Ser joven en tiempos de pandemia

Cada edición del informe Jóvenes españoles de la Fundación SM ha estado marcada por un contexto particular (los convulsos años ochenta, la burbuja del bienestar de los noventa, el entusiasmo de principios de los 2000 y la crisis de 2008), y no debemos olvidar que los jóvenes son fruto del tiempo en el que viven y de las personas que configuran su entorno social. Lamentablemente, el contexto que rodea esta edición está marcado por el impacto de una pandemia global cuyas consecuencias sobre la juventud todavía se muestran en forma de indicios, aunque de momento no son nada halagüeños (interrupción de procesos formativos, desempleo, dificultades para la emancipación, etc.). Pero, si buscásemos una palabra para definir lo que supone ser joven en 2021, sería “incertidumbre”, que rodea a cada una de las decisiones que están tomando nuestros jóvenes, desde el tipo de formación a elegir hasta la cuestión trascendental de si es el momento correcto para tener una casa o una familia propia. En este marco, ¿tienen nuestros jóvenes o alumnos alguna certeza? La respuesta es que sí, las tienen, y la investigación que hemos realizado desde la Fundación SM da buena cuenta de ello. Una de sus mayores certezas se sitúa en el ámbito de la educación. Adquirir la mejor formación a su alcance es para ellos la mejor forma de encarar un futuro incierto. Es por ello que, en nuestra investigación, la labor que se hace desde los centros educativos obtiene el reconocimiento prácticamente unánime de la juventud española. El apoyo insustituible que para ellos representa la familia también forma parte de ese conjunto de certezas, así como la conciencia de que existen problemas globales para lo que ya no cabe mirar para otro lado (la igualdad de género, la protección del medioambiente, la justicia social). Y, también, la fe cierta de que su futuro estará lleno de dificultades (para trabajar de lo que les guste, ser independientes económicamente) y de que, si esperaran vivir mejor o al menos igual de lo que lo hicieron sus padres, es probable que tengan que volver a emigrar. Y es que la pandemia ha hecho que muchos de nuestros jóvenes levanten la cabeza de sus pantallas y se den cuenta de su propia fragilidad y de la fragilidad de las personas y del mundo que los rodea. En este punto, desde la Fundación SM nos preguntamos: ¿estarán dispuestos a hacer algo? ¿Se dejarán arrastrar por el tsunami que nos ha tocado vivir o se situarán al frente de un cambio no ya necesario, sino imprescindible? ¿Cómo podemos ayudarlos? ¿Cuál es nuestro papel como educadores?

El gran desafío que tenemos entre manos es educar al modelo de persona
que demandan los nuevos retos a los que nos enfrentamos

Generación Go

El gran desafío que tenemos entre manos es educar al modelo de persona que demandan los nuevos retos a los que nos enfrentamos como sociedad, una generación de ciudadanos globales que sean capaces de comprender dichos retos y de actuar colaborativamente para solventarlos. Personas competentes, compasivas, solidarias, creativas, colaborativas y orientadas a la acción. Nosotros la llamamos la “generación Go” y creemos que esta generación debe construirse desde la escuela, contando con el compromiso de toda la comunidad educativa. En nuestra opinión, la escuela representa el espacio privilegiado desde el cual articular un movimiento que transforme completamente la sociedad. ¿Te unes a la generación Go?

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