Competencia global
El Informe PISA ha incluido en sus evaluaciones la competencia global, y los primeros resultados se han publicado recientemente. Sus conclusiones ponen de manifiesto numerosas concordancias con la enseñanza de la religión.
Las prioridades de PISA se habían centrado hasta ahora en el aprendizaje de ciencias, matemáticas y comprensión lectora. Pero las valoraciones eran cada vez más críticas, porque ese enfoque de la educación dejaba sin responder demasiadas preguntas. En ese contexto, era emergente una creciente preocupación por cómo evaluar algunas capacidades que los estudiantes necesitan para su vida adulta y que hasta ahora se habían descuidado. Desde nuestro Punto de vista, esta nueva perspectiva global de PISA contribuirá a un cierto equilibrio humanista en los fines de la educación. Aunque este impacto será lento, la publicación de sus primeros resultados ha puesto en marcha ese reloj.
Para PISA, la definición oficial de competencia global es “la capacidad de examinar asuntos globales e interculturales, para tomar múltiples perspectivas bajo un respeto compartido por los derechos humanos, para participar en interacciones abiertas, apropiadas y efectivas con personas de diferentes culturas y para actuar en pro del bienestar colectivo y del desarrollo sostenible”. Es decir, se pretende fortalecer la formación ética, tanto a nivel personal como colectivo, el conocimiento y respeto de las diversas identidades y culturas, el cuidado de naturaleza, el reconocimiento de los derechos humanos y, por tanto, de todos los valores de la dignidad humana.
Nosotros hemos analizado y comparado los componentes esenciales de la competencia global y de la enseñanza de la religión. Cuando se ponen en paralelo las dimensiones, conocimientos, habilidades y valores que la competencia global enumera en su marco teórico de 2018 y los aprendizajes esenciales de la enseñanza de la religión, según su identidad escolar, emergen con claridad convergencias y sinergias que merece la pena visibilizar. Un primer dato relevante lo encontramos enseguida en la descripción oficial de la competencia global por parte de a Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): en varias ocasiones, expone que el conocimiento de la religión/religiones forma parte de sus objetivos y dimensiones.
El pensamiento crítico, el conocimiento de las diversas visiones del mundo, el diálogo y la tolerancia, los valores éticos individuales y sociales, la valoración de la dignidad humana y la diversidad cultural, los derechos humanos, la responsabilidad en el cuidado del mundo y de las personas, entre otras, son dimensiones de la competencia global y finalidades propias de la enseñanza de la religión en la escuela. El Informe PISA reconoce también que estas dimensiones educativas influyen directamente en el rendimiento de otras competencias como la matemática o la lectura. Lógicamente, si estas dimensiones de la competencia global influyen positivamente en otros aprendizajes y, como hemos visto, coinciden con las finalidades de la enseñanza de la religión, deberemos decir lo mismo de la religión en la escuela.
Competencia global y Religión
Los resultados del Informe PISA de competencia global de 2018, realizado hasta en treinta y nueve países, muestran un buen resultado para los alumnos españoles: por ejemplo, son los más respetuosos con otras culturas (superando en trece puntos la media de la OCDE). El Informe ERE´2020, recientemente publicado, revela que el ochenta y dos por ciento de los estudiantes de Religión afirman que esta asignatura los ha ayudado a ser más tolerantes y mejores personas. Según este estudio, los antiguos alumnos de Religión también mantienen esos porcentajes de cuatro de cada cinco, reconociendo que los ayudó a desarrollar el pensamiento crítico y una mayor sensibilidad hacia las personas que sufren. Son solo algunas evidencias de la concordancia entre competencia global y enseñanza de la religión.
La competencia global, en definitiva, es una oportunidad de mejora para la educación, en general, y para la enseñanza de la religión. Y viceversa. La enseñanza de la religión es una oportunidad para para la educación, en general, y para la competencia global.

