Unas palabras en el cuaderno de Religión

Nunca sabemos el alcance que van a tener nuestras palabras. Pueden viajar más allá de nuestras vidas y no sabemos cuáles entre todas las que digamos o escribamos van a ser las que nos sobrevivan. Esta certeza puede servirnos de freno o acicate a todos los que hablamos y, en especial, a los educadores.

Me quedo con la mirada perdida pensando en esta vieja idea al leer en la prensa una entrevista a Pilar Palomero, la directora de la película “Las niñas” que recibió la Biznaga de Oro a la mejor película española en el Festival de Málaga. Esta autora aragonesa narra en la entrevista cómo en el germen de la idea de la película está el hallazgo de un cuaderno de religión de 1992 en el que ella misma a la edad de doce años había realizado una redacción con un título, “La sexualidad al servicio del amor”. Nos cuenta en la entrevista que publica Heraldo de Aragón que le chocó el recuerdo que tenía de la España moderna y eufórica de ese momento. Dice que le desconcertó encontrar un mensaje “tan pasado de moda y tan poco acorde con los tiempos que corrían”. El profe de religión de guardia que está despierto en mi interior no pudo hacer otra cosa que ponerse a pensar.

No creo que sea muy útil ni valioso discutir la valoración y la relectura que a día de hoy hace la autora de lo que escribió. Se merece todo el respeto aunque podamos no estar de acuerdo. Tampoco quiero, por supuesto, invitar a decir palabras amables y equidistantes, de esas que no chirrían ni hoy ni mañana a los bienpensantes de turno. Esa sería la educación más vacía y los educadores, más en estos tiempos que corren, debemos liberarnos de ese miedo.

Lo que sí considero útil es encender una luz de alerta para tomar conciencia de nuevo de que cuando hablo, cuando selecciono lecturas, cuando explico, cuando propongo contemplar obras de arte, o desarrollar tareas o proyectos, además de establecer un diálogo con la vida presente de esa chica o ese niño que tengo delante, aquello que le presento tiene que tener vocación de diálogo con su futuro. Tienen que poder dar luz o ser espada de doble filo cuando a lo largo de su vida vuelva a aparecer en forma de cuaderno, de recuerdo o de imagen. La vida ya se encargará de quitarle la hojarasca que se haya podido adherir.

¿Qué eco ha dejado la clase de religión en las generaciones de hombres y mujeres que han pasado por nuestras escuelas en las últimas décadas? Esta pregunta es posible que pronto tenga respuesta no sólo artística como la película “Las niñas” que voy a ir a ver este fin de semana, sino también más amplia y precisa. Pero eso ya será otra historia.

1 comentario
  1. Salva Escusero dice

    Gracias Juan Eduardo por estas palabras que nos ayudan a pensar en las palabeas que les dedicamos, no solo a nuestros alumnos, sinobtambién a nuestros compaleros, amigos y familia. ¡Qué potentes pueden ser las palabras bien pensadas, vividas y que briten del corazón!

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