos nuevos currículos en la escuela, también el de Religión, a lo que acompañarán aprendizajes y metodologías propias para el modelo educativo que habrá que poner en marcha. El cambio que va a implicar la reforma educativa va a demandar mucho entusiasmo, creatividad, ilusión, con el que contamos con el profesorado de Religión, porque sabemos que así ha sido en situaciones anteriores. La enorme capacidad de adaptación a los cambios, de innovar, de favorecer sinergias, de compartir proyectos comunes y de trabajar en equipo, de apoyar y facilitar el bien común es algo que sin duda reconocemos en este colectivo, y no podemos dejar de agradecer su aportación a la escuela, que es fundamental.

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