Monseñor Carrasco Rouco:  Para el cristiano no cabe renunciar a la razón, porque sería renunciar a su fe, ni cabe, por tanto, abandonar el espacio común de búsqueda y comprensión de la verdad

El presidente de la de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura de la Conferencia episcopal Española ha impartido la conferencia de apertura de las XLI Jornadas de actualidad canónica que se celebran en Madrid del 20 al 22 de abril.

Con el título La enseñanza religiosa en la escuela. Perspectivas actuales, el obispo de Lugo ha inaugurado las jornadas organizadas por la Asociación Españolas de Canonistas que se celebran en la Universidad Pontificia de Comillas. En su intervención, al hilo de algunas consideraciones sobre el prescriptivo proceso de diálogo mantenido con los responsables gobernativos a propósito de las condiciones de la presencia de la asignatura de Religión Católica en la LOMLOE, Monseñor Carrasco ha ido señalando, por la importancia de los bienes fundamentales que están en juego, argumentos que fundamentan la presencia eclesial en la escuela, y de la asignatura de Religión en el sistema educativo.

Para Monseñor Carrasco “el Estado no puede negar o excluir a la sociedad de la responsabilidad en la educación; pues las personas, adultas o menores, no son del Estado, sino que lo preceden lógicamente en sus derechos y libertades fundamentales. De este protagonismo de las personas y de la sociedad ha querido ser expresión también el modo en que luego se ha procedido a la elaboración del currículo de la Ere, optando por abrir un proceso participativo a todos los actores y responsables de esta tarea educativa”.  

“La reflexión sobre la Ere, por su vinculación intrínseca con la libertad de conciencia y religiosa, es siempre también una reflexión sobre la escuela como espacio público, sobre la necesidad de un “pacto educativo” construido sobre el respeto de los derechos de todos, la autonomía personal y el uso de la razón. Este es, en realidad, un desafío actual en cada generación y también en nuestra sociedad, cada vez más plural y cada vez más necesitada de defender la dignidad, la libertad de la persona ante el crecimiento acelerado de medios técnicos que potencian también la posibilidad de ponerlas en cuestión por parte de quien detenta el poder”.

La presencia de asignaturas confesionales” es garantía de que la escuela permanece como espacio común, abierto a todos. Una asignatura como la Ere, subrayó, precisamente en cuanto “confesional”, resulta necesaria para dar un contenido concreto a la afirmación de la centralidad de la persona, al pedir una atención real al alumno en su identidad más propia, que implica tener en cuenta su cultura, su lenguaje, su religión, su familia y sus circunstancias particulares; y ello potenciando los métodos propios de la escuela, un uso de la razón no cerrada y utilitarista, sino abierta a lo propiamente personal y a la trascendencia.

“Asumir los desafíos educativos actuales de la escuela es perfectamente posible y coherente con la naturaleza de la fe cristiana”, concluyó. “Y podrá ser de gran ayuda en primer lugar para los alumnos, que deberían igualmente confrontarse con el marco descriptivo de lo humano implicado en las competencias y el “perfil de salida”, y con los desafíos culturales de su tiempo, también si la Ere no estuviese integrada en el currículo. Estando presente, en cambio, los objetivos propuestos por la escuela en esta área de conocimiento podrán ser abordados desde la Ere, que aportará además al alumno la riqueza del conocimiento del mundo cristiano, que no se excluye en estos objetivos, pero que se perdería también sin la presencia de la asignatura”.

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