Antropología y cosmovisión de la educación del cuidado

En los cimientos de todo planteamiento educativo, hay una antropología y una cosmovisión subyacentes. Los proyectos educativos basados en el cuidado no son una excepción. Una propuesta honesta muestra sus cartas y las normas del juego.

Antropología

Partimos de que el ser humano es una unidad multidimensional, interconectada, interrelacionada. Metodológicamente, hacemos distinciones siendo conscientes de su esencial interdependencia. El pentágono, esa figura geométrica de cinco lados, nos servirá de apoyo metafórico para hablar de las cinco dimensiones del ser humano. El pentágono es uno (unidad) que tiene cinco lados (diversidad), formando cinco vértices (interrelación). Todos ellos son necesarios para formar esa figura geométrica. Podemos distinguir en los seres humanos estas dimensiones: intelectual, emocional, social, corporal y espiritual. No olvidemos que es una única realidad multidimensional. La educación en el cuidado deberá tener en cuenta cada una de estas dimensiones y sus interrelaciones.

Cosmovisión

Cosmos denota orden y organización, armonía. Somos seres en el mundo y en el cosmos. Esa visión armónica universal, entendida como espacio exterior, evidencia la necesidad de armonía dentro de nosotros mismos, ese otro universo interior. Ser y existir en el mundo en armonía. Otra figura geométrica nos ayudará a situar algunos de los elementos fundamentales de la cosmovisión que manejamos. Será el círculo, esa circunferencia, curva cerrada cuyos puntos equidistan del centro. Si introducimos el pentágono en el círculo, nos quedaría una representación metafórica de nuestro ser en el mundo. Pensamos que es importante considerar, en nuestros proyectos educativos basados en el cuidado, estos elementos: el “pancuidado”, todo y todos necesitan ser cuidado. Todo está interconectado, somos interdependientes. Además, nuestras actuaciones sobre el planeta han de ser sostenibles. Todo y todos estamos vinculados, nada de lo que sucede en el mundo y con las personas me es ajeno.

 

En esta imagen podríamos resumir
la antropología y la cosmovisión subyacente
a los proyectos educativos basados en el cuidado.

 

 

 

 

Estamos hablando, por tanto, de una visión integral que determinará el tipo de educación. De modo telegráfico comentamos qué entendemos por cada uno de los elementos citados:

  • La dimensión intelectual se refiere a nuestros pensamientos. A nuestra manera de comprender el mundo y explicarnos las cosas. La dimensión emocional se refiere a la capacidad que tenemos para reconocer nuestros sentimientos propios y ajenos, y para manejarnos con acierto y delicadeza. La dimensión social se refiere a la importancia de las relaciones que establecemos con nosotros mismos, con los otros, con la naturaleza y con el mundo que vamos a dejar a los demás. Lo que nos define como personas es el cuidado y el encuentro con el otro. La dimensión corporal se refiere al cuidado de nuestro cuerpo. Es el que nos permite ver, oír, tocar, movernos, pensar o hablar con los otros. La dimensión espiritual está en la raíz de todo ser humano, en su esencia misma. Esta dimensión nos ayuda a dar sentido a las cosas, a las situaciones a la vida. Su cultivo nos permite abrir nuestra mente y corazón teniendo aspiraciones profundas de apertura a la trascendencia.
  • El pancuidado hace referencia al cuidado de uno mismo, autocuidado, al cuidado de los demás (como el buen samaritano), al cuidado social (la fraternidad universal y la “cuidadanía”), al cuidado ecosocial, del entorno natural, del planeta, de las personas. Relacionado con la dignidad, el trato digno de todo y de todos. En definitiva, late en su base el bien común: “Lo que es bueno para la colmena es bueno para las abejas”.
  • Todo está interconectado, unidos con unos lazos indisolubles. Somos interdependientes. Somos habitantes de la tierra, a su vez interrelacionada con el universo. Somos seres terrestres, somos ”tierra pensante”, que diría Leonardo Boff.
  • Sostenibilidad. Aquí estaría incluido todo que tiene que ver con la sostenibilidad del planeta y de las relaciones. Se hace imprescindible el abandono del consumismo atroz y la generación de desechos claramente insoportables para la permanencia de una vida digna en el planeta.
  • Herencia. Hace referencia al cuidado de las generaciones futuras. Cita el papa Francisco en la encíclica Laudato si’ (95): “Un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir”. Respecto a nuestra Tierra, llegan análisis de que hay cosas que ya no son opcionales. Estamos dejando una huella ecológica indeleble si no cambiamos de hábitos. El cuidado es un imperativo. Aquí entraría la vertiente ética y moral. “La Tierra no es herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.
  • Vinculación. Somos naturaleza. El ser humano pertenece al enorme organismo vivo que es la naturaleza. El olvido hace que nos convirtamos en sus depredadores. Nuestra relación con la naturaleza no consta de fusión ni de desconexión, sino de vinculación, de inclusión.

Aderezando esta visión del ser humano y del mundo, y teniendo como telón de fondo este perfil poliédrico en el que nos movemos, nuestras prácticas, recursos y estrategias en el ámbito educativo alimentarán esa esencia de especial densidad inherente a todo ser humano: el cuidado.

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