TEOLOGÍAS PARA ATEOS / 2. REFLEXIONES PARA LOS QUE CREEN Y LOS QUE CREEN QUE NO CREEN
El libro escrito por el mexicano Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como "Catón" –Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el alma– nos da pie para centrarnos en el fenómeno del ateísmo. Lo hacemos centrándonos especialmente en «los que creen que no creen».
Ya presentamos aquí el libro Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el alma, una obra del columnista más leído de México, Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como «Catón» y decíamos que todos los profesores de Religión pueden encontrar en él abundante material para su propia reflexión e historias de todo tipo para sus alumnos de cualquier curso(ver Teologías para ateos: un arsenal de historias para la clase de Religión). Podemos centrarnos ahora en quienes se declaran ateos o viven como tales, a los que alude en el título. Y en los que creen que no creen, a quienes dedica el libro.
LOS ATEOS QUE CREEN QUE NO CREEN
El autor, que resume esta obra como una «profesión de fe, plegaria de esperanza y declaración de amor»,realiza en este libro «algunas de sus más agudas reflexiones: Dios, la eternidad, el alma, lo que hay más allá de la muerte». Y lo hace con el humor y pensamiento profundo que le caracterizan.
Recordemos que el libro lleva esta dedicatoria, que refleja mucho de sus intenciones:
«A los que creen, porque creen.
A los que no creen, porque creen que no creen».
[Lamento no haber logrado que Mari Patxy Ayerra no llegara a escribir un libro que le había pedido unos años antes de la aparición de esta obra y que habíamos titulado Cartas a los que creen que no creen. La muerte repentina se lo impidió].
Nosotros aquí podemos centrarnos en los que no creen y en «los que creen que no creen», curiosa definición de quien dice de sí mismo:
«Quisiera yo tener la fe del carbonero o la incredulidad de los escépticos, pero carezco de ambas certidumbres: la del sí y la del no. Navego por los siete mares de la duda. Y, sin embargo, miro a lo lejos una luz. Sé que es difícil probar la existencia de Dios, pero entiendo que es más difícil aún probar su inexistencia».
Esa luz que mira a lo lejos proviene sin duda desde las vivencias de la infancia y de la tradición religiosa familiar y está anclada en la religiosidad popular, todo ello reflexionado desde la duda y mantenido desde la alegría de la fe:
«Yo creo, pero dudo. Dicho mejor: yo dudo, pero creo. Esto es decir que, pese a todo, tengo fe. No merezco ese don; más bien, merezco las tristezas del escepticismo. Por eso agradezco más la estremecida llama que va en mí y que ninguna tormenta interior ha conseguido nunca apagar».
Por eso manifiesta que esta estremecida fe se alimenta de las más pequeñas de las criaturas:
«Los teólogos mayores se han esforzado a lo largo de los siglos en explicar a Dios. La más pequeña de sus criaturas lo explica mejor».
TRES HISTORIAS DE LA CREACIÓN DEL MUNDO
Entre los centenares de breves escenas que componen el libro, el autor tiene 57 historias tituladas “Historias de la creación del mundo”. Elegimos tres de ellas en las que se refiere a los ateos. En el original todas llevan el mismo título pero nosotros le ponemos uno específico.
[Origen de los ateos]
Cuando el Señor terminó la obra de la Creación, dio unos pasos hacia atrás, como hace el pintor frente a su tela, y contempló su obra.
La magnificencia de lo creado superaba todo lo que Él había imaginado. Jamás pensó que el mar sería tan mar ni el cielo tan celestial. El Señor, que todo lo puede, no pudo contener su emoción al ver que tanta belleza había salido de sus manos. En verdad, los cielos y la tierra proclamaban la gloria del Creador.
Tuvo miedo, el Señor, de caer en culpa de soberbia.
Y entonces Dios, para no hacerse vanidoso, hizo a los ateos.
- ¿Cuál sería el origen de los ateos según esta historia?
- ¿Qué imagen nos da de Dios?
[Desfile ante Dios]
Pasaron los filósofos.
Y dijo Dios:
–Estos me intuyen.
Pasaron los teólogos.
Y dijo Dios:
–Estos me inventan.
Pasaron los científicos.
Y dijo Dios:
–Estos me adivinan.
Pasaron los poetas.
Y dijo Dios:
–Estos me ven.
- Diversos grupos –se supone que creados por Dios– pasan ante él, y Dios habla de ellos. Lo que va diciendo de cada grupo, ¿qué refleja de cada uno de ellos?
- Nos centramos en los verbos empleados en cada grupo: intuir, inventar (que significa también “encontrar”), adivinar, ver… ¿Qué diferencias hay al referirlos a Dios?
- Continuamos la historia: «Pasaron los ateos. Y dijo Dios…». ¿Podría ser : «Estos purifican mi imagen»?
[“¿Por qué los ateos no creen en ti?”]
–Señor –preguntó Adán a su Creador–, ¿por qué los ateos no creen en Ti?
–No me lo explico –le contestó el Señor–. Después de todo yo sí creo en ellos. Y sin embargo, he conocido a muchos ateos buenos. Hasta he llegado a pensar que para ser bueno no es necesario por fuerza creer en Dios; se necesita, sí, creer en el hombre. Muchos ateos hay que hacen cosas buenas, y muchos creyentes que hacen cosas muy malas en Mi nombre.
–¿Quieres decir entonces, Señor –se inquietó Adán–, que es lo mismo creer que no creer?
–Desde luego que no –respondió Adán–. El que cree es como el que ama: jamás está solo. Pero respeto tanto la libertad de los hombres, que los dejo que crean o no en Mí, según su voluntad. Por eso no me molestan los ateos. Y te diré en confianza, a veces los creyentes me molestan un poquitito más.
Al oír eso Adán se propuso creer más en Dios y tratar de importunarlo menos.
- Respondemos nosotros. ¿Es lo mismo creer que no creer?
- Comentamos la reacción de Adán ante las respuestas de Dios: “creer más” e ”importunarlo menos”. ¿Por qué?

JEAN CUSSET, ATEO SOLO EN TIEMPOS DE BONANZA
De los centenares de breves escenas que componen el libro, hay otras 57 en las que un ateo, al que llama Jean Cusset, manifiesta sus reflexiones sobre Dios. Esas historias van siempre encabezadas por estas dos líneas:
«Jean Cusset, ateo con excepción de[“la primera vez que se enamoró”, por ejemplo, y así las otras 56 situaciones], dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre–, y continuó:»
Después vienen las reflexiones de Jean Cusset, expresadas siempre mediante una historia que no necesariamente tiene que ver con el tema del título que la encabeza. Y las historias siempre terminan de esta forma:
«Así dijo Jean Cusset, y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre».
«Dice Armando Fuentes Aguirre que Jean Cusset, célebre personaje que da sorbos a su martini seco, siempre adornado con dos aceitunas, es ateo, con excepción de las veces que enfermó gravemente y fue operado de emergencia…», resume José Guadalupe Rocha el 7 de julio de 2023 en una de sus columnas. Y después de señalar otras 20 excepciones, termina: «Cusset es ateo nada más en tiempos de bonanza».
Estos son los 57 encabezamientos de las historias de Jean Cusset, ateo “con excepción de las veces que no lo es”, agrupados por temas, pero manteniendo el orden de aparición a lo largo del libro.
El misterio de la vida
- La vez que tuvo en los brazos a su primer nieto.
- La primera vez que vio sonreír a su hijo.
- La vez que estudió Embriología.
- La vez que vio nacer a su hijo.
- La vez que nació su primer hijo.
- El día en que nació su hijo.
- La vez que oyó a su hijo decir la primera palabra.
Amor
- Cuando se enamora.
- La primera vez que se enamoró.
- Las veces que mira a una madre con su hijo
- Las veces que su hijita le da un beso.
- Los días de Navidad.
La experiencia de la música
- Las veces que escucha a Casals.
- La vez que escuchó el Te Deum de Charpentier.
- La vez que escuchó el Magnificat de Bach.
- La primera vez que escuchó la Sonata Waldstein de Beethoven.
- Las veces que oye a Mozart.
- Las veces que escucha música de Miguel Bernal Jiménez.
- La vez que oyó Gloria de Vivaldi.
- Las veces que oye música de Tchaikovsky.
- Las veces que oye cantar un lied de Schubert.
- La primera vez que oyó María Santísima, de Melesio Morales, músico mexicano.
- Las veces que escucha canto gregoriano.
- La vez que escuchó a los monjes de Solesmes cantar el Jubilate, bajo la dirección de DomGajard.
- Las veces que escucha música de Palestrina.
- Cuando escuchó por primera vez a Mahalia Jackson.
- La vez que oyó cantar a Victoria de los Ángeles.
La experiencia del arte: pintura, arquitectura
- La vez que vio un fresco de Giotto.
- El día que por primera vez vio la catedral de Burgos.
La contemplación de la naturaleza
- La vez que subió una montaña.
- La vez que vio a través de un telescopio.
- La vez que vio un nido de colibrí.
- El día que observó con atención una amapola silvestre.
- La vez que vio de cerca una ballena.
- Cuando mira un amanecer.
- Cuando la noche viene ya.
- Cuando estudió Entomología.
Reflexión, pensamiento
- La vez que leyó a Darwin.
- Cuando lee a Teilhard de Chardin.
- Las veces en que se pone a pensar si en verdad es ateo.
- La vez que leyó los Pensamientos de Pascal.
- Cuando lee a Fray Luis de Granada.
- Cuando lee a Dostoiewsky.
- Las veces que lee a San Juan de la Cruz.
Ante el dolor y sufrimiento
- Cuando le duele una muela.
- La vez que enfermó su hijo.
- Cuando sufre.
- La vez que pensó que iba a morir.
- Las veces que se siente solo.
- Cuando la noche del alma es muy oscura.
Ante el peligro…
- La vez que atravesó en avión una tormenta eléctrica.
- Cuando se ve en medio de una tempestad.
- La vez que falló el motor de la avioneta en que volaba.
Situaciones y vivencias especiales
- Las veces que debe dar gracias a alguien por la felicidad que siente.
- La vez que pensó que iba a morir.
- Cuando piensa en la muerte.
- La vez que conoció a un verdadero ateo.
- La vez que recuerda sus oraciones de niño.
- ¿Qué tres situaciones nos llaman más la atención?
- ¿Qué otras tres situaciones pondría cada uno?
TRES REFLEXIONES DE JEAN CUSSET
Reproducimos de nuevo tres historias de Jean Cusset, a las que también ponemos título.
[La sonrisa de Dios]
Jean Cusset, ateo con excepción de cuando se enamora, dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y continuó:
–Hay quienes se preguntan por qué la Mona Lisa sonríe en el cuadro de Leonardo. Yo me pregunto por qué Dios no sonríe en la imagen que Miguel Ángel pintó de él en la Capilla Sixtina. Todo era nuevo el primer día: el hombre, el mundo… Todo estaba acabado de nacer. Dios mismo parecía recién inaugurado: las religiones no lo habían desgastado aún. Por lo tanto, una sonrisa cósmica debió haber alegrado la mañana de la creación: la sonrisa del padre que ve a su hijo nacido.
–Cuando mi padre sonreía –siguió diciendo Jean Cusset– todo se iluminaba para mí. En cambio, si estaba triste o irritado, mi pequeño universo se apagaba. Nuestro padre universal sonríe en la naturaleza. En esa sonrisa, la de las cosas bellas de este mundo, nosotros también debemos sonreír.
Así dijo Jean Cusset, y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
- Nos imaginamos y concretamos esa “sonrisa cósmica” de Dios. La dibujamos.
- “Nuestro padre universal sonríe en la naturaleza”. ¿Qué aspectos (momentos, lugares…) de ella contagian nuestra sonrisa?
[Creer o no creer en Dios]
Jean Cusset, ateo siempre con excepción de la vez que pensó que iba a morir, dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y continuó:
–Es difícil creer en Dios, pero es más difícil no creer en él. La fe tiene más respuestas que el escepticismo. Quizá esas respuestas no sean verdaderas, pero aun si son falsas, son mejores que el silencio. El creyente tiene siempre un asidero; el incrédulo sólo tiene la nada.
Dio un nuevo sorbo a su martini y prosiguió:
–Yo dudo porque soy hombre de fe. No puedo decir con certidumbre: «Dios existe», pero, por lo mismo, tampoco puedo decir con certeza: «Dios no existe». En todo caso, la posibilidad del ser ofrece más esperanza que la posibilidad del no ser. Apostemos, como Pascal, por Dios. Si perdemos no habremos perdido nada aparte de la nada. Si ganamos lo ganaremos todo.
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su Martini, con dos aceitunas, como siempre.
- ¿Qué es más difícil: creer en Dios o no creer en el? ¿Por qué?
- Comentamos el segundo párrafo: ¿Por qué merece la pena apostar por Dios?
[Explicar el mal y el bien]
Jean Cusset, ateo con excepción de las veces que escucha música de Palestrina, dio un nuevo sorbo a su martini –con dos aceitunas, como siempre– y continuó:
–Si crees en Dios será muy difícil explicar el mal.
Dio otro sorbo a su martini, Jean Cusset, y concluyó la frase:
–Pero si no crees en Él será imposible explicar el bien.
Añadió luego:
–El mal no existe, pues sería la negación de Dios. Lo que llamamos «mal» es la ausencia del bien. El género humano avanzará en su evolución espiritual, y el oscuro vacío que es el mal será llenado por la luz del bien. Esa es una de las siete cosas que pedimos al rezar el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino».
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini,con dos aceitunas, como siempre.
- ¿Por qué si no crees en Dios será imposible explicar el bien?
- ¿En qué se ha de traducir la petición del padrenuestro “Venga a nosotros tu reino”?

