Una educación llamada a ser fuente de esperanza

Enric Puig SJ. Secretario general de la Fundació Escola Cristiana de Catalunya

¿Qué destacarías de la invitación del Papa?

Es una apuesta radicada en una educación llamada a ser fuente de esperanza para un mundo herido y para unas personas con frecuencia desnortadas. Una apuesta lúcida y consciente; que no se construye “en un escritorio”; que parte de la escucha de los descartados para que, conjuntamente, nos encaminemos hacia un mundo diferente con unos valores muy claros: el cuidado de la creación, la paz, la justicia, la bondad, la belleza, la acogida del otro y la fraternidad.

Cabe destacar también la invitación a lo que se puede entender como una competencia samaritana; una educación que capacite a las nuevas generaciones para cargar con los dolores del fracaso en vez de acentuar los odios y resentimientos. Esta es una competencia que conlleva una educación integral de la persona que va más allá de la mera instrucción propia de una reducción utilitarista o pragmática. Es un reto de educación en la sensibilidad social de los niños, los adolescentes y los jóvenes que implica revisar también los relatos y paradigmas en los que la escuela cristiana se puede haber acostumbrado o dados por supuesto.

¿A qué nos compromete en la escuela católica aquí ahora?

Primeramente, nos compromete con la dignidad de la persona humana, con cada una de ellas porque, de lo contrario, entraríamos en lo que el Papa Francisco llama “cultura del descarte”. Esta dignidad personal, que en otros casos puede partir de la pluralidad de concepciones humanistas, en la escuela cristiana encuentra su punto de apoyo y campo de trabajo educativo en los relatos de la Sagrada Escritura, en la Doctrina Social de la Iglesia y, fundamentalmente, en el encuentro de cada miembro de la comunidad educativa con Jesucristo.

Por otro lado, este primer compromiso fundante conlleva tomar en serio la escucha de la voz de los protagonistas del acto educativo: los jóvenes y sus maestros para la vida. Son ellos ya también los actuales protagonistas del cambio que reclama este mundo enfermado. Esta escucha de los jóvenes reclama, a su vez, un diálogo con su principal entorno educativo, que es su propia familia.

Empoderar en la esperanza a las nuevas generaciones también compromete a la escuela cristiana a la revisión de los relatos ruidosos que, desde diferentes ámbitos, no facilitan su atención. De ahí el compromiso educativo para el estudio de otras formas y maneras de actuar en la política, la economía o el desarrollo para que estén, de verdad, en perspectiva de una ecología integral que, inevitablemente, conlleva una manera más responsable y sensible de estar y ser en esta casa común.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Esta web usa cookies para mejorar tu experienciae. Asumiremos que está de acuerdo con esto, pero puede optar por no continuar si lo desea Aceptar Leer más