Tiempo de restauración interior

Muchas obras de arte, con el paso del tiempo, por un cuidado inadecuado o por otros motivos van perdiendo su frescura y belleza originales. Requieren una reparación especial. Este trabajo es delicado porque cada obra tiene unas características especiales, peculiares y propias.

Necesidad de restauración. Trabajo especial y delicado.

Cada uno de nosotros somos una obra de arte especial, única, irrepetible, original, excelente, cargada de belleza. Posiblemente, con el paso del tiempo, por un cuidado inadecuado o por otros motivos biográficos, nuestra frescura y belleza originales se hayan visto afectadas.  Necesitamos algún tipo de restauración, pero no es la misma para todos. Cada uno podemos haber sufrido deterioros en distintas etapas de nuestra vida y cada una requiere un arte restaurador específico aplicado a cada persona.

 

Tiempo. Paciencia. Responsabilidad.

El trabajo del restaurador requiere una precisión excepcional y una paciencia ejemplar. No caben las prisas si se quiere hacer un buen trabajo. Hay restauraciones que pueden durar incluso varios años. La responsabilidad inherente a este tipo de labor es muy grande. No se puede dejar una obra de arte de este calibre en manos inexpertas.

Cada uno de nosotros debemos ser tratados con especial delicadeza. Hay daños que pueden tener un matiz más emocional, otros que tienen que ver más con nuestro cuerpo, con lo intelectual o que afectan a nuestra dimensión espiritual.

El cuidado de cada una de estas áreas y dimensiones requiere un trabajo paciente. Es preciso dedicarle tiempo. Hay cosas que, para ser restauradas, necesitan mucho esmero y delicadeza en el tratamiento. Hay elementos que están en nuestras manos el ir reparándolos, cuidándolos y hay otros aspectos en los que necesitamos ayuda de otras manos más expertas.

Por supuesto que no podemos dejar ningún aspecto de nuestra vida en manos torpes, porque la situación a la que podríamos llegar puede ser peor que la de partida. Selecciona muy bien en manos de quién dejas cualquier área de tu vida que necesite restauración.

 

Recuperar la belleza original

La tarea fundamental del restaurador no es dar su visión de la obra, ni modernizarla, ni adecuarla a sus gustos estéticos. Su labor consiste en recuperar la imagen original tal y como el creador la ideó y la plasmó. Su labor consiste en recuperar la belleza original que, con el paso del tiempo o por otros motivos, se ha perdido o desvirtuado.

Nuestra gran tarea vital es tratar de llegar a conseguir la mejor versión de nosotros mismos; llegar a desarrollar en plenitud todas nuestras capacidades. Ser nosotros mismos, no otros. Ser nosotras mismas, no otras. Es una infantil ingenuidad querer ser como otra persona. Además de ser imposible, nos priva de ser nosotros mismos en su mayor esplendor. Somos únicos, irrepetibles, maravillosos, especiales, inigualables. Nadie en el mundo es como nosotros. Somos auténticamente originales y sin copia. ¿A qué ese empeño en querer ser como otros? Cultivemos con delicadeza y respeto nuestra propia singularidad y originalidad.

En algunos casos, como sucede en pinturas de cuadros importantes y valiosos, hay que extraer la tela del marco que la rodea para poder hacer la restauración. La labor es especialmente delicada por el peligro y el riesgo que entraña de poder dañar la tela original. En otros casos, cuando se han despegado del lienzo original pedazos de pintura, se recogen con exquisito cuidado para adherirnos nuevamente a la tela. Todo esto viene acompañado de una intensa labor de estudio e investigación sobre el tipo de materiales con que hizo la obra y los elementos que se usaron en su composición, para que, si se añade algo, sea lo más similar posible a su factura original. Para esta delicada labor se requiere tiempo, dedicación paciente y técnica y se trabaja con finos utensilios, como el microscopio.

En el transcurrir de nuestra vida puede haber momentos en los que necesitemos una restauración más en profundidad, más a fondo. Esto requerirá mayores cuidados aún. Tendremos que contar con tres aspectos fundamentales: técnica, tiempo y paciencia. Esto es lo que requieren y necesitan los trabajos de calidad.  A nosotros no nos interesan reparaciones de “tente mientras cobro” ni chapuzas; requerimos trabajos bien realizados y técnicamente bien hechos, porque el material que se está tocando es nuestra propia vida y ésta requiere un tratamiento muy especial.

Hay una técnica y una herramienta valiosísima y altamente eficaz en cualquier restauración y que sin ella es imposible conseguir la belleza en su estado original. Se trata del AMOR. El amor cura, el amor restaura, el amor renueva, el amor consuela, el amor libera, el amor cauteriza. Ten siempre en cuenta el gran poder sanador del amor.

 

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