Conquista espiritual

En la materia de Historia de segundo de Secundaria se tratará el tema: “La conquista espiritual”. No asustarse, no lo dice la LOMLOE. Esto es posible en el Estado de Puebla y estaría bien en nuestras clases.

“Estados Unidos no puede permitirse continuar atado a políticas que dan una respuesta al mundo como este era hace veinte años. Tenemos que cubrir las amenazas donde están hoy día”. Partimos de este párrafo de las declaraciones del presidente Joe Biden, el nueve de julio de este año, respecto al “estatus de la extracción” de las fuerzas de Estados Unidos y los aliados. Poner fin a la guerra más larga sostenida por ambos, en Afganistán, requería una explicación. “Estados Unidos hizo lo que fuimos a hacer en Afganistán: capturar a los terroristas que nos atacaron el once de septiembre y hacer justicia con Osama Bin Laden, así como degradar la amenaza terrorista para que Afganistán no se convirtiera en una base desde la que pudieran continuar los ataques contra Estados Unidos. Logramos esos objetivos. Por eso fuimos”.

Las “justas causas” eran responder a un ataque, degradar una amenaza y ajusticiar a un enemigo. Nada que ver con las que relacionaban la intervención con la preservación del talibanismo, la democratización del país o la defensa de la mujer. Fray Juan Ginés de Sepúlveda, sacerdote católico español, conocido por su faceta de filósofo, jurista e historiador, reflexionó sobre las “justas causas” de la intervención en América. En su Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, planteó el problema de la conquista de América con toda la crudeza del aristotelismo puro, tal como se expone en la Política. Su mal vista obra representa también un intento por resolver los problemas jurídicos planteados por el descubrimiento y conquista de América, que rebasaban los marcos del derecho tradicional y positivo.

Los conquistadores tratan de justificarse escondiendo o aminorando los inconvenientes que ejercen sobre los pueblos conquistados. La justificación más socorrida es que se trata de gentes inferiores, con costumbres y pensamiento que someten a crítica implacable, recurriendo incluso a la ética y la ciencia. Estas tesis llegan a América con la espada de los conquistadores y la cruz de los misioneros. Y, allí, en algunos casos, se radicalizan hasta el extremo de sostener que los indios carecen de alma y no pertenecen a la especie humana. El papa Pablo III, en 1537, para no amenguar la labor evangelizadora, tiene que intervenir y decir que sí tienen alma y que, por tanto, “los indios son verdaderas personas”.

Los conquistadores tratan de justificarse escondiendo
o aminorando los inconvenientes

“Dios o el oro de las Indias”

Pero añade que “no solo son capaces de entender la fe católica, sino que, de acuerdo con nuestras informaciones, se hallan deseosos de recibirla”. Desliza planteamientos distintos de los que un año después de 1492 llevaron a Fernando de Aragón a gestionar ante el papa Alejandro VI una bula por la que se le concediera el dominio sobre las islas descubiertas. Tampoco sabemos si esos eran los planteamientos explícitos en los doce primeros misioneros franciscanos llegados a México en 1524. Estos dieron inicio formal al proceso de conquista espiritual en su sentido fuerte. Lo que sí sabemos es que este proceso durará aproximadamente hasta el 1551, fecha del primer Concilio Provincial en Lima, o 1568, fecha de la Junta Magna convocada por Felipe II.

Finalmente, en 1564 llegan nuevas autoridades que destruirán la tarea misionera realizada por los franciscanos. Es lo que da origen al título de Gustavo Gutiérrez, Dios o el oro de las Indias, al tratar de la significación de la Junta Magna. Lo que sigue es el orden colonial definitivo, terminando lo que se ha llamado la conquista espiritual originaria del continente. Pero merece la pena conocer el planteamiento de Dussel sobre “el encuentro” y la experiencia poblana sobre la didáctica de la “conquista espiritual”. Una página admirable de nuestra historia y de la de la humanidad. Véanse www.e-sm.net/201790-02.

Revista RyE   N.º 355   Diciembre 2021

 

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