Soltar y dejar ir

Cuentan que los cazadores de monos han inventado un método infalible para capturarlos. Observando el lugar donde tienen la costumbre de juntarse entierran en el suelo unas vasijas de cuello largo y estrecho donde introducen sus comidas favoritas: arroz, bayas, cacahuetes. Recubren las vasijas con tierra dejando la embocadura a ras de tierra. Cuando desaparecen los cazadores los monos vuelven y cuando descubren las golosinas que encierran las vasijas, introducen la mano y agarran a puñados su contenido. Pero como el cuello de las vasijas es muy estrecho, la mano cerrada no puede salir. Entonces, los cazadores aprovechan para capturarles fácilmente, porque los monos siguen apretando aún más sus puños para no abandonar el botín. ¡Pobres monos!

En la vida puede sucedernos como a los monos del cuento. Nos aferramos a las cosas, que en ocasiones nos aprisionan no dejándonos crecer, y nos impiden avanzar en nuestro proyecto vital. Parece ser que el secreto no está en aferrarnos, sino en soltar. Soltar nos libera. Apretar para no dejar escapar, nos hace prisioneros. Un sabio pensamiento afirma “que lo que posees no te posea” ¿A qué cosas me aferro y siento que me esclavizan y me quitan libertad?

Naturalmente estamos hechos para “coger y soltar”. Fíjate en tu mecánica respiratoria: coges aire y lo sueltas y otra vez coges aire y vuelves a soltarlo, y así continuamente. La Naturaleza, muy sabia, continuamente nos está enseñando como buena maestra, ¿Por qué crees que solemos actuar en contra de la naturaleza, es decir, coger, coger y coger y no soltar?

Los monos ponen en riesgo incluso su propia vida aferrándose a lo que suponen tener. Recuperar su libertad sería tan fácil como soltar lo que guardan en su puño, pero no lo hacen, arriesgando su vida. Ellos no tienen capacidad de razonamiento, pero nosotros sí. ¿Hay cosas a las que me aferro y soy consciente de que no son buenas para mí y, aun así, me sigo aferrando a ellas? ¿Por qué? ¿Inconscientemente tengo alguna ganancia secundaria? ¿Arriesgo mi vida, o al menos mi libertad? ¿Me aferro a personas que me están dañando de alguna manera?

Si un globo aerostático no suelta lastre no se eleva, no vuela en libertad. Otra vez soltar. ¿Hay algo a lo que estoy aferrado y que te impida volar? ¿Hay alguien que me está impidiendo ser yo mismo? ¿Merece la pena mantener esta situación?

Conviene revisar nuestros hábitos. Posiblemente algunos de ellos nos estén “encadenando” robándonos libertad. ¿Soy consciente de ellos? Los hábitos pueden cambiarse, depende de nosotros. Pueden costar más o menos, pero puede modificarse. ¿Esto dispuesto? ¿Estoy a gusto estando en la prisión que yo mismo me he impuesto?

Un gran maestro persa del siglo XIII, llamado Rumi, pude servirnos como fuente de inspiración y sabiduría: «Tu mano se abre y se cierra y se abre y se cierra. Si siempre fuera un puño o siempre abierto, estarías paralizado. Tu presencia más profunda está en cada pequeña contracción y expansión, los dos tan bellamente equilibrados y coordinados como alas de pájaro». En una ocasión le preguntaron: «¿Qué es la madurez espiritual?». Entre otras afirmaciones dijo: Es cuando se deja de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos. Es cuando se aprende a «dejar ir». Es cuando uno deja de demostrar al mundo lo inteligente que se es. Es cuando dejamos de buscar la aprobación de los demás. Es cuando dejamos de compararnos con los demás. Es cuando somos capaces de distinguir entre «necesidad» y «querer» y somos capaces de dejar ir ese querer. Y por último y lo más importante: Se gana madurez espiritual cuando dejamos de anexar la «felicidad» a las cosas materiales.

Suelta, aprender a soltar, no perderás nada, ganarás mucho.

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