Juego de espejos
La exposición “El espejo perdido. Judíos y conversos en la España medieval” se ha visto en el Prado a finales de 2023. Desde febrero, se puede visitar en Barcelona, en el Palacio Nacional. Merece la pena.
Sesenta y nueve obras nos introducen en un mundo apasionante. No es maniquea, no puede serlo. Es un juego de espejos. Los unos proyectan lo que son en lo que acusan a los toros. Es complejo. Desde los pogromos de finales del siglo xiv hasta la conversión o expulsión de 1492. La unidad de la nación con al menos cinco Estados, exigía para aquellos reyes la unidad de la fe. Aumentó la delación, el temor, la persecución. Un profesor se despachó un día en la universidad con la frase exacta, precisa, aunque provocativa: santa Teresa era una “marrana”. Era cierto. Se sabía, al menos, desde 1946. Narciso Alonso Cortés, un “diligente erudito” según Rosa Rossi, la marxista biógrafa de la santa, encontró en los archivos de la Real Chancillería de Valladolid los expedientes de “limpieza de sangre”. Los publicó, como suelen hacer los historiadores honestos. Alonso lo era. Un carmelita Otger Steggink reconocía en 1968 que años antes “disimulamos esta condición [del padre de Teresa, judío converso] por mitigar el efecto moral de la noticia en muchos lectores sorprendidos. Pero la noticia tiene una abrumadora mayoría de probabilidades que impiden paliar la realidad de los hechos”. Los papeles desparecieron del archivo (en esos sitios “sagrados” se roba). En 1986, el carmelita Teófanes Egido, profesor de la Universidad de Valladolid e historiador honesto, los encontró, los dio a la luz y la editorial carmelita los publicó íntegros en El linaje judeoconverso de santa Teresa. Pleito de hidalguía de los Cepeda. El barroco y la dictadura habían intentado inventar la imagen de la santa. ¿Una manipulación burda, una nueva “limpieza de sangre”? Hasta su muerte, el dictador llevó siempre consigo el brazo de la santa del que se apropió ante unos soldados leales que, a su vez, lo habían sustraído a las carmelitas de Ronda.
Hibridez. La imagen del enemigo de construye, cuanto peor, mejor. Me llamó poderosamente la atención el grabado de un animal monstruoso con pezuñas de felino, cuerpo de caballo y rasgos humanos. Hibrídese o construcción de una imagen para luego destruirla. Nos puede matar a un niño o a un anciano. En Auschwitz, los presos eran numerados. Podemos matar a un monstruo. Nos podemos creer “sanjorges” en desigual batalla. A los números, a los monstruos, a los que no tienen dignidad se les puede eliminar impunemente. Gracias a Dios, hay cielo (e infierno). Nuestra esperanza consiste en que el verdugo no triunfe definitivamente sobre la víctima.
¿Recuperarán la vista los ciegos?
Ceguera. En un cuadro muy conocido de la escuela de Van Eyck, los judíos saben y pueden leer, aunque no entienden. Están ciegos. Lo anunció el profeta. Lo reproduce el libro de los Hechos, aunque el final (capítulo 28) suaviza la cita del profeta Isaías, como hacen los evangelios de Mateo y de Juan. Pablo (Rom 11,11-15) también confía en que finalmente los judíos entrarán en la salvación. Todo el final del capítulo (Hch 28,25-31) es una obertura a la esperanza. En 2015, la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo publicó un importante documento, ni magisterio ni doctrinal, sino reflexión sobre alguna cuestión del diálogo. El documento se titula Los dones y la llamada de Dios son irrevocables (Rom 11,29). Una reflexión teológica sobre las relaciones entre católicos y judíos con ocasión del cincuenta aniversario de Nostra aetate (4). Hay que trabajar este importante documento. ¿Recuperarán la vista los ciegos? ¿Quiénes son estos? ¿Acaso nosotros?
Alteridad. Lo que la exposición trata de mostrar es que al construir la imagen de la exclusión proyectamos también nuestra capacidad de excluir y la imagen del enemigo se rebela contra quien la ha proyectado. Más que de alteridad, fuera bueno hablar de alienidad. El alter, otro para mí, tú para un yo, me enriquece. Alius me enajena. Me devuelve lo peor de mí, de mi proyección inhabilitante. Alius (o alia) aliena, alter reconoce y es reconocido. Aunque la lucha haya sido larga, tensa, con mezcla de luz y oscuridad, ésta es la esperanza que nos habita en un juego de espejos múltiples.
Nuestra esperanza consiste en que el verdugo no triunfe definitivamente sobre la víctima

