TEOLOGÍAS PARA ATEOS / 3. QUÉ PASA CON LOS MILAGROS
El libro escrito por el mexicano Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como "Catón" –Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el alma– incluye 35 escenas de San Virila, un santo que hacía milagros. Ello nos da pie para centrarnos en el fenómeno de los milagros.
En otras dos ocasiones hemos hablado aquí del libro Teologías para ateos. Reflexiones sobre Dios, la eternidad y el alma, una obra del columnista más leído de México, Armando Fuentes Aguirre, mejor conocido como «Catón». En la primea señalábamos que todos los profesores de Religión pueden encontrar en él abundante material para su propia reflexión e historias de todo tipo para sus alumnos de cualquier curso (ver Teologías para ateos: un arsenal de historias para la clase de Religión). Y en la segunda nos centramos específicamente en los ateos y el fenómeno del ateísmo (ver Teologías para ateos / 2. Reflexiones para los que creen y los que creen que no creen).
En Teologías para ateos el autor incluye 35 escenas de San Virila, a quien presenta como un santo que hacía milagros.
LA EXPERIENCIA DE LOS MILAGROS
La mentalidad milagrosa
Nos centramos ahora en los milagros, un fenómeno más entroncado en el pensamiento humano de lo que podríamos sospechar. De hecho, podemos afirmar que el ser humano posee una «mentalidad milagrosa» potencial, entendida como la capacidad de la mente consciente para transformar su realidad, imaginar, crear y percibir el mundo con asombro. Y también como la necesidad o deseo de que sucedan acontecimientos que nos sean favorables, sobre todo cuando las circunstancias no lo son. Todo ello se h servido quizás como ayuda evolutiva para llegar a ser lo que es.
Esta mentalidad se caracteriza por ser un estado creativo, positivo y a veces espiritual que permite superar obstáculos y vivir con mayor facilidad, en lugar de actuar desde el miedo o desde la angustia del ego, transformando el miedo en amor y la limitación en posibilidades. Por otra parte, sabemos que una mentalidad positiva y consciente influye en el éxito, la salud, las relaciones y la toma de decisiones, a menudo interpretando los eventos positivos como “milagros”.
¿Que pasa con los milagros?
Podemos hacer un sencillo acercamiento a lo que cada uno piensa sobre los milagros. Para ello concluimos las siguientes frases incompletas:
- Yo no / sí (elegir una opción) creo en los milagros porque…
- Es un verdadero milagro que…
- El mayor milagro del que yo he sido testigo en mi vida es…
- Un milagro que me gustaría que sucediera es…
- Un milagro del que tengo noticia y me llama mucho la atención es…
Ponemos el común el resultado y sacamos conclusiones.
LA LEYENDA DE SAN VIRILA

San Virila (¿870? – 950) fue un monje benedictino y abad del monasterio de San Salvador de Leyre, en Navarra. Es recordado especialmente por la leyenda que lo vincula con el misterio de la eternidad. (Véase la imagen que encabeza esta nota).
Así resume la biografía de San Virila el benedictino Miguel Carlos Vivancos en Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia:
«El único dato histórico cierto con que se cuenta de este personaje es que, como abad de San Salvador de Leyre, aparece su firma en un documento del obispo Galindo de Pamplona, conservado en el “Libro Gótico” de la catedral iruñesa, fechado el año 928. No puede ser confundido con el abad homónimo, restaurador del monasterio de Samos (Lugo) el año 922.
Desde 1064 se le tributaba algún culto en su propio ‰monasterio, pero Virila es famoso por ser el protagonista de una narración cuyo origen parece estar en el siglo XII en el monasterio cisterciense de Afflinghen (Bélgica) y que ha sido adjudicada a diversos santos en distintos lugares y tiempos. El protagonista de esta leyenda es un monje, angustiado por comprender cómo puede ser una vida eterna junto a Dios sin tedio. Pensando en ello se interna en el bosque y se extasía unos momentos oyendo el canto del ruiseñor; al volver en sí y al monasterio descubre estupefacto que todo ha cambiado y ninguno de los monjes lo conoce, aunque él afirma ser el abad. Los monjes escrutan sus libros y saben así de la existencia de un abad que trescientos años antes desapareció sin dejar rastro. Mientras alaban a Dios por el milagro, un pájaro coloca al abad un anillo abacial en el dedo. Así ha comprendido cómo es posible una eternidad sin aburrimiento. La tradición legerense fue añadiendo otros detalles y señalando el pueblo de Tiermas (Zaragoza) como el lugar de nacimiento de Virila. Su culto fue siempre local, como lo es en la actualidad, y tradicionalmente se celebraba su fiesta el día 1.º de octubre, aunque ahora se conmemora el día 3 del mismo mes. Sus reliquias, trasladadas a la Catedral de Pamplona tras la exclaustración de 1835, volvieron al monasterio en 1979».
La figura de San Virila ha permanecido en la memoria religiosa de Navarra, especialmente a través del Camino de Santiago, que pasa cerca del monasterio, contribuyendo a la preservación de su culto y su leyenda.
La moraleja de esta historia radica en la comparación entre la percepción humana y la eternidad divina. La leyenda enseña que, si el simple canto de un pájaro puede hacer que trescientos años se sientan como un instante, los gozos de la eternidad deben ser aún más incomparables y sublimes.
LOS MILAGROS DE SAN VIRILA
Esta leyenda puede haber sido la causas de la elección de San Virila por parte de “Catón» en su Teologías para ateos como el santo que hace milagros. Él le pone como protagonista en 35 escenas en que los milagros andan de por medio. Reproducimos aquí 6 de ellas, en las incluimos un título que podría ser otro, con las que podemos leer y trabajar de la siguiente manera, por ejemplo:
Leemos cada escena y comentamos:
- ¿Qué nos dice a cada uno?
- ¿Qué quiere mostrarnos?
- ¿Qué refleja sobre los milagros?
- ¿Qué conclusión sacamos?
[Qué es un milagro]
El incrédulo le pidió a San Virila algún milagro para poder creer.
San Virila hizo un movimiento con su mano y al incrédulo se le cayeron los pantalones. Toda la gente se rio de él.
–Ese no es un milagro –dijo mohíno el hombre al tiempo que se levantaba los pantalones.
–¿Ah no? –sonrió el santo–. ¿Qué es un milagro?
Contestó el hombre, atufado:
–Milagro es, por ejemplo, mover una montaña.
Le replicó Virila:
–No hay diferencia alguna entre mover milagrosamente una montaña y mover milagrosamente un pantalón. Milagros son milagros. Si no quieres de unos no pidas de otros.
[El milagro de la vida]
San Virila pensó que el día se presentaba bien. Le dolía una muela, es cierto, pero la tierra seguía dando vueltas como siempre, había aire para que respirara todo mundo y el sol estaba en su lugar.
Salió de su convento aquel alegre santo que amaba a las creaturas por el Creador y al Creador por sus creaturas. En las calles de la aldea, se cruzó con tres mujeres que lucían, felices, las evidentes señas de un próspero embarazo.
–¡Caramba! –exclamó San Virila, regocijado–. ¡Tres veces nos está diciendo Nuestro Señor que la vida va a seguir!
Cuando volvió al convento le preguntaron sus hermanos:
–¿Cuántos milagros hiciste hoy?
–Ninguno –respondió él con una sonrisa–, pero vi tres.
[«No necesito más milagros»]
–Haz un milagro para poder creer.
Así dijo a San Virila aquel incrédulo.
El santo hizo un movimiento de su mano y el escéptico se elevó por el aire hasta quedar a la altura de la más alta aguja de la catedral.
–¡Bájame, por favor! –gritó el infeliz lleno de espanto.
–Ese sería otro milagro –le gritó el santo a su vez–. Tú nada más pediste uno.
Allá arriba el hombre empezó a manotear con desesperación. Divertida, la gente de la aldea reía a carcajadas. San Virila hizo entonces otro movimiento y el hombre descendió con suavidad hasta llegar al suelo.
–¿Crees ahora? –le preguntó Virila.
–Sí –respondió el desdichado, tembloroso–. No necesito más milagros.
San Virila regresó a su convento. Por el camino iba compadeciendo a los pobres de espíritu cuya fe nace del miedo.
[El milagro invisible]
El escéptico le pidió a San Virila que le hiciera un milagro para poder creer.
–A las 12 de la noche en punto verás un gran milagro –le ofreció el santo.
Al día siguiente, el incrédulo hacía burla de San Virila.
–Nada pasó a las 12 de la noche –le dijo–. Esperé despierto a ver qué sucedía y nada sucedió.
–¿Acaso no te diste cuenta? –respondió sorprendido San Virila–. Un nuevo día comenzó en el mundo. Ese es un hermoso milagro que a todos nos debería asombrar.
Cuando escuché este relato de San Virila pensé en el gran número de milagros que han llegado a mi vida sin darme cuenta y sin agradecerlos.
[El milagro de no hacer daño a nadie]
Le dijo un hombre a San Virila:
–No creo en Dios. No creo que exista el alma. No creo que haya otra vida después de ésta. No pertenezco a ninguna religión, y pienso que ninguna es verdadera. ¿Qué opinas?
–Está bien –le contestó Virila–. Con tal de que a nadie hagas daño con tus ideas.
Se fue aquel hombre y vino otro.
–Creo en Dios –le dijo a San Virila–. Creo en la existencia del alma y en su inmortalidad. Creo en una vida eterna. Pertenezco a nuestra santa religión, porque creo que es la única verdadera. ¿Qué opinas?
–Está bien –le contestó Virila–. Con tal de que a nadie hagas daño con tus ideas.
[El milagro de todos juntos}
San Virila bajó a la aldea esa mañana. Por la noche había llovido torrencialmente y el río iba crecido. Un niño quedó atrapado en una isleta; las aguas amenazaban con ahogarlo.
Los hombres y mujeres de la aldea, al ver llegar a San Virila, le gritaron con desesperación:
–¡Haz un milagro!
San Virila levantó al cielo la mirada y repitió:
–¡Señor, haz un milagro!
Escuchó San Virila una voz:
–¿Me pides un milagro? Para eso estás tú.
San Virila meditó brevemente esas palabras y luego dijo a los aldeanos:
–¿Me piden un milagro? Para eso están ustedes.
Entonces los aldeanos se unieron en cadena, juntas las manos. Así llegaron a donde estaba el niño y lo salvaron.
–¿Lo ven ustedes? –les dijo San Virila–. Entre Dios y nosotros podemos hacer muchos milagros.
Resumen final
- Después de haber leído y comentado todas las escenas elaboramos una serie conclusiones. (Puede ser un decálogo, por ejemplo).
- Y volvemos a retomar el punto inicial ¿Que pasa con los milagros? Concluimos de nuevo las frases incompletas iniciales:
- Es un verdadero milagro que…
- El mayor milagro del que yo he sido testigo en mi vida es…
- Un milagro que me gustaría que sucediera es…
- Un milagro del que tengo noticia y me llama mucho la atención es…
- Yo no / sí (elegir una opción) creo en los milagros porque…
- Ponemos el común el resultado, vemos la diferencia con las respuestas iniciales y sacamos conclusiones

