El heroísmo tranquilo
“Profeta disarmato”, decía Pietro Ingrao de don Milani. También el papa Benito XVI habló del derecho desarmado. Quizá, para poder decir algo, mejor estar desarmado. ¿No les parece?
En el comienzo del verano de 1996, nos asomamos en tren a Italia con un gobierno presidido por Romano Prodi. Tanto en Francia como en España, la consigna oficial era unívoca, era de pensamiento único. Sin embargo, al llegar a Ventimiglia, otro mensaje: “Ante el SIDA, tres posibilidades”. Así lo proclamaba un cartel austero del gobierno formado por los antiguos comunistas y la izquierda democristiana. Tres posibilidades: “Fidelidad, abstención, preservativo”. Tres, no una. Otros tiempos, otros lugares. Era ministro de Sanidad en aquel gobierno una militante del Partito Popolare italiano, anterior presidenta de la Acción católica, Rosy Bindi. Ahora está al frente del Comité Nacional para el Centenario del Nacimiento de don Lorenzo Milani, con el patrocinio del presidente de la República. Otros tiempos, otros lugares.
De Lorenzo Milani (1923-1967), gracias a José Luis Corzo, que en 1975 ganó el primer premio Vida Nueva con el pliego “Dar la palabra a los pobres”, ahora reeditado, me impresionó aquel lema binario: “Pertenecer a la masa y poseer la palabra”. Entonces para la educación de adultos leíamos a don Milani, sacerdote italiano, y a Paulo Freire (1921-1997, La educación como práctica de la libertad, Pedagogía del oprimido, Los cristianos y la liberación de los oprimidos entre otros muchísimos libros y panfletos). Había que aprender a leer la realidad. La de Freire, expulsado de varias dictaduras, en primer lugar, de su Brasil natal, era una apuesta clara por una escuela liberadora, en paralelismo explícito a la teología de la liberación. Freire era católico, Ivan Illich también, en Viena o en Cuernavaca. Tuvimos maestros que nos ayudaron a pensar. El escolapio Stanislaw Konarski (1700-1773) asumió el reto kantiano: sapere auso, “me atreví a pensar”. Entre 1725 y 1727, fue profesor de Retórica en el Colegio Nazareno de Roma. Es considerado una suerte de primer ministro de educación en Polonia tras las Ordinationes de 1755 y las reformas apoyadas por los reyes, entre otros por el último de la nación polaca, el rey Stanislaw A. Poniatowski (1732-1798, rey entre 1764 y 1795, murió sin corona y sin Estado, exiliado, Polonia seguía existiendo).
En el número extra que le dedica Testimonianze, el que fuera secretario general del Partito Comunista italiano, Pietro Ingrao, en un texto de 1967 se refiere a don Milani como “profeta disarmato”. También Joseph Ratzinger, papa Benito XVI, en el Bundestag, habló del derecho natural que Norberto Bobbio había calificado como derecho desarmado. Quizá para poder decir algo, mejor estar desarmado. ¿No les parece? La única arma de la pedagogía desarmada debe ser la palabra. Por cierto, la revista católica florentina dedica varios artículos al papa de la palabra.
Entonces para la educación de adultos leíamos a don Milani y a Paulo Freire
Un tren que conducía al infierno
A diestro y siniestro. Los testigos de la fe son numerosos en el siglo actual. Franz Jägerstätter (1907-1943), austriaco, se negó a obedecer órdenes injustas. Hizo objeción de conciencia a las armas. Como el jesuita Alfred Delp (1907-1945) firmó con las manos atadas su última carta. Desde abril de 1938, Austria había dejado de existir como Estado, no como nación. Jägerstätter no quiso incorporarse a filas por razones de conciencia. Él explicaba que tuvo un sueño de un tren que conducía al infierno y se lo contó a su mujer. El nazismo era ese tren diabólico. “Ni la cárcel ni las cadenas ni siquiera la muerte pueden separar a un hombre del amor de Dios y robarle su libre voluntad”. El jesuita Delp fue ahorcado el día de la Candelaria de 1945. Unas semanas antes, había pronunciado su profesión solemne, que firmó con las manos atadas. En la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa de agosto pasado, uno de los patronos para esa juventud fue el francés Marcel Callo (1921-1945), jocista (Juventud Obrera Cristiana) y scout, comprometido con Margueritte en 1943, muerto en el campo de exterminio de Mauthausen. Hoy sigue habiendo ideales cercanos, inspiradores.

