Escenas de la pasión de Cristo

El arte puede ser un extraordinario compañero de viaje en la práctica docente del profesorado de Religión. Entre la obra de arte y la Biblia, podemos establecer innumerables viajes de ida y vuelta que enriquecerán a nuestros alumnos. Una de las muchas contribuciones que la asignatura de Religión Católica aporta a la sociedad es proporcionar herramientas y destrezas para interpretar, comprender y disfrutar del patrimonio artístico de contenido cristiano. Proponemos este cuadro como una posibilidad para trabajar la próxima Semana Santa, y lo hacemos con antelación para facilitar una planificación sosegada.

Cuadros dentro del cuadro

Presentamos una pintura realmente curiosa: La pasión de Cristo, de Hans Memling; un cuadro que, en un primer vistazo, muestra un batiburrillo de escenas y personajes que provoca una laberíntica sensación de caos. Incluso el día y la noche se mezclan a lo largo de la tabla. La mirada reposada y paciente, auxiliada por los textos bíblicos, nos ayudará a ordenar este aparente galimatías.

El objetivo principal es localizar veinte escenas de la pasión, más dos (la traición de Judas y la negación de Pedro) en las que no aparece Jesús, que están repartidas por toda la obra en una suerte de “cuadros dentro del cuadro”. El recorrido comienza en la esquina superior izquierda con la entrada de Jesús en Jerusalén, y mantiene un orden cronológico que concluye en la esquina superior derecha con dos escenas francamente difíciles de identificar en la lejanía: los discípulos de Emaús y la pesca milagrosa.

Los alumnos deben identificar personajes, acciones, objetos y emociones; el texto bíblico nutrirá de datos nuestro trabajo. A partir de quinto de Primaria, lograremos un máximo aprovechamiento de esta obra.

¿Cuántos personajes somos capaces de nombrar? No son pocos. Seleccionemos una escena como ejemplo: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, dio un golpe al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. El criado se llamaba Malco” (Jn 18,10). El prendimiento de Jesús está representado en la esquina inferior izquierda, y no le falta detalle: Pedro con la espada en alto; Malco, arrodillado, se duele de la oreja derecha; Jesús detiene la acción violenta de su discípulo mientras recibe el beso que Judas Iscariote (con la bolsa de monedas al cinto) había apalabrado con sus cómplices (Mc 14,44). Nuestros conocimientos bíblicos nos han permitido identificar a cuatro de los diecisiete personajes que componen la escena. Memling no escatima esfuerzo al representar indumentarias, antorchas y lanzas, así como una variada gama de emociones en los rostros. Una vez identificado Pedro, no será difícil nombrar a los tres apóstoles que acompañan (con algún síntoma de sueño) a Jesús en su agonía (Mc 14,33): Juan, con vestido rojo y sin barba; el propio Pedro, con la espada en la mano; Santiago, con un manto blanco. ¿Es capaz el lector de localizar el cáliz mencionado en su oración (versículo 36)? Esta sencilla escena es representativa de la minuciosidad con la que trabajaban estos artistas.

A buen seguro que nuestros alumnos identificarán a otros muchos personajes: el juicio de Pilato junto con su mujer (Mt 27,19); las burlas del rey Herodes hacia Jesús, vestido ahora de blanco (Lc 23,11); Simón de Cirene ayudando a cargar con la cruz (Mt 27,32) ante las entristecidas miradas de María, Juan y María Magdalena. Estos tres personajes aparecen de nuevo al pie de la cruz en las escenas representadas en la parte superior del cuadro; María Magdalena protagoniza, además, el pequeño “noli me tangere” (Jn 20,14-18) de la esquina superior derecha.

Hay varios personajes a los que seguir la pista en diversas partes del cuadro y que nos sirven para hilar escenas distintas. Observe el lector a Pilato montado en un caballo blanco, junto a otro jinete (un fariseo, quizá), con gorro rojo y vestimenta morada, acompañando la lúgubre comitiva de la parte inferior derecha. También los localizamos más arriba, en el momento en el que clavan a Jesús en la cruz, y de regreso ya, una vez que los tres condenados penden del madero.
Este cuadro se presta para el trabajo en equipo: localizar las escenas asignadas a cada grupo, identificar los personajes y sus acciones fundamentales, aportar las citas bíblicas y preparar una breve presentación ante los compañeros. El profesor interviene para puntualizar, reforzar o ampliar en el momento que considere oportuno. Esta es una actividad que enriqueceremos aún más si cada grupo propone una obra de arte adicional que represente la escena que han trabajado.

Esta es una actividad que enriqueceremos aún más
si cada grupo propone una obra de arte adicional

Otros enfoques didácticos

El profesor puede plantear una variante fabricando un puzle de tantas piezas como grupos de trabajo haya organizado, de manera que las escenas sean bien visibles. Cada equipo trabaja en las escenas de su pieza sin saber que forman parte de una obra colectiva que conocerán cuando la compartan con sus compañeros y compongan la imagen. Posteriormente, proyectamos la obra con la ayuda del zoom y exponemos todos los detalles que faciliten su comprensión.

Otra manera divertida de trabajar con este cuadro es elaborar tarjetas con preguntas de distinto nivel de dificultad para resolver en un concurso entre equipos. Las preguntas pueden incluir contenidos en los que los alumnos necesiten recurrir a los textos. ¿Cómo se llaman los dos personajes que colocan a Jesús en el sepulcro? (Jn 19,38-42); ¿por qué uno de los criados sostiene una jarra en el juicio de Pilato? (Mt 27,24); ¿qué me puedes decir de los dos hombres maniatados? (Lc 23,39-43); ¿en qué parte del cuadro aparecen los soldados que se repartieron las vestiduras de Jesús? (Mc 15,24). El profesor sabrá ajustar el nivel de dificultad de las preguntas.

Podemos elaborar juegos o actividades con herramientas y aplicaciones informáticas. No es difícil, por ejemplo, preparar un montaje en el que, al pinchar en cada escena o al escanear un código QR, veamos la imagen ampliada junto a su título y un breve comentario descriptivo. Seguro que los alumnos de Secundaria cuentan con las destrezas necesarias para realizarlo por ellos mismos.

Parecía caos, pero, a base de atención, paciencia y, sobre todo, con nuestros conocimientos bíblicos, hemos sido capaces de interpretar la narrativa que el artista ha desarrollado en la obra. Lo más gratificante es que sean nuestros alumnos quienes protagonicen semejante logro, una riqueza que los acompañará siempre. El cuadro está engalanado con infinidad de detalles con los que deleitarnos: filigranas arquitectónicas, distintas especies vegetales, una gran variedad de colores y ornamentos en las indumentarias, armaduras y cascos brillantes o los animales que aparecen en varios lugares, entre ellos (por qué será), ¡un gallo!

Finalizamos con un reto relacionado con estos detalles: ¿sabría encontrar el lector una escena del Antiguo Testamento oculta en la pintura, y que representa un salomónico juicio?

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