El diccionario define al “globo” como un objeto de goma, o de otro material flexible, generalmente de forma redonda, que relleno de aire o de un gas menos pesado, se eleva en el aire. Usaremos esta imagen del globo como alegoría para entender con facilidad la importancia del cultivo de nuestro mundo interior.
Los globos tienen distintas formas y colores, pero todos son globos. Todos nosotros somos como “globos”, básicamente iguales. Tenemos cuerpo, pensamientos y emociones. Compartimos el “kit básico” de seres humanos. Somos personas.
¿Qué nos va diferenciando? El aspecto exterior, pero fundamentalmente el interior. Respecto al aspecto exterior tenemos cabeza, tronco y extremidades y cada de estas partes con sus miembros y órganos. Muy parecidos todos, sin duda.
La diferencia en los globos está en su interior, es decir, en la cantidad de aire que contienen y en el tipo de aire que almacenan dentro. Sucede algo similar con los seres humanos. Nos diferencia el “aire interno”, la energía que poseemos dentro de cada uno de nosotros. Esa energía interior se llena con elementos energizantes o se vacía con elementos debilitadores. Los energizantes son acontecimientos vitales significativos: personas positivas o importantes en nuestra trayectoria vital, relaciones profundas y enriquecedoras o situaciones gratificantes. Los debilitadores son los que nos van vaciando por dentro: acontecimientos dolorosos, personas que nos han traicionado, relaciones tóxicas que mantenemos y no sabemos cómo liberarnos de ellas, situaciones difíciles que tenemos que afrontar o decisiones complicadas que nos cuesta manejar y ejecutar.
De aquí la importancia de acudir frecuentemente a buenos y potentes abastecedores de energía. Abastecedores que nos recarguen como personas, en todas nuestras dimensiones: a nivel intelectual, emocional, relacional-social, corporal y espiritual. Día a día nuestra energía se nos vacía, de ahí la necesidad de recargarla con frecuencia. El cansancio es acumulativo, pero el descanso no, por tanto, debemos buscar momentos diarios para recargar lo que el cansancio va lentamente consumiendo.
Todos buscamos, consciente o inconscientemente, tener una vida estable y en equilibrio. Hay acontecimientos, personas o situaciones que nos estabilizan, que nos hacen mantener la energía e, incluso, nos llenan, nos recargan. También existen otras situaciones o personas que nos hacen perder energía, nos agotan o nos desestabilizan. Todos intentamos buscar y vivir en equilibrio, por eso deberemos estar alerta para que cuando nuestras reservas energéticas enciendan su piloto rojo, seamos capaces de percibirlo y poner manos a la obra para remediar esa peligrosa situación. Cuando el cansancio hace mella en nosotros mismos, lo más adecuado es descansar y reponer fuerzas, ya que el cansancio nos lleva a tomar decisiones inadecuadas. Parece un principio sencillo: cuando uno está cansado lo mejor es descansar; aunque no siempre somos capaces de ser tan sensatos.
Existe diferencia en los globos. Unos están llenos de aire “normal” y otros de uno más liviano, como el helio. Hay algunas personas y/o situaciones que nos “inflan” especialmente y, como sucede con los globos de helio, nos elevan, hacen que volemos más alto. Hay acontecimientos dolorosos, enfrentamientos o sentimientos de frustración que nos van vaciando de energía, nos la roban. Algunos acontecimientos, incluso nos rompen. Otros nos perforan haciendo orificios por donde se nos escapa el aire, la energía. Por eso es necesaria una continua tarea de recarga y reparación.
Cuando ha sucedido algo que nos ha roto, que nos ha dañado, que nos ha dejado más débiles, es importante reparar. Para realizar esta labor la propia palabra “reparar” nos orienta indicándonos el camino. Nos invita a parar con insistencia (“re-parar”). Parar una y otra vez facilita la reparación. No se pueden reparar cosas importantes, y que han dejado mella en nuestro interior, con prisas. Conocemos la ruta: PARAR y REPARAR para RECARGAR
Una pregunta: ¿Con qué estás llenando tu globo, tu vida? Recuerda que de la calidad del aire (experiencias exitosas) y de la cantidad de energía que tengamos dentro, depende nuestra satisfacción personal vital y, en definitiva, nuestra felicidad.

