Un enfoque competencial para el nuevo currículo de Religión (3)

Las ocho competencias clave de la Unión Europea actualizadas en 2018 vertebrarán las enseñanzas mínimas de la LOMLOE y condicionarán el currículo de Religión. Comprender todos los elementos que definen cada una de las competencias clave será necesario para programar la asignatura de Religión en el sistema educativo.

La Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación (LOMLOE) ha reafirmado su compromiso con la Unión Europea, lo que supone asumir las competencias clave. Las define como un elemento del currículo y concluye que: “Garantizar una formación adecuada pasa necesariamente por proporcionar una formación integral que se centre en el desarrollo de las competencias”. El marco europeo de las competencias de 2018 constituirá la referencia fundamental.

Las competencias clave en la Unión Europea

La definición de las competencias supone, para la Unión Europea, haber definido conjuntamente el equipaje fundamental necesario que cualquier ciudadano necesita en las sociedades contemporáneas. Remitimos a la definición que proponen Valle y Manso (“Competencias clave como tendencia de la política educativa supranacional de la Unión Europea”, en Revista española de pedagogía): “Las competencias suponen la integración de conocimientos, destrezas y actitudes para aplicar esa integración de forma práctica y creativa en la ejecución de tareas relacionadas con la vida cotidiana; esto es lo que denominamos desempeños de la competencia. La competencia no es un poder hacer, ni siquiera es exclusivamente un saber hacer (aunque ser competente lo implique), sino que es hacerlo”. No se trata, clarifica enseguida el profesor Valle, de abandonar los contenidos y reemplazarlos por competencias. Las competencias necesitan contenidos para desplegarse, son fundamentales para su adquisición. Así entendidas, concluyen Valle y Manso, las competencias clave suponen tres áreas de aprendizaje y maduración para los estudiantes:

  • Personal: otorgan el equipaje mínimo necesario para un desarrollo individual autónomo en la sociedad.
  • Social: dotan al individuo de las herramientas para integrarse y formar parte de la sociedad activamente, cooperando responsablemente en la construcción social.
  • Profesional: le permiten adquirir cualificaciones laborales de partida y le impulsan a seguir permanentemente mejorando su proyección.

Descripción de cada competencia

En la propuesta de 2018, hay cambios más sustanciales de lo que percibiría en una lectura demasiado superficial. Recomendamos, una vez más, los análisis de Valle para comprender la descripción de cada una de las competencias (en el libro colectivo ¿Qué estamos haciendo mal en educación?).
COMPETENCIA 1. Alfabetización. En 2006, esta competencia se denominaba “lingüística”; en 2018, no solo se ha modificado su nombre, también se ha ampliado su concepto. Se define como el desempeño para identificar, comprender, expresar, crear e interpretar conceptos, hechos, sentimientos, y opiniones de manera oral y escrita, con otros lenguajes, incluido el digital, en las diversas disciplinas. Como resultado, los estudiantes que adquieren esta competencia se comunican eficazmente con otras personas utilizando el lenguaje oral y escrito, pero también otros códigos actuales. Se trata de una competencia esencial porque es la base para la adquisición de otros aprendizajes. La enseñanza de la religión debe contribuir en esta competencia aportando el vocabulario propio de la realidad religiosa, así como todo su lenguaje simbólico y los códigos de comunicación propios de la experiencia religiosa.
COMPETENCIA 2. Multilingüismo. En 2006, esta competencia se refería a las lenguas extranjeras; en 2018, ha matizado su denominación, pero sigue refiriéndose a la utilización de las lenguas extranjeras. Como resultado de esta competencia, se espera que los estudiantes dominen, al menos, una lengua que se suma a la materna, aunque la descripción oficial aspira a dos lenguas más, incluyendo las clásicas. La enseñanza de la religión podría contribuir a esta competencia siendo impartida en otra lengua si el proyecto educativo del centro es bilingüe.
COMPETENCIA 3. Matemática, científica, técnica y en ingeniería. Respecto de 2006, ahora se ha ampliado esta competencia con la técnica y la ingeniería, pero mantiene la utilización del razonamiento científico como lo esencial de su definición. Su intención es aplicar los métodos científicos en la comprensión y transformación de la realidad. La novedad de 2018 hace referencia a la ciencia contemporánea, especialmente la robótica y la biotecnología, también a la informática. También se ha añadido la necesidad de un criterio ético y sostenible en su desempeño, precisamente por su impacto sobre la realidad. La enseñanza de la religión debe contribuir en el aprendizaje de esta competencia abriendo diálogo entre métodos experimentales y humanistas que comparten la lógica de la comprensión de la realidad. Puede ayudar a prevenir reduccionismos antropológicos y sociológicos de las ciencias experimentales. También está llamada a proponer los valores e ideales necesarios para el criterio ético y sostenible que la propia competencia reclama.
COMPETENCIA 4. Digital. Esta competencia mantiene en 2018 la misma denominación que en 2006. Su definición hace referencia al uso de las tecnologías digitales en todas las facetas de la vida cotidiana. Su desempeño incluye ahora aprender su utilización de forma segura, crítica y responsable; por tanto, se necesita formar sobre los posibles riesgos y su uso ético. La actualización de esta competencia ha puesto el acento en el uso responsable y crítico de los medios digitales, lo que requiere fomentar un pensamiento crítico y ético. La enseñanza de la religión está llamada a contribuir a esta competencia proponiendo criterios éticos en la utilización de los medios y en el rigor de los datos. Sin duda, la educación del pensamiento crítico y su propuesta de valores y convicciones serán decisivos para el uso responsable de las tecnologías de la información.
COMPETENCIA 5. Personal, social y de aprender a aprender. En 2006, esta competencia estaba restringida a aprender a aprender. En 2018, se han incorporado los ámbitos personal y social, tan necesarios para los procesos de la formación integral. La definición de esta competencia supone, en primer término, la gestión personal y el autoconocimiento. Su desempeño hace referencia al crecimiento personal y las relaciones interpersonales. La actualización de 2018 ha puesto el acento en una atención a la salud y al bienestar personal y de las personas del entorno; por tanto, se incluye también la resolución de conflictos y la empatía como desempeños propios de la competencia. La cuestión social tiene que ver con las relaciones personales que tendrá su continuidad en la siguiente competencia ciudadana. La enseñanza de la religión puede contribuir decisivamente a esta competencia porque el cuidado en la construcción de una identidad personal con sentido, la autonomía personal, el respeto y la empatía con los demás, el cuidado de los otros y del medio constituyen también aprendizajes esenciales propios de la enseñanza religiosa escolar.
COMPETENCIA 6. Ciudadana. Esta competencia mantiene el compromiso de preparar a los estudiantes para la vida en sociedad. Sus desempeños afectan a la interacción con el entorno social y cultural, a los usos y costumbres. Como resultado de esta competencia se espera el ejercicio de una ciudadanía responsable tanto en lo local como en lo global, tanto en lo social como en lo político. Su definición incluye la comprensión de la vida en sociedad y atiende la propuesta de valores sobre la sostenibilidad y la democracia, a nivel estatal y supranacional. En la actualización de 2018 de esta competencia, se explicita el compromiso de los objetivos de desarrollo sostenible de la Agenda 2030 y la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea. La enseñanza de la religión está llamada a contribuir decisivamente a esta competencia porque en la propuesta ética de construir una sociedad inclusiva y sostenible, la casa común y la fraternidad universal, convergen explícitamente con los desempeños de esta competencia y el pensamiento social cristiano.
COMPETENCIA 7. Emprendedora. Esta competencia está centrada en la iniciativa personal y la capacidad de emprendimiento. Sus desempeños no quedan reducidos al emprendimiento empresarial, más bien hace referencia al proyecto personal, a la proactividad, a las iniciativas valiosas para realizarse como personas y contribuir a la construcción social. Como resultado de la adquisición de esta competencia, se espera que los estudiantes aprendan a planificar, a emprender, a descubrir oportunidades, a detectar riesgos y a gestionar individual y colectivamente sus proyectos. La enseñanza de la religión está llamada a contribuir a esta competencia porque en la propuesta pedagógica de acompañar la maduración de un proyecto vital, una identidad personal con autonomía e iniciativa social y cultural, convergen explícitamente los desempeños de esta competencia y la antropología cristiana.
COMPETENCIA 8. Conciencia y expresión cultural. Esta competencia, que mantiene su denominación de 2006, hace referencia a la comprensión e interacción responsable con las culturas, lo que exige comprender su significado y respetar sus creaciones, pero también la interacción crítica y personal participando responsablemente en la continuidad y mejora del legado cultural. La novedad de la actualización de 2018 acentúa la necesidad de comprender y respetar la interculturalidad, la propia cultura y las que son diferentes. La enseñanza de la religión está llamada a contribuir decisivamente a esta competencia porque, en el objetivo de insertarse críticamente en la tradición cultural y construir responsablemente la diversidad cultural, convergen explícitamente los desempeños de esta competencia y las finalidades educativas propias de la enseñanza de la religión.

Destrezas transversales en todas las competencias

Para una comprensión definitiva de los elementos constitutivos de estas competencias, procede destacar que, de las tres dimensiones que tienen (cognitiva, instrumental y actitudinal), la instrumental está formada por destrezas que son compartidas en todas. Por ello, Valle propone tener en cuenta estas siete destrezas transversales a las ocho competencias:

  • Pensamiento crítico. Es preciso discernir, con análisis y criterio propio, la creciente cantidad de información que fluye hoy por todos los medios. Lógicamente, no toda esa información es igualmente veraz o valiosa, es necesario pensar en su contenido y en los valores desde los que se activa, así como en sus intenciones. El riesgo de manipulación es hoy mayor que nunca. Por tanto, educar el pensamiento crítico es hoy más necesario que nunca. Para la enseñanza de la religión, fomentar el pensamiento crítico, con autonomía personal y responsabilidad social, es una de sus finalidades educativas propias.
  • Creatividad. La cantidad de información más las tecnologías que la globalizan generan tendencias de uniformización cultural e ideológica. Por tanto, es más necesario que nunca fomentar la creatividad con la que superar esa uniformidad. Esto exige estimular en todo momento la valoración personal a la vez que poner en práctica todas las capacidades de expresión autónoma y personal con todos los lenguajes. Para la enseñanza de la religión, estimular la creatividad, como expresión del proyecto vital de realización humana y social, es uno de sus aprendizajes esenciales.
  • Iniciativa. Esta destreza supone gestionar, promover ideas y lanzarse a su puesta en marcha. Por tanto, para ser proactivo y dinámico, es necesario educar a enseñar a leer las señales del entorno e interpretarlas. Educar la iniciativa personal supone no solo comprender la realidad con criterios propios, también alumbrar ideas propias para mejorar responsablemente el bienestar personal, el entorno y el bien común. Para la enseñanza de la religión, promover la iniciativa personal como desarrollo de la identidad personal es una de sus contribuciones educativas.
  • Resolución de problemas. Se trata de una habilidad que requiere dar los pasos necesarios para comprender lúcidamente las situaciones, percibiendo las dificultades y tomando la iniciativa de intervenir para solucionar los problemas. Por tanto, esta destreza requiere del pensamiento crítico y de la iniciativa personal para intervenir creativa y responsablemente en la mejora de la realidad. Para la enseñanza de la religión, proponer la resolución de problemas como expresión solidaria del humanismo es una de sus aportaciones esenciales.
  • Asunción de riesgos. Una sociedad cambiante y dinámica requiere personas que desarrollen habilidades de adaptación a los cambios. Pero esta capacidad de adaptación no significa sin más un sometimiento a la realidad, hay que estar preparados para valorar el contexto y con los principios elegidos tomar la iniciativa para adaptarse. Por tanto, educar estas habilidades supone estar preparado para anticipar decisiones con un riesgo controlado sobre la propia persona y la realidad. Para la enseñanza de la religión, incentivar la planificación de proyectos es uno de sus aprendizajes esenciales que incluye la adaptación al entorno y la asunción de riegos razonables.
  • Toma de decisiones. Se trata de una destreza muy relacionada con la asunción de riesgos. Educarla supone aprender mecanismos adecuados para que una toma de decisiones sea responsable y coherente. Será necesario practicar la previsión de escenarios, la consideración de variables, los elementos que deben ponerse en juego y sus de consecuencias. Para la enseñanza de la religión, impulsar la toma de decisiones, con criterio propio y responsabilidad ética, es una de sus finalidades formativas más propias.
  • Gestión de sentimientos. El desarrollo educativo requiere preparar el reconocimiento y la gestión de las emociones y los sentimientos. Por tanto, se trata de acompañar a los alumnos en el reconocimiento y la identificación de las emociones dotándoles de las habilidades necesarias para su gestión personal. Hay que prevenir actitudes destructivas o agresivas y hay que canalizar las emociones con asertividad en el cuidado de uno mismo y de las relaciones con otros. Para la enseñanza de la religión, inspirar el autoconocimiento y la gestión emocional, aportando valores y creencias, es una de sus finalidades educativas y de sus aprendizajes esenciales.

En resumen

Las ocho competencias clave y sus conocimientos fundamentales, sus siete destrezas transversales y la propuesta de valores y actitudes suponen el aprendizaje escolar básico que prepara para la ciudadanía, pero conscientes de que el aprendizaje se prolongará lo largo de toda la vida.

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