“Progresismo y cristianofobia”, una realidad para abordar desde la clase de Religión

Un artículo reciente de Pilar Rahola nos invita a centrarnos en una realidad muy presente entre nosotros y de la que hablamos con frecuencia pero que no abordamos en común. A partir de él podemos trabajar desde la clase de Religión tanto con los alumnos de cursos superiores como, sobre todo, con los profesores de otras áreas.

La catalana Pilar Rahola, periodista y polemista tertuliana en algunos programas de radio y televisión y ensayista de referencia conocidamente laica y que suele declararse agnóstica, siempre ha defendido la importancia de la religión en la sociedad y ha criticado el olvido hostil de las tradiciones cristianas por parte de los poderes públicos. En 2018 publicó el libro SOS Cristianos, en el que denuncia la persecución que sufren los cristianos en todo el mundo. Merece la pena conocerlo. Y el 26 de febrero de 2020, miércoles de Ceniza, escribió un artículo en La Vanguardia titulado Cuaresma a partir de un wasap que recibió. [Lo reproducimos al final, como documento, aunque aquí no nos centramos en él.]

Y el pasado domingo de Pascua publicó un artículo en su columna El espejo de Stendhal en ElNacional.cat, que puede servirnos como documento para trabajar desde la clase de Religión tanto con los alumnos –especialmente de Bachillerato e incluso de la ESO– como, sobre todo, con los profesores de otras áreas. Para ellos ofrecemos algunas propuestas.

Lo reproducimos íntegramente a continuación. Solo añadimos los epígrafes [van entre corchetes] que ayuden a darnos una visión del conjunto y a ver el contenido fundamental de cada párrafo.


Progresismo y cristianofobia

Pilar Rahola
ElNacional.cat, Barcelona, domingo, 17 de abril de 2022
[Domingo de Pascua]
Hoy, Domingo de Resurrección, culmina la Semana santa, la fiesta más solemne de la fe cristiana, donde se conmemora el Triduo Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Al mismo tiempo, estamos en plena Pesaj, la Pascua judía, madre de la cristiana, y recordatorio emotivo del éxodo del pueblo judío de Egipto.
[El sacrificio, paso previo a la liberación]
En ambos casos, la idea central es el sacrificio como paso previo a la liberación —tanto desde la perspectiva física, como la espiritual—, y la fe en Dios es el motor de impulso. Por eso mismo, las dos religiones cuidan de la limpieza interior —el ayuno—, y exterior, con el judaísmo especialmente dedicado a limpiar a fondo las casas. Es un ritual de higiene que aleja al creyente de las cosas fútiles y lo acerca a la trascendencia espiritual.
[La Semana Santa, vulgarizada, ¿tiene cabida en la sociedad multicultural?]
Obviamente, el significado de la Pascua es muy complejo, y doctores tiene la iglesia —o la sinagoga— para averiguarlos, no en balde, se trata de un momento culminante de la fe. ¿Pero más allá de la mirada espiritual, tiene sentido una fiesta religiosa en una sociedad aconfesional —para decirlo en los acomplejados términos constitucionales— o laica? Es un hecho que la Semana Santa se ha vulgarizado y que muchas de las expresiones religiosas están más vinculadas a la economía y al turismo que a la reverencia a Dios, aparte de ser un respiro festivo. Pero la cuestión no es cómo ha mutado y qué beneficio sacamos todos aquellos que, amparados en el calendario, la celebramos sin ser creyentes, sino si tiene cabida en una sociedad multicultural surgida del espíritu de la Ilustración: la separación entre las leyes y los dioses. Y la pregunta no es inocente, porque en general se formula desde posiciones de izquierdas y en términos de consigna política, con una mezcla de anticlericalismo rancio y un considerable empacho de corrección política.
[Anticlericalismo y cristianofobia… y servidumbre ante el islamismo]
Un anticlericalismo, hay que añadir, que no se escandaliza con todas las religiones, sino especialmente con la cristiana, derivado a menudo en una patética cristianofobia. Los ejemplos son múltiples y llegan al ridículo, como las polémicas Colauistas sobre el Belén de Sant Jaume, o la necia servidumbre que tienen algunos líderes ante el islamismo. Hace años lo resumí en una frase que es plenamente vigente: «los hay que tienen urticaria cuando ven a un cura, y un orgasmo cuando ven a un imán». Son los mismos que muestran su profunda indignación con las maldades históricas de la Iglesia, y se apresuran a recordar la Santa Inquisición, Pío XII y el bajo palio, mientras degluten sin problemas el yihadismo, la opresión de la charía, el adoctrinamiento misógino y homófobo, etcétera.
[Cuanto más anticatólica es la posición progresista, más proislámica resulta]
Es decir, si se hace una maldad en nombre del Dios cristiano, es opresión secular, pero si se hace en nombre de Alá, entonces se proyecta una mirada paternalista y comprensiva, que resulta aterradora. Con una proporción inversa igualmente esperpéntica: cuando más anticatólica es la posición progresista, más proislámica resulta. Son las burradas del multiculturalismo mal entendido, usado como ariete ideológico.
[Hiperideologización reaccionaria: renunciar al hecho identitario]
Esta hiperideologización enfermiza de determinado progresismo con respecto a la fe católica, acaba derivando en una posición enormemente reaccionaria. De entrada, porque es reaccionario menospreciar nuestro legado católico, que nos ha definido como identidad durante más de mil años. Más allá de la creencia o la no creencia, pertenecemos a la tradición judeocristiana, y esta cultura ancestral nos ha otorgado conocimiento, valores, tradiciones y nos ha marcado colectivamente. Renunciar es desnudarse nacionalmente, estrechar la identidad, embrutecer la herencia secular. Es evidente que podemos enriquecernos con nuevas aportaciones culturales y religiosas, pero sin negar el pasado de decenas de generaciones de catalanes.
[Desprecio a fe desde la –supuesta– “superioridad” de la razón]
Aparte de este hecho identitario, también me parece reaccionario el desprecio hacia la fe, desde la «superioridad» de la razón, y lo afirmo desde posiciones racionalistas. Pero incluso los que somos incapaces de entender las sutilezas de la creencia en Dios, tenemos que reconocer un hecho incontrastable: la razón no ha resuelto los abismos del ser humano, ni sus miserias, solo ha intentado explicarlos, hay que decir, sin demasiado éxito.
[Sería más progresista un diálogo fluido entre creyentes y no creyentes]
Desde esta cura de humildad, sería mucho más progresista un diálogo fluido entre creyentes y no creyentes, es decir, entre razón y fe, que una confrontación estéril. Al fin y al cabo, aquellos que han hecho un viaje interior, y honesto, de trascendencia espiritual, son gente de una gran riqueza valórica e intelectual. Para decirlo con precisión, podemos no creer en Dios y reconocer, al mismo tiempo, que los que creen en Dios nos enriquecen como sociedad. En el fondo es el concepto de la reflexión colectiva, incorporando los elementos que la fe, como gran creador de conciencia, otorga al pensamiento.
[El empacho políticamente correcto: solidaridad progresista y caridad reaccionaria]
Finalmente, el empacho políticamente correcto también ha comportado un rechazo a la intensa red de valores sociales que ha representado la fe cristiana durante siglos, hasta el punto de sellar el concepto «solidaridad» como progresista y el de «caridad» cristiana como reaccionario. ¿Pero puede haber solidaridad más extraordinaria, por ejemplo, que la de los miembros de la Orden de la Merced, los mercedarios, que se ofrecían en el siglo XIII para intercambiarse por los prisioneros cristianos capturados por los musulmanes, y que, a lo largo de su existencia, liberaron a más de 60.000 personas? O, hay más entrega y empatía que la de los misioneros que dedican su vida a las personas más vulnerables, en los peores lugares del planeta?
[Solidaridad desde las convicciones e ideas o desde la intensidad de la fe]
Es evidente que en nombre de Dios se pueden hacer barbaridades, pero no se puede despreciar la extraordinaria luz que también puede otorgar su creencia. La solidaridad con el prójimo puede venir de las convicciones y las ideas, o de la intensidad de la fe, pero al final radica en el mismo lugar: mejorar la sociedad. No es más ética una que la otra, ni menos valiosa.
[Grave error del progresismo: despreciar la religión como fuente de progreso]
Este es el grave error que comete una parte significativa del progresismo: despreciar la religión como fuente de progreso. Y, sumado a este menosprecio, la mezcla perniciosa entre prejuicios anticlericales y dogmas ideológicos, en un totum revolutum que resulta delirante. Dios no es un concepto contrario a la razón, sino un elemento más en el complejo universo del pensamiento. Y en nombre de Dios, se pueden concebir ideas y valores luminosos.
[Viajar juntos en el camino del conocimiento ]
Es posible que los racionalistas, los ateos, los agnósticos nos sintamos incómodos con esta seguridad que la fe otorga a los creyentes, pero negar la importancia de viajar juntos en el camino del conocimiento es errar el tiro. En todo caso, lo que no es aceptable es la persistente tontería de algunos dirigentes políticos y civiles que, sometidos a una auténtica borrachera de consignas prefabricadas, osan negar los valores religiosos, despreciar a los creyentes y borrar, de un plumazo, siglos de cultura compartida. No sé si Dios existe. Pero existe la idea de Dios, y es una idea valiosa. Y negarla, menospreciarla y embrutecerla no es el éxito de la razón sobre la fe, sino el patético resultado de confundir el pensamiento con la consigna.

Para responder personalmente y trabajar en grupo

  1. Elegimos la frase con la que estemos más de acuerdo. ¿Por qué la elegimos?
  2. Subrayamos diez frases que resuman lo fundamental que dice la autora y las puntuamos del 1 (nada) al 5 (mucho) según el acuerdo que tengamos con cada una de ellas.
  3. ¿Qué ejemplos expone la autora de cristianofobia? ¿Cuáles más podemos añadir nosotros?
  4. La autora pone el ejemplo deslumbrante de solidaridad de los mercedarios a lo largo de la historia. ¿Qué otros casos podemos señalar tanto a lo largo de la historia como en el momento actual?
  5. ¿Qué aspectos valora de los creyentes (en este caso de la fe cristiana)? ¿Cuáles más podemos añadir nosotros?
  6. ¿Qué líneas de acción propone la autora para superar esta situación? ¿Cómo podríamos poner en marcha alguno de ellos?
  7. Hacemos una síntesis de los argumentos que expone la autora. ¿A qué otros profesores nos gustaría hacérselos llegar?
  8. ¿A quién daríamos a leer este artículo o con quién nos gustaría poder dialogar sobre su contenido?
  9. Comentamos la última frase: “No sé si Dios existe. Pero existe la idea de Dios, y es una idea valiosa. Y negarla, menospreciarla y embrutecerla no es el éxito de la razón sobre la fe, sino el patético resultado de confundir el pensamiento con la consigna”.
  10. ¿Qué podemos hacer nosotros para que en nuestra sociedad no se cayera en ”el patético resultado de confundir el pensamiento con la consigna”?

* * *

Incluimos también aquí el artículo de la misma autora del Miércoles de Ceniza de 2020 sobre el mismo tema y con el que también podremos trabajar.

Cuaresma

por Pilar Rahola, La Vanguardia, 26 de febrero de 2020
Una amiga me reenvía este watsap: “El día 26 de febrero es miércoles de Ceniza y empieza la Cuaresma para todos los católicos y de momento no lo han anunciado en ningún medio de comunicación… Estoy harto de que me digan cuándo empieza y termina el Ramadán o el año nuevo chino, os lo quiero anunciar. Más allá de ser nuestra religión, exijamos dignidad y respeto a nuestras tradiciones. Pásalo”.
Y mi amiga, joven, progresista y culta, añade: “Así nos sentimos los católicos”.
Reconozco que he estado a punto de pasar del tema, quizás por la pesadez de la corrección política, que siempre se incomoda cuando se levanta la voz a favor de alguna tradición católica. Y como me he puesto en esa diana muchas veces, y en todas ellas he notado la virulencia de las flechas, pues, entiendan, mejor dejarlo correr.
Pero no, y precisamente porque no habría hecho el artículo para ahorrarme comentarios, lo cual significa que el problema es real y es serio.
De hecho, estoy convencida de que el desprecio al catolicismo y al cristianismo en general conforma el relato público y publicado de estos tiempos, siempre acomodado en la idea de modernidad y progresismo. A diferencia de otras religiones, ante cuya fe acostumbramos a proyectar un buenismo paternalista o, incluso, una fascinación cool , cuando se trata del catolicismo se activan los escudos y se disparan las alarmas.
El desprecio al catolicismo conforma el relato público de estos tiempos Como si anunciar una festividad católica o mantener una tradición fuera un atentado a la pluralidad, a la tolerancia, a la democracia y blablablá. Todos conocemos las múltiples polémicas al estilo pesebre de Sant Jaume, siempre con el objetivo de reducir o incluso hacer desaparecer el carácter espiritual y trascendente que tiene para los creyentes.
Lo más hipócrita es que, a menudo, mantienen la tradición pero despojándola de su carácter religioso, lo cual es, en el mejor de los casos, una pérfida apropiación. Habría que acabar con el anticatolicismo políticamente correcto, en general más cristianófobo que ecuánime.
Para acabar y en apoyo al mensaje de WhatsApp, un pequeño recordatorio. Hoy empieza la Cuaresma, que prepara espiritualmente a los creyentes para la Pascua. Es, pues, el momento de purificar el alma e intentar una mayor trascendencia espiritual. Comienza el miércoles de Ceniza y acaba en la tarde del Jueves Santo, y consta de 40 días porque fue el tiempo que Jesús pasó, en el desierto de Judea, preparándose para su misión. Recogimiento, pues, trascendencia e iluminación, con la voluntad de reforzar la fe. En realidad, un intento de mejorar el alma humana.

 

Minutos antes de enviar esta entrega me llega este tuit, que reproduzco sin más comentarios… O sí, hay mucho que comentar, errores incluidos.

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