Gracias, Francisco, por tu propuesta educativa
En cualquier balance del pontificado de Francisco, su propuesta educativa ocupará un lugar relevante. Aquí la vamos a describir en síntesis y en sus dos momentos: primero, des/centró la Iglesia, segundo, centró la educación. Es necesario contemplar el proceso con el que ha preparado el camino hacia su propuesta educativa: identificaremos cuatro pasos que, a su vez, son los fundamentos de su pensamiento educativo. Sin duda alguna, estos cuatro hitos tienen otras implicaciones antropológicas y teológicas sobre la presencia de la Iglesia en medio del mundo, sin embargo, por nuestra parte, nos centraremos en cómo inspiran su propuesta educativa. De hecho, cuando Francisco presenta el Pacto Educativo Global lo hace porque las propuestas de ese proceso vivido en cuatro pasos “necesitan un camino educativo”.
Carlos Esteban Garcés. Instituto Superior San Pío X (UPSA)
La muerte de Francisco ha tenido un alto impacto mediático en todos los medios que han publicado innumerables análisis de su figura y de las contribuciones de sus doce años de pontificado. Nosotros nos vamos a limitar aquí a describir lo que denominamos la “propuesta educativa de Francisco”.
Francisco no llegó a la educación en un primer momento de su pontificado, aparentemente. Eran necesarios algunos pasos previos para fundamentar sus propuestas sobre la educación; según su propio lenguaje, era necesario “abrir procesos”. Sin tener en cuenta ese itinerario no será fácil comprender en toda su profundidad su visión de la educación. Veamos brevemente cuatro pasos de este itinerario pedagógico con el que Francisco preparó su propuesta educativa y que son, además de proceso, fundamento de su pensamiento sobre la educación.
1. Fundamentos de la propuesta educativa de Francisco
El primer fundamento para comprender lo que será la propuesta educativa de Francisco hay que vincularlo al Concilio Vaticano, al documento Gravissimum educationis, en concreto, a la celebración de su 50 aniversario con un congreso mundial sobre la educación católica celebrado en Roma. Su lema, “Educar hoy y mañana, una pasión que se renueva”, suficientemente expresivo, apuntaba a un nuevo tiempo para la educación con Francisco. La primera iniciativa fue de Benedicto XVI preocupado por la “emergencia educativa”, posteriormente la idea fue acogida en la asamblea plenaria de la Congregación para la Educación Católica en 2011. Aquel congreso de la educación católica se celebró en noviembre de 2015 y supuso, entre otras cuestiones, un impulso hacia el actual Dicasterio para Educación y la Cultura. Quienes tuvimos el privilegio de vivir aquel encuentro recordamos con claridad las insistentes llamadas de Francisco en la sesión de clausura, en el aula Pablo VI del Vaticano, a lo más esencial de la educación católica: la humanización. Recuerdo nítidamente cómo en el viaje de regreso desde Roma contamos las numerosas ocasiones en las que el papa Francisco se había referido a la educación católica como humanización, ninguna otra expresión se repitió tanto para definir el contenido de la educación católica. Por tanto, he aquí un primer hallazgo para avanzar en la definición de lo que acabará siendo la propuesta educativa de Francisco: centró la educación en la humanización.
El segundo fundamento lo encontramos en Evangelii gaudium. Se trata de una exhortación apostólica postsinodal, pero en realidad es la carta de presentación de Francisco y lo que podríamos calificar como el programa pastoral de su pontificado. Ahí están ya las claves de su magisterio que puede sintetizarse en la expresión de “Iglesia en salida”. Su llamada era a des/centrar una Iglesia demasiado centrada en sí misma, una idea que ya estuvo presente en su intervención en el cónclave como Jorge Bergoglio, valorada como decisiva para su elección como Francisco, y que reveló el cardenal Jaime Ortega de La Habana, lógicamente con su consentimiento. Tenemos el texto manuscrito de Bergoglio y solo algunas de sus frases serán suficientes para comprender el proceso que iniciaba: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias, no solo las geográficas, también las existenciales. Iglesia, sal de ti misma y ábrete a las periferias, a todo lo que está aconteciendo.Cuando la Iglesia no sale de sí misma se convierte en referente de sí misma y enferma. Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por su encierro. Iglesia, tienes que ser ¡una madre de corazón abierto! Siempre con las puertas abiertas”. Son ideas de aquella intervención de Bergoglio que fueron desarrolladas por Francisco en Evangelii gaudium y a lo largo de todo su magisterio. Sin duda, esta Iglesia en salida, hospitalaria, samaritana y pueblo en camino, tendrá evidentes aplicaciones en la propuesta educativa de Francisco: abierta a todos y llegando a las periferias.
El tercer fundamento que emerge en este proceso abierto por Francisco, que prepara su propuesta educativa, pero no solo, está en su encíclica Laudato si. Su aportación esencial podemos resumirla en la expresión “ecología integral”. Con ella se alumbraban algunos principios y valores de la enseñanza social de la Iglesia dejando en penumbra otros acentos más habituales hasta entonces. Si la propuesta de una Iglesia en salida tenía, sobre todo, consecuencias intra eclesiales, esta tiene implicaciones en la visión cristiana de la vida y la presencia de la Iglesia en el mundo. Sin duda, estamos ante una aportación decisiva en el magisterio de Francisco con esencial alcance antropológico: “proponer una ecología integral que, entre sus dimensiones, incorpore el lugar peculiar del ser humano en este mundo” (15). A esta propuesta ética están invitados los cristianos, creyentes de otras tradiciones religiosas y todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Por supuesto, este magisterio de Francisco tendrá implicaciones muy directas en su propuesta educativa, como se confirma en la propia encíclica: “La educación está llamada a crear una ciudadanía ecológica y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (211 y 215). De esta visión de la vida, de esta ecología integral, nace la llamada a cuidar la naturaleza y a hacer de este mundo la casa común de toda la humanidad, un horizonte nutriente para los fines de la educación.

El cuarto fundamento para la propuesta educativa de Francisco lo encontramos en su encíclica Fratelli tutti con la que se cierra el proceso y su itinerario pedagógico. El compromiso por la fraternidad universal, como esencia de la moral cristiana, la categoría de la cultura del encuentro, tuvieron un primer hito con la “Declaración sobre la Fraternidad Humana de Abu Dabi”, donde se activaba solemnemente un compromiso interreligioso para crear puentes entre los pueblos y las personas: “Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación”. El diálogo interreligioso se postró así ante la humanidad como oportunidad de encuentro, paz y justicia, dejando atrás el fundamentalismo y la violencia, la manipulación y la exclusión: “Nosotros pedimos a todos que cese la instrumentalización de las religiones para incitar al odio, a la violencia, al extremismo o al fanatismo ciego y que se deje de usar el nombre de Dios para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión. Lo pedimos por nuestra fe común en Dios, que no ha creado a los hombres para que sean torturados o humillados en su vida y durante su existencia”. Con Fratelli tutti se confirma la visión cristiana de la vida en clave de dignidad humana y fraternidad universal, se dice no al individualismo y no a la cultura del descarte, se apuesta por la construcción de puentes y de superación de los muros. Se afirma que “la vida subsiste donde hay vínculo, comunión, fraternidad” (87), todo un fundamento de una educación para la vida.

Habría otras referencias del magisterio de Francisco que también podríamos mencionar como fundamentos de su modo de entender la educación, pero creemos que lo esencial está en estas cuatro. Por ejemplo, es muy inspiradora la aportación de Dilexit nos centrando la experiencia religiosa en el corazón de la persona, de cada persona, de toda persona: en su primer capítulo se explica la importancia del corazón y por qué es necesario “volver al corazón” en el mundo en el que estamos, una referencia a la pedagogía de la interioridad que también forma parte de la propuesta educativa de Francisco.Otras aportaciones podríamos encontrar en Gaudete et exultate, Veritatis gaudium, que completan la misericordia y la alegría con la que Francisco ha vivido su fe y que también inspiran la educación.
2. La propuesta educativa de Francisco
Más allá de la originalidad de expresiones que pueden parecer coloquiales -Iglesia en salida, hospital de campaña, llegar a las periferias, ecología integral, cuidado de la casa común, cultura del encuentro, fraternidad universal, entre otras-, hay que descubrir su auténtico significado como categorías antropológicas y teológicas que, estamos seguros,orientarán la vida de la Iglesia y su presencia en el mundo. La cercanía del lenguaje constituye un valor pedagógico que no debe ocultar su profundo sentido evangélico que inspira y fundamenta la propuesta educativa de Francisco y que, lógicamente, se presenta como culminación de un proceso y como un camino coral para recorrer juntos.
La propuesta de Francisco es que estas cuatro aportaciones “necesitan un camino educativo que haga madurar una solidaridad universal; hoy más que nunca es necesario reconstruir relaciones de humanidad más fraterna”. Así lo manifiesta en su mensaje de lanzamiento de su propuesta de pacto educativo el 12 de septiembre de 2019. Precisamente por esto, estas aportaciones del magisterio de Francisco las hemos presentado como fundamentos de su propuesta educativa.
Por tanto, la convocatoria de un Pacto Educativo Global “no es una idea nueva o repentina, sino la traducción concreta de una visión y de un pensamiento expresados con frecuencia en los discursos de Francisco”, como se afirmaba en su instrumentum laboris. La educación se revela como el mejor camino hacia la reconstrucción de la dignidad humana y de la fraternidad universal, esta es la base de la propuesta educativa de Francisco: mejorar el mundo requiere un camino educativo.
En ese mensaje, Francisco invitaba a “reactivar el compromiso por las generaciones más jóvenes renovando la pasión por una educación más humanista”. En aquel momento el Papa decía: “os invito a promover juntos y a impulsarlas propuestas que dan sentido a la historia y la transforman de modo positivo. Invito a cada uno a cultivar juntos el sueño de un humanismo solidario, que responda a las esperanzas del ser humano y al sueño de Dios”. Así, la Iglesia sitúa su compromiso con la educación claramente en línea con una verdadera humanización.
En todos los mensajes relacionados con el Pacto Educativo Global se percibe con nitidez cómo la educación es patrimonio de la humanidad, no es una realidad exclusiva de la Iglesia. “La educación es una tarea de toda la aldea”. En esa educación de todos, la Iglesia tiene una presencia que es expresión de su identidad, una propuesta propia, y un compromiso para contribuir al bien común por encima incluso de su propia identidad.
Esta propuesta de Pacto Educativo Global se enmarca en el horizonte humanista de la dignidad y la fraternidad. Por ello propone un camino fundamental: tener la valentía de colocar a la persona en el centro. Desde esta clave humanizadora, esta iniciativa promueve, con una sana antropología, que todos los procesos educativos pongan en el centro a la persona, su valor y su dignidad.
Se trata de proponer un horizonte humanista de fraternidad para nutrir los fines de la educación, una “sana antropología” capaz de motivar una educación integral e inclusiva en la casa común. La mejor tarea de la humanidad es producir más humanidad, no tanto producir riqueza, sino promocionar la dignidad de todos, todos, todos. Es necesario cultivar el sentido de la vida en los procesos de construcción de la identidad personal y social.
En la propuesta de Francisco, educar no es solamente transmitir conceptos. Se proponen los tres lenguajes de la educación: de la mente, del corazón y de las manos. En palabras de Francisco: “Educar no es solo llenar la cabeza de conceptos. Es necesario que se piense en armonía con lo que se siente y se hace; se sienta en armonía con lo que se piensa y se hace, se haga en armonía con lo que se siente y se piensa”. Una armonía general, no separada de la totalidad.para desarrollar en la identidad personal y social la verdad, la bondad, la creatividad y la belleza.
Se trata de una educación que despierta las preguntas sobre los porqués y los para qué, centrada en el aprender a ser, con un horizonte del bien común, que tiene que llegar a todo y superar la pobreza educativa, porque en la propuesta de Francisco, todos somos responsables de todos. Se hace necesario superar la decadencia de las humanidades y el pragmatismo economicista de la educación.
No podemos desarrollar aquí más la propuesta educativa de Francisco, remitimos al Vademecum sobre el Pacto Educativo Global, accesible en internet, en el que se desarrollan sus prioridades y compromisos, donde se insiste en la atención al diálogo intergeneracional, a la familia, a la promoción de la mujer, a la acogida de todos, a la economía y la política.
3. Una clase de Religión en salida
Por nuestra parte, en el libro “Clase de Religión en salida”, pudimos analizar en profundidad la propuesta antropológica y teológica del Pacto Educativo Global y describir las claves de la educación que soñamos a la luz del mensaje cristiano: sin duda, una invitación a rehumanizarlos fines de la educación, a construir la casa común, a promover lo que da sentido a la historia, a transformar el mundo en positivo, a cultivar juntos el sueño de un humanismo solidario que responda a las mejores esperanzas de las personas y al sueño de Dios de la fraternidad humana.

En aquel momento era una invitación para que la enseñanza de la religión católica acogiera la llamada de una Iglesia en salida, ahora, unos años después, creemos que estas propuestas están en proceso de hacerse realidad. Allí definimos con detalle la “educación que queremos” y la enseñanza de la religión que queremos”.
Gracias, Francisco, porque tu propuesta educativa ha inspirado procesos de mejora en la enseñanza de la religión en España. Gracias por tu giro antropológico.

