Buen comienzo

En las tres primeras generaciones cristianas, encontramos sucesivos buenos comienzos en lo que hace a la familia. Podemos, y debemos, encontrarlos también en las tres últimas, contemporáneas y coetáneas.

La incorporación de las familias al movimiento de Jesús está atestiguada en el Nuevo Testamento. El evangelio de Marcos deja constancia de que se está verificando un movimiento gradual de integración de las familias en el grupo de seguidores de Jesús. Eso configura un cambio en la manera de vivir el Evangelio y de transmitirlo. La conversión de familias enteras se ve en las exhortaciones de los códigos domésticos, que exponen los deberes de los miembros de la familia (Colosenses, Efesios, 1 Pedro) y en otros textos que no tienen esa estructura (1 Timoteo o Tito). Además, los textos del Nuevo Testamento, y de manera particular las cartas de Pablo, ofrecen ejemplos concretos de familias que se integraron en el movimiento cristiano. La conversión de una casa fue el núcleo a partir del cual comenzó la historia del movimiento cristiano en una población determinada. En algunos casos, de toda (la de Lidia); en otros, solo de algún miembro de la familia.

No es una novedad, sabemos de los conflictos que se dieron ya en el período prepascual, cuando algunos discípulos sufrieron el rechazo de sus familias. Esta realidad siguió dándose en la primera y segunda generación cristiana, como se ve en la tradición sinóptica. Y en la generación siguiente también, como aparece en la Didajé, Ignacio de Antioquía, y en las cartas de Bernabé, a Policarpo, de Policarpo de Esmirna, Clemente Romano, donde aparecen conversiones de familias enteras y discípulos que sufrieron el rechazo de sus familias por seguir a Jesús.

Y más adelante, la ruptura con la familia por causa del discipulado y la misión siguió viviéndose, como puede deducirse de las actas de los mártires, los Hechos apócrifos (así Tecla) y los apologetas. Solo en la primera generación cristiana (30-70), la profesora Elisa Estévez López distingue las mujeres de Jerusalén a Antioquía (Judea, Galilea, región siropalestinense) de las de las comunidades de Pablo.
No se trata de apropiarse de manera arqueológica de las situaciones, procedimientos y métodos empleados por los primeros cristianos. Situaciones así se han dado con distinta intensidad a lo largo de toda la historia del cristianismo. Pero en esta época de la instantaneidad, requiere ensayarse en la permanencia, en el tiempo regalado, la contemplación de todos los buenos comienzos. En Mis hojas sueltas se repite, incluso como titular, la expresión “buen comienzo”. Cuando después de diez años que condensan una vida se puede pensar que por encima de nubarrones hay mucha fe y mucha esperanza, lugares que te dejan el alma llena. Como jornadas de la familia donde verlas jóvenes, con niños, alegría. Eso no es nada improvisado. Es fruto de las últimas generaciones cristianas. El factor común de la “política” sobre la santidad femenina de Francisco es la plena humanidad de las mujeres propuestas para los altares. “La santidad de la puerta de al lado”.

Santidad reconocida

Hagamos la cuenta “moderna” de santidad reconocida desde 1588, fecha en que se crea la congregación vaticana al respecto. Hasta 2006, el total de nuevos santos era de 778. Y seis de cada diez, esto es, 482, habían sido proclamados por Juan Pablo II que, además, beatificó a 1341 fieles. Un número significativo de entre ellos mujeres, matrimonios, familias. Si como vamos viendo de la mano de Elisa Estévez López, las fuentes cristianas de los orígenes nos permiten vislumbrar la unidad y pluralidad en cuanto a la participación y liderazgo de las mujeres, también sus estudios nos permiten diferenciar lo sucedido en cada una de las tres primeras generaciones cristianas (30-70, 70-110, 110-150). Hacerlo nos obliga a ver a nuestras mujeres, matrimonios, familias coetáneas y contemporáneas en clave evolutiva y plural. Lo haremos sucesivamente, fijándonos en las diferentes generaciones cristianas, hasta las tres últimas.

Revista RyE   N.º 357   Febrero 2022
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.